martes, diciembre 29, 2009

Los Matomovies de Oro

El año acaba. Y con él, una nueva cosecha. Llega el momento de hacer lo de siempre, evaluar el pasado, ver qué se ha sembrado para el futuro. LLega el momento de entregar los Matomovies de Oro.
Así que me pongo el esmoquin, me agarro a una rubia siliconada y bottoxeada con vestido rojo y comienzo a recorrer la alfombra roja, dispuesto a abrir el sobre. Pero mientras subo las escaleras y veo la pantalla con la lista de nominados, me doy cuenta que si algo destaca, es la presencia en ellas de películas de géneros alejados de los premios, de filmes hechos para disfrutar no para recibir estatuillas. Y también destaca otra cosa: personajes nacidos para epatar, actuaciones que logran apabullar. 
1. Brüno (Larry Charles). 
Cualquier podio que se precie no está ocupado por una comedia. Menos aún por una parodia. Todavía menos por una peli de cámara oculta. Pero simplificar la obra maestra de Sacha Baron Cohen a una parodia cómica de cámara oculta es lo mismo que decir que "El Padrino 2" es una peli de mafiosos.
Su cine no es sólo un cine gigante. Su cine no es sólo carcajadas que se superponen. Su cine es un género nuevo, es una invención nacida para sobrevivir, para soliviantar espíritus, para levantar conciencias, para hacer realmente feliz desde la verdadera infelicidad ajena.

2. Celda 211 (Daniel Monzón)
Si no es común que aparezca una peli española en este podio, todavía es más infrecuente que la que lo habita sea una peli de acción. Pero no por ser de acción, deja de ser española. No por ser española, deja de ser de acción. Tiene acción porque tiene conflictos potentes, escenas de lucha, efectos que son verdaderamente especiales. Es española porque tiene personajes brutales, realidad de rompe y rasga, mensaje perturbador.  Así que es de acción y es española. 
Y llega al final. Al final del conflicto, al final del corazón.

3. Malditos bastardos (Quentin Tarantino)
Desde que irrumpió, Tarantino no ha defraudado a nadie. Cada vez que salta lo hace sin red. 
Lo hizo con el humor bestial y circular de Pulp Fiction, con la narración clásica y crepuscular de Jackie Brown, con la acción paródica de Kill Bill, con las persecuciones femeninas y setenteras de Death Proof. Lo ha hecho con la guerra reinventada de Malditos Bastardos. Como en todas las anteriores, muestra toda su extrema gama de recursos. Y en cada escena busca hacer la mejor escena de la historia. Casi siempre lo consigue. Casi siempre lo conseguirá.

4. Parque Vía (Enrique Rivero).
La ficción imita a la vida. Y la vida, a la ficción.
Entre ambas se teje una red en la que uno no acaba de distinguir dónde empieza una y dónde acaba la otra. Y es que no tiene por qué haber frontera. La frontera genera distancia y resta credibilidad. La frontera es la que ponen los que no saben hacer cine realista.
La frontera es la que logra romper Enrique Rivero gracias a una inmersión radical, a un ritmo arriesgado, a una vivencia de las rutinas que logra que interese tanto la repetición como la novedad. En ese logro, se llega al logro más decisivo: vivir la vida ajena como si fuera la propia. Saber que es igual de cierta, querer al personaje como quieres a tus amigos.

5. Frost/Nixon (Ron Howard).
Los críticos llevan años tratando de responder a una sola pregunta: ¿Qué es más importante, el guión o la dirección? La respuesta a esta pregunta la suelen dar los autores totales. Pero cuando no los hay, hay que buscar una respuesta en las evidencias. Habrá otras contrarias, pero Frost/Nixon es una evidencia clara de que lo primero es el guión.
El autor de The Queen es capaz de elevarse tanto que eleva a maestro al autor de WillowUna mente maravillosa. La historia de la que parte Peter Morgan era tan teatral que sólo un genio absoluto podía convertirla en cine. Eso es lo que es él. Agarra la trama y le da cien vueltas. Mete varios personajes a cuál más enigmático. Juega con el tiempo como si fuera Dios. Y en la sucesión de cambios, logra que todo parezca uno, que nada de lo que aparece parezca accesorio, que se logre una unidad narrativa que genera tal despliegue de emociones, que sólo un torpe podría destrozar.
Y Ron Howard ha sido siempre un torpe. Pero aquí no lo es. Aquí deja ir al guión y deja ir a sus actores. Y en la combinación de escritura más interpretación, aparece una joya del cine político nacida para educar sin ser educativa, nacida para ser apreciada por el futuro, nacida para que la vean todos los millones de personas que no la vieron recién salida del horno.


6. Hace mucho que te quiero (Philippe Claudel).
El cine de autor se basa en la autoría, en la escritura y en la dirección, en la obra total. Decir que Claudel es autor de esta peli es mentir. Él escribe y él dirige, pero el autor no es él. El autor se llama Kristin Scott Thomas. 
Sacha Baron Cohen logra atravesar cualquier frontera de la comedia. Luis Tosar alcanza un magnetismo superior al mayor generado por Marlon Brando. Christophe Waltz se come con la pantalla con cada pausa y con cada diálogo. Frank Langella llena el auditorio de carisma. Nolberto Coria hace verdad su propia vida. Si en todos los casos eso es increíblemente cierto, en el de Kristin Scott Thomas hay una diferencia: no se apoya en ninguno de los otros factores.
Ella no cuenta con nada. Ni con un buen guión, ni con una buena fotografía, ni con partenaires decentes. Ella tiene que hacérselo todo. Ella se lo hace y ella se lo come. Y aún le da tiempo, a disfrutar del plato. 
 

lunes, diciembre 28, 2009

EL ERIZO (Mona Achache): 6,5

Desconozco el libro del que parte. Desconozco su tema. Lo sigo desconociendo cuando acaba el metraje.
Como en algunos otros libros, en la conversión al fotograma la autora opta por la recreación de la trama, de sus personajes, pero suele estar más el acierto en la renuncia que en la selección. Y quizá Mona Achache hace mejor la selección que la renuncia.
La selección es notable. La primera hora de la peli transcurre por un inmueble que se torna apasionante. Gracias a dos recursos de metacine tan expresivos como la cámara de vídeo y los dibujos de la niña, la narración se hace cercana y conectada, los personajes se tornan suma e hilo, la vida del edificio se hace tangible y al mismo tiempo, poética.
Quizá en lo que falla es en que no se hace global. Aunque lo busque, no hay posible metáfora del mundo exterior. Aunque se empeñe, hay ciertos personajes que no llegan a ser más que bosquejos, que aportan lo mismo a la trama que los títulos de crédito.
Por todo ello, entre aciertos y falta de renuncia, la película avanza a un ritmo adecuado hacia un desenlace que una de forma definitiva las historias, que encuentre el tema, la moraleja que haga universal esta historia local.
Y ahí llega el mayor problema de esta adaptación. El final es tan precipitado que se vuelve abismo. Nada se saca de ahí más que la sorpresa. Algunos podrían decir que es consecuencia del azar. Pero para que el azar sea mensaje conviene planificarlo con todo detalle. Conviene que torne consecuencia de causas seleccionadas y renuncias explícitas.
De otro modo, seguiremos sin saber cuál es el tema, qué quiso contarnos la autora de la película, qué quiso contarnos la autora del libro.


miércoles, diciembre 16, 2009

CIneForum: PARQUE VÍA (Enrique Rivero)


Ayer la vi por tercera vez. Y no se va de mi conciencia. Te penetra y se queda. Su protagonista tiene tanta fuerza que entra como un taladro en tu cerebro y se queda para siempre. Hacía muchos años que no sentía tanta emoción por un personaje, tanta empatía por una persona fílmica. La creación de Enrique Rivero está tan llena de vida que, minuto a minuto, sientes la vida pasar y ésta te apasiona. Retrata la rutina de una forma tan veraz como cinematográfica, y siendo fiel a la vida misma, logra convertir el tedio en pasión, y la pasión en acción.
Sus recursos no parecen los de un novato. No busca epatar en ningún momento. No busca contar todo lo que es él y todo lo que piensa. Todo lo contrario. Se resiste a contar más que lo que la historia da. Y la historia no da para mucho. La historia sólo da para contar la vida. Y la vida lo es todo. 
Por eso "Parque Vía" entra dentro de las conciencias y dentro de los corazones. Lo hace a ritmo lento, al ritmo de la vida. Lo hace a ritmo constante, al ritmo de la vida. A fuerza de ritmo vital, al final no queda dentro de uno sino la vida. 
Su película no imita a la vida ni imita a la ficción, la ficción es vida, y la vida es ficción. Por eso te lo crees todo, por eso amas a su personaje como amas a tu novia o a tus amigos. Lo quieres por sus defectos, lo quieres porque es como es. Por eso quieres que salga de ésta, por eso quieres que siga encerrado en "Parque Vía".

jueves, diciembre 03, 2009

BUSCANDO A ERIC (Ken Loach): 6,5

Película a película, Ken Loach ha ido construyendo una cinematografía que podríamos llamar coherente, pero también podríamos denominar repetitiva.
Su cine está encallado. Sus historias son siempre las mismas. Su forma no cambia. Su fondo, tampoco.
Eso no es malo en sí. Tampoco es bueno. Simplemente es descriptivo. Decía Hitchcock  que "casi todos los autores hacen siempre la misma película". A él le sirvió de autojustificación. Otros, sin embargo, es justo de lo que tratan de huir.
En la misma Inglaterra de Loach y Hitchcock, encontramos el ejemplo de Winterbottom. En cada película se reinventa. Y no por ello deja de ser coherente. La lucha por defender el defecto como fuente de virtudes está presente en todos sus filmes. Sin embargo, en cada una cambia la forma, cambia el género, consigue las mismas emociones.
Loach y Laverty, no. Loach y Laverty buscan un contexto, lo sitúan en el proletariado, transforman al personaje en un perdedor enfrentado a los poderosos, y el espectador y el protagonista descubren que sólo juntándose con otros proletarios van a lograr tener un sitio, van a lograr justicia. Entre medias, mete una historia de amor. Y a veces, incluso ésta aporta algo.
Ése es su cine. Y darle vueltas no lleva más que insatisfacciones. Sin embargo, si se le da menos vueltas, uno puede llegar a reírse y a emocionarse con la verdad que transmiten "Mi nombre es Joe", "Sweet Sixteen" o "Pan y rosas".
"Buscando a Eric" no alcanza a éstas, pero tampoco se queda en el ínfimo nivel de "La cuadrilla" o "Sólo un beso". Encuentra el recurso/producción de Cantona, hace reír varias veces y gusta ver a los hinchas unidos no sólo por el fútbol. 
Lástima que otra vez la historia de amor no aporte nada. Lástima que cuente lo mismo de siempre. Lástima que lo cuente como siempre. Mejor, no darle más vueltas.

miércoles, diciembre 02, 2009

CineForum: COMETAS EN EL CIELO (Marc Forster)


No siempre la vida es lo que queremos que sea. No siempre vivimos donde queremos vivir. No siempre somos como queremos ser. No siempre hacemos lo que debemos hacer.
Pero siempre hay la oportunidad de ser mejores. De arreglar lo que hicimos. De generar sonrisas. De encontrar la redención. De volver a nuestra infancia y ser otra vez niños, puros, libres de pecado.
Marc Forster tiene claro que si el destino es meridiano, el camino es lo que lo hace interesante. Y para ello se aferra a una historia que tiene todos los visos de ser ficción anclada en la realidad. Como en la buena literatura, las barreras entre lo que es autobiográfico y lo que sólo son recursos narrativos se difuminan hasta construir una historia que podría ser la vida misma. A eso juega Khaled Hosseini. Eso es lo que trata de reflejar Marc Forster.
El problema es que se encuentra con un lenguaje diferente, que es el del cine. Y por eso decide solventarlo mediante cine. Se olvida de la metahistoria y se centra en la narración, en la vivencia, en el crecimiento, en la emoción.
Y la encuentra. La encuentra mediante la pureza, mediante la sencillez. Hace fluir la historia de un modo que no parecen 20 años, sino un momento de una vida. Ahí está su principal logro. Ahí estaba su casi imposible meta.
Conseguido eso, sólo le quedaba ponerlo en escena. Y en eso es un maestro. Todas sus decisiones de dirección son excelentes. Lo es narrarla en afgano; sólo podía hacerse así. Lo es elegir actores locales, entrañables; sólo podía hacerse así. Lo es la evolución de la nostalgia a la aridez en imágenes. Lo es la música que acompaña, como acompaña el espectador a Jan en ese viaje que no es sino hacia sí mismo.
Un viaje para arreglar lo que una vez rompió. Un viaje para permitir que a partir de hoy, la vida sea lo que queremos sea.

OTRAS RECOMENDACIONES DEL AUTOR:
1. Monster's Ball
2. Descubriendo nunca jamás

lunes, noviembre 23, 2009

Almudena Grandes, también

Existen muy pocos escritores que se mojen por un producto ajeno. Ayer, Almudena Grandes lo hizo. Dedicó toda su columna de El País Semanal a glosar una peli, "Yo también". Y no, no hizo una crítica, contó un cuento, contó su experiencia. Me hizo sentir lo que yo sentí cuando vi la peli. Me hizo llorar.

http://www-org.elpais.com/articulo/portada/elpepusoceps/20091122elpepspor_16/Tes

No os lo perdáis. No os la perdáis.

miércoles, noviembre 18, 2009

CineForum: 4 MESES, 3 SEMANAS, 2 DÍAS (Christian Mungiu)


El terror no es una sensación, es un estado de ánimo, una forma de vivir.
Desde siempre, el cine americano nos ha llevado hacia la mentira. Nos ha estremecido con sustos, con pasillos que impiden ver el final, con hachas detrás de una puerta. Pero eso no es terror, eso es miedo puntual.
El terror es lo que te rodea y no se despega de ti. El terror es lo que se vivía al otro lado del Muro. El terror es lo que se palpa en la cotidinianeidad de estas dos chicas, que se disponen a vivir un episodio que marcará sus vidas.
Y para lograr esto, Mungiu no busca el terror por las vías del cine conocido. No sólo se aleja de pasillos y de hachas, también se aleja de apariciones de extraños o navajas que se integren en la trama. El terror nos lo muestra con una cámara fija, generalmente mal encuadrada que logra que nos lleguemos a olvidar de ella, que lleguemos a olvidar que hay un cuarto ojo. 
Sólo con esa sensación, ya logra que nosotros devengamos testigos de su realidad. Pero Mungiu no se detiene ahí, va más lejos. Al elegir el punto de vista, no opta por la que chica que aborta, opta por su amiga. Y al hacer esto, nos mete mucho más en la historia, consigue que pasemos de testigos a protagonistas, que veamos el melodrama como nuestra vida real, que sintamos su terror, que identifiquemos si nos pudiera pasar a nosotros.
Todos estos recursos de guión y de dirección llegan a un punto extremo en una de las mejores escenas del cine moderno. El momento en el que se encuentran en una sola habitación el abortista, la embarazada y su amiga consigue un momento de realidad como sólo el cine no americano puede conseguir. Consigue que palpes su vida. Consigue que no te asustes. Consigue que sientas el verdadero terror. 
Consigue que vivas lo que no viviste, el Comunismo, el terror en estado puro.

domingo, noviembre 15, 2009

¿Por qué invertir en Cecilia y Juan?


Por si en estos tiempos de crisis, os sobra el dinero, ya tenéis un sitio donde meterlo. 
Va a estar mucho más seguro que en Lehman Brothers.
Si queréis más información, no os tenéis que ir muy lejos, clickad aquí y poned un comentario. Yo os contactaré.

jueves, noviembre 12, 2009

Vender una peli

Llevo 10 años en mi trabajo vendiendo. Al principio lo odiaba, ahora lo amo. Antes creía que era colocarle algo a alguien que no lo necesita. No sé si es autoengaño o no, pero ahora considero que es satisfacer al otro, darle lo que le va a hacer un poco más feliz. Vamos, que es puro autoengaño. Un autoengaño que nos permite seguir viviendo.
Bueno, el caso es que la semana que viene me voy al Festival de Cine Iberoamericano de Huelva a intentar encontrar un distribuidor, alguien que ponga pasta para pasarla a formato cine y enseñarla en las salas.
Metido en esa titánica tarea, he tenido que hacer que mi productora tuviera todo lo que no tenía. Y no me refiero sólo a dinero, sino a una marca, un logo, una identidad.
Éste es el resultado. Entre el pensamiento, el diseño y la ejecución, me ha llevado exactamente
12 segundos. 
¿Qué os parece?
¿Podré vender? ¿Podré autoengañarme? 

martes, noviembre 10, 2009

CELDA 211 (Daniel Monzón): 9

Por razones que mi razón no entiende, el cine español raramente busca el buen cine comercial. O se mete en proyectos de fuga de cerebros o hace un cine de género para ningún público o hace proyectos de autor destinados a los festivales. Los tres tipos de cine me parecen correctos, lo que no me parece correcto es la ausencia de intenciones, de evitar casi por sistema un cine comercial y realista, un cine basado en la realidad para construir ficciones repletas de conflictos, de tensión, de cine.
Eso justo es lo que lleva haciendo Daniel Monzón desde hace cuatro películas. Eso justo es lo que le ha olvidado el público hasta hoy. Y digo hasta hoy porque tengo claro que Celda 211 va a tener un éxito comercial abrumador. No tengo dudas de que todo espectador que se acerque a verla va a gozarla, va a recomendarla. 
Si "El corazón del guerrero" no logró captar a los adolescentes con su maravillosa mezcla de ficción y realidad, si "El robo más grande jamás contado" no hizo temblar de risas las plateas con su comedia de aventuras, si "La caja Kovak" no logró atraer al público con su estilo Brian de Palma, "Celda 211" no va a cometer el mismo error. Porque es tan grande su talento que es imposible no verlo, no disfrutarlo.
Todo nace de una construcción modélica. Los personajes son tan apasionantes que no hay forma de abandonarlos. La trama es tan potente y metafórica que no hay más remedio que subirse a ella. El ritmo es tan brutal que no te deja más que gozar. Los conflictos son tan crecientes que sólo deja que asome la intriga, la fuerza, la emoción.
Todo se junta para producir una enorme peli de acción, un monumento al cine carcelario, a la épica de los códigos del hampa. Cuando digo todo es todo. Es un guión sublime, es una música genial, es una fotografía poderosísima, es unas interpretaciones bestiales. Pero sobre todo y ante todo, es un personaje y un actor. Malamadre y Luis Tosar componen el acto fílmico más reseñable del reciente cine español, un personaje que va a pasar al léxico de la calle, del que todo el mundo dirá frases, al que todo el mundo se referirá, al que todo el mundo idolatrará.
Es lo que tiene el buen cine comercial. Que deja poso, que llega a la gente, que conquista la calle. Como Malamadre.


martes, noviembre 03, 2009

CineForum: ACROSS THE UNIVERSE (Julie Taymor)


No hay nada más complicado que fusionar ficción y realidad, tener que contar una historia real bajo los influjos y expectativas de la ficción. Si eso ya es la batalla de todo guionista de biopics, añadirle a eso canciones le suma una complejidad que aleja a cualquier cuerdo del proyecto. 
No lo logró con Julie Taymor. La autora de Frida vuelve al territorio de la mezcla de biografía, ficción y obra multiplicando la complejidad en su paso de la pintura a la música. Y lo hace con una brillantez y coherencia en la dirección que obliga a aplaudir hasta sus errores.
Sus aciertos no son sino el fruto de su talento. Las imágenes son tan poderosas, tan espeluznantemente bellas que llegan a apabullar. La dirección artística es tan notable que llega a sumergir. Las versiones de las canciones son tan cinematográficas que llegan a ser narrativas. La apuesta por el musical es tal que llega a hacer innecesario el texto no musicado.
Sus errores no son sino el fruto de la coherencia. Metida de lleno en la vida y obra de los Beatles, quiere preservarla tanto que la pone por encima de la historia y de los canones. Ello hace que se salte los tiempos hasta los puntos de giro, que haga que pueda volverse lento el inicio y moroso el desenlace.   Ello hace que no corte el tramo más coñazo, el de una psicodelia que cuenta una época pero no una trama. Ello hace que no elimine algún personaje (Prudence), que aporta lo mismo que los Beatles a la literatura. 
Y ello hace que  Across the Universe no sea una obra para todos los públicos, pero sí una obra perdurable, representativa, tan llena de talento como meritoria. Una obra que te permite tararear, mover los pies, emocionarte, creer en ideales, drogarte con ellos. Una obra que te permite sentir la vida de los Beatles, despedirte con euforia desde una azotea.

OTRAS RECOMENDACIONES DE LA AUTORA:
1. Frida

500 DÍAS JUNTOS (Marc Webb): 6,5


La comedia romántica es un subproducto. Pero como todo subproducto puede dignificarse. Notting Hill, El cielo abierto y Antes del Atardecer han sido de los pocos en los últimos años que lo han conseguido.
La receta para dignificarla está muy clara. Pasa por alguna de estas tres cosas. La primera es conseguir hilaridad en la comedia, hacer reír hasta olvidarse de la endeblez de lo que se ve. La segunda es la profundidad del romance, hacer llorar con tanta sinceridad como filosofía. La tercera es la originalidad, optar por caminos nada transitados que saquen a la comedia romántica de la ruta al estercolero.
500 días juntos busca denodadamente por alcanzar su dignidad. Y lo hace por los tres medios.
Primero busca la originalidad. Toma decisiones aparentemente arriesgadas en la estructura no cronológica, en las imágenes pictóricas, en la aceleración del paso del tiempo. Pero no se atreve a arriesgarse del todo.
Luego prueba la hilaridad de la comedia. Y durante algún segmento lo consigue. Gracias a la empatía con el protagonista y a una cierta mirada irónica, logra risas durante 30 minutos muy agradecibles de su metraje. Pero de repente, le da miedo seguir por esa línea, continuar su apuesta por la corrosión.
Y entonces pasa a la última de las probabilidades, a buscar la profundidad en el romance. Y ahí quiere alejarse de los tópicos fáciles, del chico recupera chica, del final de Hollywood, de la parte dura del amor, de la droga de autoengaño en que puede convertirse. Pero lo hace sin convicción, sin ofrecer más filosofía que un artículo de revista.
Por eso, entre fotos llamativas, gracietas de test y reflexiones autoirónicas, acaba pareciéndose más al Cosmopolitan que a El graduado. Y es que, igual que el protagonista, el director también hace una mala revisión de la película germen de la comedia romántica moderna. En la acumulación, Webb olvida las recetas que Buck Henry y Mike Nichols encontraron. 
La dignidad no está en la apariencia, está en la esencia. Si se quiere contar algo especial, si se cuenta desde las tripas, ya hay la materia prima para la comedia romántica. Lo demás está en la elaboración: en sumarle risas, en proporcionarle profundidad, en encontrar la voz original.
500 días juntos se preocupa por la elaboración, pero no tiene materia prima.

martes, octubre 27, 2009

AFTER (Alberto Rodríguez): 7,5


Hay pelis que a mí me gustan y que no recomendaría ni a mi peor enemigo. After es de éstas.

Lo es por todo. Por la aridez de su estructura. Por lo poco queribles que son los personajes. Por lo excesivo de sus acciones. Por lo brutal de sus imágenes. Por la evolución de la historia. Por el desenlace que propone. Lo es por todo.

Pero sobre todo, lo es por la mirada que ofrece. Pocas películas hay tan rematadamente pesimistas como ésta. Su grado de pesimismo, de autodestrucción es tal que llega a generar tal lejanía que dudas entre alejar la vista de la pantalla, levantarte de la butaca o simplemente desconectar cualquier emoción de lo que sucede en frente de ti. Yo logré evitar esos tres riesgos. Pero me costó sufrir mucho más de lo recomendado.

Claro, que hay sufrimientos que te ayudan a acabar sonriendo. No es de éstos. Claro, que hay sufrimientos que te ayudan a ser mejor. Tampoco es After de éstos. Éste es un sufrimiento distinto, un sufrimiento en el que te acaba diciendo que no hay salida. Un sufrimiento con el que no estoy de acuerdo, un pesimismo casi de postal.

Pero que sea un sufrimiento no significa que no valore sus méritos. El primer mérito es precisamente generar sufrimiento. El segundo y esencial es que el creador de la soberbia 7 vírgenes vuelve a mostrar un talento inaudito para la puesta en escena, para la generación de sensaciones en la mezcla de actores y medios. El tercero y todos los siguientes son técnicos.

Pocas películas hay en el cine español con tal dominio del oficio. Si el guión es tan iterativo como original, si la fotografía es tan bella como dura, si la dirección de actores es tan coherente como homogénea, si el montaje es tan preciso como efectivo, si la música genera tanta salvación como lirismo, si todo eso es cierto, lo increíble es que el diseño de sonido alcanza una de las mayores cotas que este crítico recuerda fuera de Lynch o Haneke.

Hay que ser muy freak o pedante para valorar esto, pero sólo por ese logro merece la pena sufrir infinitamente durante dos horas. Aunque no la recomiende. Aunque desgraciadamente no logro olvidarla.

martes, octubre 20, 2009

YO, TAMBIÉN (Álvaro Pastor y Antonio Naharro): 8


Huyo como la peste de las películas biempensantes. No hay nada que más me fastidie que me hagan tragarme una peli para trasladarme un mensaje tan obvio como políticamente correcto. Todo esto es cierto. Pero si es cierto que huyo del cine con mensaje, no hay nada que más me emocione que ver verdad en pantalla.
Aunque esa verdad sea el trasunto de un mensaje. Pero cuando hay verdad, hay vida. Y cuando hay vida, no importa el objetivo, sólo la vivencia.
Mi vivencia empieza con el primer acorde, con la primera imagen de “Yo, también”. Mi vivencia continúa con el primer plano. Ahí, sobre el título de crédito, se aprecia un plano necesariamente fijo que no lo es. Un plano absolutamente imperfecto que deviene en marca de estilo de lo que vamos a ver después. Y lo que vamos a ver después no es perfecto, es natural. No es ficción, es verdad. No es cine, es realidad.
Lo que vamos a ver a ver después es una oda al cine verité que huye del dogma para dar un nuevo sentido a la cámara en mano. Que elude la belleza del encuadre para captar la vida allá donde y como esté. Que obvia el plano-secuencia para no anticiparse a los actores. Que deja que éstos gobiernen la trama en lugar de ser presa de guión. Que prefiere el cariño que nace del defecto a la impostura que nace de la virtud.
Lo que vemos después es puro sentimiento. Lo que sentimos los espectadores cuando Pablo Pineda empieza su primer día de trabajo, cuando su madre le lee un libro en inglés, cuando va a su primera fiesta laboral, cuando realiza cualquier actividad cotidiana, convirtiendo la rutina de otros en magia para él y para nosotros. Lo que sentimos los espectadores cuando su imperfección se torna perfecta para Lola Dueñas. Lo que sentimos los espectadores cuando sus vidas se suman y en el resultado se multiplican.
Lo que nos emocionamos los espectadores cuando vives cómo lo perfecto es enemigo de lo natural, la ficción es enemiga de la verdad, el cine puede ser amigo de la realidad. Lo que lloramos los espectadores cuando una peli biempensante se convierte en una vivencia que no es sino celebración del defecto, de la vida.

miércoles, octubre 14, 2009

AGORA (Alejandro Amenábar): 6,5


Amenábar siempre ha querido ser Spielberg, siempre ha corrido el peligro de convertirse en Spielberg. Con Agora lo ha conseguido.

Es tal su admiración por el creador de megahits que película a película, género a género, ha ido acercándose más y más a él hasta tomar todos sus defectos.

Sus virtudes las traía de casa. Desde Tesis hasta Mar adentro, podía apreciarse en cualquier plano su grúa en movimiento de cámara circular, la espectacularidad de sus conflictos, la claridad de su puesta en escena. Sumó éstas a las que el propio Amenábar traía de su gusto por el guión: creación de unos personajes que alimenten la trama pero generen interés sobre sí mismos, golpes de efecto que eleven la intriga, imágenes tan potentes como metafóricas y búsqueda nada disimulada de la emoción.

El problema es que sus virtudes propias desaparecen en Agora, sólo quedan las de Spielberg. Y los defectos de Spielberg también aparecen. Aparece un tratamiento de personajes algo monocorde, un esquematismo absoluto en la trama, un mensaje claramente maniqueo y todo ello, lleva a una falta de emoción que acaba por alejar lo que tanto dinero ha intentado acercar.

Quizás de todos los defectos el que más pueda molestar es el del maniqueísmo. Su posicionamiento en un solo lado del conflicto llega a molestar hasta al más anticatólico. Un poco de pudor producto de una mirada ajena le podría haber salvado del ridículo en que en ocasiones cae.

Eso sí, lo mejor llega en las escenas de Hipatia y Aspasio, en las que se indaga en la investigación, en el conocimiento. Ahí, cuando se olvida de Spielberg y de su brocha gorda, aparece la verdadera magia de Amenábar. Y lo peor es que llega a notarse que las secuencias que verdaderamente le importaban a nuestro maestro, las que fueron fuente y fin del proyecto.

Quizá si Spielberg no existiera, Amenábar no existiría. Pero es seguro que si Spielberg no existiera, Agora trataría sólo de astronomía y sería una mucho mejor película.

martes, octubre 13, 2009

SI LA COSA FUNCIONA (Woody Allen): 7,5


Siempre que está perdido, Woody Allen vuelve a sí mismo.
Le ocurrió a mediados de los 80 cuando decidió convertirse en Bergman y en Fellini. Respondió con "Delitos y faltas". Le ocurrió a principios de este siglo, cuando transmutó en un operario de Dreamworks. Respondió con "Todo lo demás". Le ha ocurrido ahora, al fugarse a Londres y Barcelona. Ha respondido con "Si la cosa funciona".

Y la vuelta a sí mismo le ha vuelto a venir bien. Porque "Si la cosa funciona" es puro Woody Allen. Es Nueva York, es comedia, es acidez, es diálogos hilarantes, es alter ego, es visión trágica de la vida que sin embargo genera alegría de vivir.
Como en el mejor Allen, como en el Allen que es él mismo, la historia funciona y los gags funcionan. Como en el mejor Allen, la identificación es clara y las antagonistas generan tanta risa como simpatía. Como en el mejor Allen, la comedia funciona y el drama avanza.
Pero del mejor Allen faltan cosas. Faltan gags visuales, más basados en la situación y no sólo en la brillantez del diálogo. Falta una profundidad que convierta en filosofía lo que es sólo conflicto. Falta una tranquilidad para llegar al final, que convierta el desenlace en resultado y no sólo en fin. Falta redondear con detalles lo que se ha tardado en construir.
Al igual que "Delitos y faltas" y "Todo lo demás, "Si la cosa funciona" es puro Allen. Un Allen que se agradece, que genera diversión y cierto gozo. Pero al revés que las otras dos películas, "Si la cosa funciona" es un Allen estupendo, un Allen menor.

jueves, octubre 08, 2009

CineForum: LA TORMENTA DE HIELO (Ang Lee)


Esta mañana en mi ascensor, se han encontrado un señor mayor con una madre y su bebé. Tras quedarse mirándolo fijamente durante un rato, el anciano no ha podido evitar decir: "¡Qué felices son!". Tras sonreír de forma agria, ha añadido "Que aproveche ahora".
De eso va la peli de ayer. De la necesidad que tenemos de volver a los orígenes para ser felices. De lo que definiría Camus como "lo duro que es llegar a ser un hombre". 
Quizás no vaya sólo de esto, quizás vaya de muchas más cosas, pero al asistir a esa escena esta mañana en mi ascensor, es el recuerdo que me ha levantado. Todos sus personajes quieren volver a su infancia, quieren volver al punto donde nacen, tienen que volver a la familia. Pueden hacerse más daño cuanto más poder tengan, pueden entrar y salir de la Zona Negativa, pero unos tienden a ella (Elijah Wood) y los más necesitan volver a la familia como punto donde ser niños, donde refugiarse, donde encontrar la protección de la placenta.
Sobre este cordón umbilical, teje Ang Lee una metáfora de la pérdida de valores a la que asistimos al crecer, de la extrema soledad que propone una sociedad abocada a que en la interacción ésta no haga sino aumentarse. Las reflexiones de Lee no pueden ser más pesimistas, la realidad en la que las presenta no puede ser más real. Sus conflictos parecen ser los eternos entre hijos y padres, su enfrentamiento con las mentiras del mundo (Nixon) es el del que descubre que todo era más bonito cuando se veía de lejos, cuando te acercabas a ello.
Para conseguirlo, el binomio de Lee y su guionista-productor Schamus recurren a tratar de acercarnos un mundo tan pesimista mediante una voz en off con la que encontrar empatía, una selección de actores que puedan caer bien aunque los personajes tiendan a caernos mal, unas imágenes tan idílicas como tristes, una metáfora continua en el agua que se vuelve hielo para luego volver a ser agua, en una serie de comportamientos infantiles que nos recuerden lo que fuimos y lo que anhelamos volver a ser. Toda esa mezcla la agita mediante un montaje soberbio que acorta las escenas hasta el límite sin reducir su significado, mediante una música que encuentra la poesía en la tristeza, mediante una fotografía fría que logra que los momentos cálidos se queden en nuestra retina.
Con todo ello, el binomio logra que entendamos cómo los personajes sufren al enfrentarse con el entorno, sufren al crecer, sufren al enfrentarse a sí mismos. Y en ese enfrentamiento, quieren volver a ser niños. Quieren volver a jugar en piscinas vacías, quieren volver a ser llevados a hombros por su padre, quieren volver a dormir en posición fetal, quieren volver a estar rodeados de un agua que no esté helada.

OTRAS RECOMENDACIONES DEL AUTOR:
1. El banquete de bodas
2. Comer, beber, amar
3. Brokeback Mountain
4. Sentido y sensibilidad

lunes, septiembre 28, 2009

Las pelis de la cartelera

Por si quieres saber qué película ver por una persona sin gafas de pasta y que realmente ha visto las películas que critica, ésta es mi lista:
AFTER: 7,5. Sufrimiento sin más recompensa que el talento técnico
AGORA: 6,5. Espectacular, pero más maniquea y menos épica de lo que querría
BRÜNO: 10. Desternillante, te reirás hasta el agotamiento físico.
ENEMIGOS PÚBLICOS: 6. Tan dispersa que no encuentra el foco de interés.
G-FORCE: 3. Comedia de acción en que ni las cobayas en forma de niño se ríen.
GORDOS: 7,5. Tan graciosa y emotiva, como algo excesiva.
EL SECRETO DE SUS OJOS: 5,5. Larguísima y somnolienta intriga.
MALDITOS BASTARDOS: 9. Tarantino en estado puro, gozo absoluto.
EL PRIMER DÍA DEL RESTO DE TU VIDA: 7. Una película de verdad "bonita".
PAGAFANTAS: 7. Risas constantes, carcajadas fruto de la identificación.
SI LA COSA FUNCIONA: 7,5. Un Allen divertido, un Allen menor.
VACACIONES DE FERRAGOSTO: 7,5. Pequeña, deliciosa.
THE VISITOR: 7,5. Por tener ambición, se queda a un palmo de ser completamente maravillosa.
YO, TAMBIÉN: 8. La peli más realmente bonita de la cartelera
Y tú, ¿estás de acuerdo? ¿cuál recomiendas?

EL SECRETO DE SUS OJOS (Juan José Campanella): 5,5


Todavía no deja de sorprenderme la acogida crítica de esta peli. Todavía no deja de sorprenderme la acogida de los espectadores. Los críticos le regalan 4 estrellas. En filmaffinity, los espectadores la valoran con un impresionante 8,4.
¿Qué no he visto yo? ¿Qué no he sentido yo? ¿Qué he podido yo dejar de apreciar?
Admiro muchas cosas de Juan José Campanella. Admiro su talante al tratar de comprender a todos. Admiro sus diálogos, siempre humanos y comprensivos. Admiro su humor y su bondad. Admiro su dirección de actores y su apuesta por Ricardo Darín. Admiro su capacidad para completar las escenas.
Admiro eso en sus comedias sentimentales. Sigo admirando eso en su paso por el thriller dramático. Pero casi sólo admiro eso. Admiro eso y un par de escenas sublimes. Un plano-secuencia complejísimo en el estadio de Rácing de Avellaneda que llega a sobrecoger. Una escena en plano fijo desenfocada entre Darín y el borracho, que llega a emocionar.
Pero no hay mucho más que eso. Hay un metraje hinchado para una trama demasiado simple. Hay una historia de amor que no viene al caso. Hay un trauma que parece demasiado obvio. Hay búsqueda de la emoción y encuentro de la nada. Hay personajes que desaparecen sin apenas haber aportado. Hay dos tiempos distintos que casi parecen uno.
Debo ser yo el tonto. Debo ser yo el insensible. Debo ser yo el que no he visto lo que había que ver. Pero ¿qué es lo que han visto todos?

sábado, septiembre 26, 2009

¿Cuál es la mejor peli de Tarantino?


Con 6+1 películas más un episodio magistral de "CSI", Tarantino ya tiene una trayectoria que permite elegir, decidir cuál es la favorita de cada uno.
Como sabéis, a mí todas me parecen obras maestras, pero si tuviera que elegir, hay diferencias casi imperceptibles que me llevarían a que éste fuera mi ranking:
1ª. Kill Bill 2. Es sin duda mi favorita. Por el prodigio de mezcla de géneros, por los diálogos desternillantes, por la coreografía y fuerza de las luchas, por las imágenes épicas, por Uma,por lo bien que se lo pasa QT al otro lado de la pantalla, por lo bien que nos lo hace pasar. Porque es el compendio de todas las habilidades de un Tarantino en absoluto estado de gracia.
2ª. Death Proof. La mejor puesta en escena de los últimos años. En la versión de 110 minutos, cada escena tiene tal fuerza, tal interpretación, tal tensión, tal equilibrio que consigue que cada cuadro sea totalmente magistral. Si todo el conjunto y todas sus partes brillan, la secuencia final de 25 minutos de persecución, se convierte en la mejor escena de acción jamás rodada. Brutal, desternillante, sublime.
3ª Jackie Brown. La obra que demuestra la madurez de QT, que enseña que tiene tal talento que puede hacer una película suya o una película clásica. Si el humor sobresale, si la estructura sorprende, si la intriga crece, es sin duda la peli en que los personajes y los conflictos son tan profundos que acaban por conmover. Siendo desternillante, es su obra clásica, su melodrama negro.
Reservoir Dogs. La obra seminal de alguien destinado a la historia. La rotura definitiva con una forma pasada de ver cine. La aparición estelar de una mirada: la del que lo ha visto todo y no puede ver una peli como si no hubiera visto nada. Diálogos surrealistas, conflictos bestiales, violencia ultrarrealista, personajes legendarios, tiroteos finales. Todas sus constantes estaban ya ahí. Todas sus constantes están aquí.
Inglorious Basterds. Si sólo queda quinta, no es porque no sea magistral, que lo es, sino porque las otras quizá son más redondas. Para ser circular sólo le faltan 20 minutos de metraje. Eso sí, en el camino quedan secuencias gloriosas, escenas de casi 30 minutos llamadas a pasar a la historia. Queda eso y queda el Coronel Landa, la mejor interpretación del cine moderno.
6ª Kill Bill. Sus excesos son la cumbre de su inventiva.  Tiene las mejores imágenes de su carrera, un humor inigualable y algunos pasajes simplemente históricos. La pelea con la niña, el tramo manga y la escapada de La Novia del hospital son imposibles de olvidar.
7ª Pulp Fiction. Llevo sin verla diez años. Todavía no me he recuperado de las risas que me generó, de lo muchísimo que me abrumó, de lo extraordinariamente que llegó a cambiar el cine. Fue tan innovadora que necesito volver a verla para asumirla, para entenderla del todo.
8ª CSI. El mejor segmento de la televisión moderna. Cogiendo algunas ideas de un fragmento de Kill Bill 2, Tarantino fue capaz de respetar las convenciones de la serie, y hacer al mismo tiempo algo suyo, algo único, algo que te ata al sofá y no te suelta hasta varios días después.
Probablemente no estés de acuerdo con casi nada de mi ranking. Porque, ¿cuál es tu ranking? 



jueves, septiembre 24, 2009

CineForum: EL CUARTO MANDAMIENTO (Orson Welles)


El progreso nos arrolla. 
Se le puede llamar progreso, pero también se le puede llamar cambio. Y el cambio nos da miedo y al mismo tiempo, nos atrae. El cambio nos subleva y al mismo tiempo, nos eleva. El cambio lo prevemos y sin embargo, siempre nos pilla desprevenidos. El cambio es inminente, el cambio siempre nos pilla tarde. El cambio nos arrolla.
Igual que uno nunca sabe cuándo se ha vuelto adulto, uno tampoco sabe cuál ha sido el momento en que el cambio le ha pillado tarde. Cuál ha sido el momento en que el cambio le ha arrollado, ha tirado abajo toda su estructura.
Del progreso, del cambio, de algo tan ambicioso como esto trata El cuarto mandamiento
Una película profunda, compleja que se esfuerza en no ser difícil. Una película en que los personajes tienen cien aristas y mil complejos, donde el recién descubierto psicoanálisis se introduce en la trama con la sutileza de la pluma de Orson Welles. Una película en que las luces y las sombras penetran en los ambientes con unos ángulos y expresividad antes desconocidos. Una película acerca de la invención y del avance que aparece bajo la forma de la innovación permanente. Una película en que la vitalidad y el lento discurrir de lo pasado queda arrollada por el progreso.
Una película que creó progreso y sin embargo, fue arrollada por el miedo que da éste. 

lunes, septiembre 21, 2009

MALDITOS BASTARDOS (Quentin Tarantino): 9



Tarantino es quien es gracias al cine. No sólo gracias a hacer cine, sino sobre todo gracias a ver cine. El cine le ha formado, le ha cambiado, le ha hecho forrarse. Le ha hecho ser quien es.
Él lo sabe, él sabe que para él el cine lo es todo. Es su vida, es la vida. Por eso su obra más pensada, más trabajada, comienza con una sábana que podría ser una pantalla. Y al levantarse ésta, aparece un coche cargado de nazis, se inicia la tensión. Así empieza Inglorious Basterds. El cine se mete en la trama a partir de ahí, siendo un movie theatre el escenario principal y una peli dentro de la peli el evento clave. Pero con eso no le basta. Tiene que acabar la peli con la frase, casi tan cinéfila como autoirónica: "Creo que ésta va a ser mi obra maestra".
No puede ser más claro. El cine está en el planteamiento, en el nudo y en en el desenlace de la peli que nos llevaba anunciando desde 1996. Y por muchas expectativas que hubiera, ha vuelto a no defraudar. Ha vuelto a alcanzar la maestría, ha vuelto a ser él mismo. Puede que le haya faltado algo de metraje para ser tan epopéyico y preciso en la puesta en escena como en Kill Bill Death Proof, pero ha vuelto a ser él mismo.
Tiene todas las características de su cine:  personajes a los que se presenta como leyendas, miles de saltos en el tiempo adelante y atrás, diálogos tan largos como sorprendentes, humor referencial, malos que no pueden ser más atractivos, buenos que no pueden ser más malos, violencia gratuita, actores que sabes que nunca más van a estar igual  y música que parece nacida para la ocasión. Es puro Tarantino, es puro cine que satisface las expectativas, pero no se queda ahí.
Al introducir el cine y la historia en la narración, en la fusión asoma de forma épica un mensaje integrador, que vuelve a lograr que tras las miles de risas y de tensión generada, te emociones como un niño cuando parece decirte que en la mezcolanza de vidas, de razas, de lenguajes,  de misterios, de géneros, está la vida. Está la vida mejor.
Negros, indios, arios, judíos, da igual. Inglés, francés, alemán, italiano, da igual. Thriller, western, comedia, musical, da igual. Personajes, personas, cine, vida, da igual. El cine es la vida y la vida es el cine. Y en la mezcla de ambos, como en la mezcla de todo, es donde está el futuro, donde está el presente.
Tarantino lo sabe mejor que nadie. Porque él es quien es gracias al cine.

viernes, septiembre 18, 2009

El acontecimiento del año: la nueva de Tarantino

Hace muchísimos años que no ocurría esto. Hace muchos años que no había nadie capaz de levantar el mundo cinemtográfico, de hacer esperar cada película con la ilusión de un niño, con la expectación del que sabe que va a disfrutar de algo histórico.
Probablemente desde Hitchcock no había ningún cineasta capaz de unir tanto a la crítica y al público, de hacer que cada estreno suyo fuera un acontecimiento, el hito que merece ser.
Las primeras críticas de Malditos bastardos han vuelto a alimentar el fenómeno. Tras cinco obras maestras en cinco películas, los eternamente malditos críticos han vuelto a calificar Inglorious Bastards como la sexta de seis.
Reservoir Dogs me dejó anonadado. Pulp Fiction me hizo reír tanto que necesité años para llegar a entenderlo todo. Jackie Brown me levantó lágrimas. Aparte de lágrimas, Kill Bill me levantó de la butaca. En Death Proof subió la butaca a la montaña rusa.
Por eso y por Tarantino, espero Malditos bastardos con ansia, con la ilusión de un niño, con la expectación del que va a ver historia.
Yo no sé vosotros, pero yo me muero por verla.

martes, septiembre 15, 2009

GORDOS (Daniel Sánchez-Arévalo): 7,5


Con sólo dos películas, Daniel Sánchez-Arévalo ya es un autor. Ya tiene una personalidad propia. Ya tiene un hueco en el cine español.
Tiene un hueco por su apuesta, por su estilo, por sus resultados. Por proponer un cine comercial que al mismo tiempo no lo es. Por hacer de la realidad paisaje, y subvertir ésta hasta encontrar su mundo propio.
En este camino, Sánchez-Arévalo demuestra muchas cosas que nos llevan a querer a sus personajes, a sentirlos cerca, a reírnos con ellos, a ansiar un final feliz que ya van dos veces que parece más soñado que real.
Lo primero que demuestra  es su conocimiento del mundo. A diferencia de muchos autores que parecen llevar un camino paralelo al del mundo en el que viven, DSA no se sumerge en éste, sino que se nota que lo vive todos los días. Por eso sus personajes pueden ser a veces esquemáticos por representativos, pero nunca son tópicos, siempre tienen matices, verdad. Siempre puede ser alguien que se parece a nosotros.
Y eso es lo que lo lleva a su verdadera comercialidad: el sentir que sus personajes pisan el mismo mundo que nosotros, que se enfrentan a conflictos parecidos a los nuestros. Que se autoengañan y se equivocan a diario. Que hacen planes para ser mejores, que se empeñan en buscar la misma piedra en la que se tropezaron.
Tantos personajes y tanta verdad siempre consiguen risas, no siempre consiguen verdad. La verdad la consigue cuando logra diluir su tendencia al exceso para generar comedia. Cuando logra atenuar ésta y centrarse en lo brutal de la historia, aparecen momentos tan maravillosos como todos los de la historia de la embarazada y su marido que no la mira. Sólo por cada escena de Roberto Enríquez merecería la pena pagar la entrada, merecería que fuera cine realmente comercial. Pero hay eso y hay mucho más. Hay risas aseguradas, hay lágrimas que aparecerán sin que apenas te des cuenta.
Es el peso de la autoría, es el peso de la verdadera personalidad.

jueves, septiembre 10, 2009

Cómo se siente uno al rodar un largo

Como sabéis, acabo de terminar de rodar mi primera peli. Pues bien, pese a mi incontinencia verbal, hay muchas cosas que he vivido que no sabría explicarlas. Pero tengo suerte, alguien se ha dedicado a explicarlas por mí. Y lo ha hecho cientos de veces mejor de lo que yo lo hubiera hecho.

Se llama Dany Saadia. No sólo es amigo y un gran tipo, es un gran director. No os perdáis Filmonauta

miércoles, septiembre 09, 2009

CineForum: EL BUENO, EL FEO Y EL MALO (Sergio Leone)


En el principio no estaba el cine. El cine nace como arte tras más de tres mil años de literatura, de teatro, de pintura. Eso hace que como arte, casi siempre dependa de éstos. Por eso hay muy pocas historias que no puedan ser más que cinematográficas. El bueno, el feo y el malo es una de ellas.
Es cine puro por los paisajes, por la aparente simplicidad de las historias, por lo aparentemente esquemático de los roles, por el no pasado de los personajes. Es cine puro por todo eso. Pero todo eso ya aparecía en el western tradicional. Lo que cambia respecto al western tradicional es esencialmente la mirada.
La mirada de Leone ya no es la del que una ve una película por primera vez. En su mirada hay ironía, hay referencias a otras películas, hay parodia. Y eso convierte a un género tan antiguo y maniqueo como el western en algo actual, divertido, apasionante.
A ello ayuda de forma definitiva su inmenso talento, su descomunal inventiva. Inventiva para descubrir planos nuevos, para generar tensión sin una sola bala, para componer violencia al son de música navideña, para editar vida cinematográfica a partir de planos hiératicos que acercan a la muerte. Todo en Leone se une para hacer cine. Cine de verdad.
El enorme pedazo de cine que va de un primer plano cerradísimo a una panorámica que funde al personaje con el horizonte. El enorme pedazo de cine que va de un plano totalmente innovador a un vaquero que se vuelve personaje de western. El enorme pedazo de cine que hay en un género nuevo que satisface las expectativas de siempre.

OTRAS RECOMENDACIONES DEL AUTOR:
1. Érase una vez en América
2. Hasta que llegó su hora. 

lunes, septiembre 07, 2009

EL PRIMER DÍA DEL RESTO DE TU VIDA (Remy Bezançon): 7


Cuanto más vive uno, más manías tiene. Cuanto más se dedica a algo uno, más inflexible se vuelve. Cuantas más pelis veo, más odio ciertas cosas.
Una de las que más odio es el afán de tratar de contar una historia que sucede en muchos años. Creo que el cine está hecho para lo anecdótico, para un relato breve y pequeño que se vuelve símbolo de algo mucho más grande. Cualquier otro cine me resulta poco cine.
Cuando entro en la familia de El primer día del resto de tu vida y veo el continuo cambio de años, me doy cuenta que voy a tener que luchar contra mí mismo, contra mi intolerancia. E inicio mi lucha desconfiado. Sin embargo, al cabo de un rato, me doy cuenta de que he dejado de luchar contra mí, que me he dejado llevar por su humor, por su costumbrismo, por sus personajes.
El mérito es más del guión y de la edición que de la dirección. Aunque cuenta algo tan grande como la vida de una familia en doce años, no lo hace recurriendo a su día a día, sino que busca un solo día cada 3 años para poder contarlo todo. Y en la concentración, la peli encuentra su forma, la trama encuentra su cuerpo, la narración llega a su tono.
Su tono es el de una comedia agradable familiar, donde las disputas parecen reales y la ternura no suena a impostura. Donde los personajes no necesitan idealización ni crecimiento. Donde la belleza está más en lo pequeño que en lo grande.
Por eso El primer día del resto de tu vida logra mantenerte durante todo el metraje con una sonrisa y un amago de emoción. Logra atarte a la silla con la certeza del que sabe que lo que va a venir te va a gustar sin llegar a epatarte. Logra que sigas a su familia sabiendo que es tan real como la tuya. Logra en el plano final convertir el amago en emoción pura.

sábado, agosto 29, 2009

THE VISITOR (Tom McCarthy): 7,5


Hay directores que sabes que algún día harán una obra maestra. Son directores cuyo talento se aprecia en cada uno de los granos de las imágenes. Puede que todavía no hayan hecho una gran película, puede que sí la hayan hecho, pero sabes que llegará el momento donde alcancen la intemporalidad. Tom McCarthy es de éstos.
Su descomunal don no es un talento llamativo. No se aprecia en grandes angulares o en planos-secuencia que llamen la atención sobre sí mismos. Se ve en cosas mucho más simples, mucho más definitivas. Se nota en su forma de encontrar simetría en el caos, de ver almas donde sólo había individuos, de captar las relaciones, de entender qué es lo reseñable, de identificar la felicidad más como un momento que como un estado. Se nota en su forma de crear magia a partir de lo cotidiano.
Todo eso sale a la luz en la magistral primera media hora de The Visitor. Es tan palpable, tan gozosa que la audiencia comienza a recrearse y se mete dentro de una película que no es la que va a ver. Esa media hora vale por el 99,9% del cine de este año. Lo que viene después no es peor. Pero no es lo que hemos visto.
Lo que viene después es cine de mensaje, es cine de denuncia. Un cine que podría haber hecho cualquiera. Es verdad que en manos de McCarthy es un cine mejor. Sabe evitar los tópicos, sabe no recurrir a los excesos, sabe evitar el melodrama, sabe mantener el atractivo de las relaciones. Pero donde en la primera parte no había buenos ni malos, no había discursos ni partes, no había fuentes ni fines, en la segunda aparece todo eso bajo la forma de un tipo de cine más serio, menos perdurable.
Creo que a McCarthy le ha podido su compromiso con el mundo. Es un pecado venial, sí, pero no deja de ser un pecado. Si vuelve a las vías de The Station Agent con la madurez y el dominio de la puesta en escena que aquí muestra, pronto, muy pronto tendremos su obra maestra, su paso a la posteridad.

viernes, agosto 28, 2009

BUSCANDO UNA BSO A MEDIODÍA

LLevo una semana infernal. He decidido amenizar las jornadas laborales con la peor música del mundo. A la búsqueda de una banda sonora para mi peli, he tenido que tragarme las sinfonías instrumentales de todas las comedias románticas que se os puedan imaginar.
Como consecuencia, el paciente sufre un síntoma claro: empalagamiento. He ingerido azúcar hasta provocarme la diabetes. Y la conclusión es clara, cuanto más se aleja uno del género, más encuentra lo que busca. Y al alejarme puramente del género, he encontrado una joya, algo que combina comedia, dramatismo, nostalgia y glamour. Una sinfonía que me permite incluir diferentes variaciones en función del momento vital de los protagonistas.
Se trata nada más y nada menos que de Henry Mancini. 

jueves, agosto 27, 2009

ENEMIGOS PÚBLICOS (Michael Mann): 6


Michael Mann es incapaz  de hacer una película mala. Enemigos públicos va a ser lo más cerca que va a estar de conseguirlo.
Es incapaz de hacer una película mala porque es capaz de huir de los tópicos, porque rueda de forma excelente, porque sabe generar intriga, porque sabe montar y porque hace cine comercial en el que se implica personalmente. Todas estas virtudes aparecen en Enemigos públicos. Pero no aparece ninguna más.
Como casi siempre, todo nace del guión. Y ahí aparece la primera ausencia. Falta Eric Roth, el hombre que ha sido capaz de convertir cada escena en un conflicto ético en la magistral El dilema. Pues donde en ésta, o en Collateral, había profundidad en cada plano, aquí no hay más que acción. Donde en ésta, o en Collateral, había personajes y relaciones apasionantes entre ellos, aquí no hay más que meros vehículos para contar secuencias. Donde en ésta, o en Collateral, había foco en un momento concreto de sus vidas, aquí no hay más que dispersión. Donde en ésta, o en Collateral, se mostraba de forma inteligente los dos lados del conflicto, aquí se elige mal el conflicto: sobran polis y mafiosos y falta el verdadero juez, el pueblo.
Y todo esto acaba lastrando los 14o minutos de Enemigos públicos. No lastra tanto como para aburrir, porque este hombre es incapaz de aburrir. Pero no lo hace apasionante. Tampoco colabora una fotografía digital con errores notables. Ni una banda sonora que se mueve entre la banalidad y la reiteración. Ni un reparto de secundarios sin personajes que defender.
Todo colabora para que Enemigos públicos sea la peor película de Michael Mann. Sí, no es una película mala, pero sí lo más cerca que va a estar de serlo.

miércoles, agosto 26, 2009

CineForum: EL GRADUADO (Mike Nichols)


Hay dos películas en una dentro de El graduado. La primera es la comedia romántica, el himno generacional que nos acerca a Ben y le convierte en protagonista de nuestras vidas ansiadas de rebelión. La segunda es la obra fundacional de un estilo visual que todavía sigue impactando, la novedosa traslación al cine de los grandes estudios de las innovaciones realizadas en el pequeño cine francés.
Y ambas son fabulosas.
La primera es una obra de identificación. Es un grito que quiere cambiar el mundo. Es un aviso de que el mundo de los adultos está a punto de acabar. De que los jóvenes nunca más se van a dedicar a replicar el modelo de sus padres. 
Por eso esta primera película está llena de rabia, de emoción nada contenida. El giro tan radical que da Ben es el que va de ir parado en una escalera mecánica a cerrar con una cruz las puertas de la iglesia, es el que va de ir por los raíles a elegir su propio destino. Es el que va de dejar que le lleven en el transporte de los adultos (avión), pasando por ir en el coche regalado por sus padres, hasta gobernar su propio medio de transporte (el autobús escolar). Esta primera película va de eso, de rebelión.
Y para rebelarse, Mike Nichols necesitaba una forma que fuera coherente con el fondo. Si el guión de Buck Henry optaba por la rebelión en el fondo, pero no en la forma, Nichols lo toma y lo convierte en una nueva rebelión. Es la rebelión visual. Una rebelión que incorpora elementos tan novedosos como rodaje con cámara oculta en exteriores reales. Que incorpora largos planos-secuencia. Que incorpora cambios de foco. Que incorpora conversaciones realmente a oscuras. Que incorpora planos teatrales donde dejar que los personajes se muevan a sus anchas, (aparentemente) libres de marcas. Que incorpora planos subjetivos debajo del agua. Que incorpora una edición que mezcla escenas y situaciones. Que incorpora una banda sonora de canciones con letra, no instrumentales.
Y esa rebelión surtió efecto. Pocas películas han sido tan tomadas estilísticamente como El graduado. Todavía hoy sigue siendo patrón de referencia para contar visualmente una comedia romántica. Pero donde en El graduado había coherencia forma-fondo, en las otras sólo hay adecuación. Donde en  El graduado había verdad, en las otras sólo hay necesidad.
Por eso El graduado acaba uniendo a las dos películas. Y se convierten en una sola. Una sola, que nos identifica, nos eleva, nos rebela, y nos acaba haciéndonos llorar con Ben y querer subirnos a su autobús escolar, coger el volante de nuestras vidas. 
Ahora cada vez que tarareamos a Simon&Garfunkel sabemos que nuestro destino sólo está en que lo hayamos elegido nosotros.
OTRAS RECOMENDACIONES DEL AUTOR:
1. ¿Quién teme a Virginia Wolf?
2. Closer

jueves, agosto 20, 2009

QUID PRO QUO

Como sabéis, llevo años criticando, haciendo de tertuliano profesional que se cree en posesión de la verdad. Por fin va a llegar el momento de demostrar que no tenía razón, de que me destrocéis.
Acabo de terminar de rodar mi primer largo. Dentro de unos meses podréis recordar ese amor puro que una vez tuvísteis. Hasta entonces, aparte de vuestros recuerdos falseados, sólo os dejo una foto. Son Cecilia y Juan.

miércoles, agosto 05, 2009

PAGAFANTAS (Borja Cobeaga): 7


Resulta incomprensible que en el cine español no se hagan más películas como Pagafantas. Películas que hagan de la identidad patria virtud mediante identificación y humor cercano. 
Son pelis que aportan lo que no puede aportar Hollywood. Aportan lo que es de aquí: realidad y visión común de la vida. Son pelis que a poco bien que se hagan, garantizan el éxito comercial.
Dentro de esto, Pagafantas no es la comedia definitiva. Pero sí es una estupenda comedia, una obra que te hace sonreír y reír con continuidad. Una obra que alcanza varias veces la carcajada.
Lo logra mediante un guión coherente  apoyado en el uso documental de metáforas animales y en la inteligente repetición del Pagafantas en Óscar Ladoire. Lo logra mediante una dirección artística excelente, que convierte un pijama y un radiocassette en elementos memorables. Lo logra mediante un trabajo de dirección dedicado fundamentalmente a armonizar.
Cobeaga no siempre rueda con excelencia, pero al menos siempre tiene claro el objetivo: la identificación, el autoescarnio, la risa.

sábado, agosto 01, 2009

Guy Ritchie y las películas pompa de jabón


Anoche vi la última de Guy Ritchie. Anoche vi Rock'n Rolla.
Y no sabía si escribir sobre ella o sobre lo que me produce. No sabía si tratar de analizarla como película como fenómeno. He preferido centrarme en éste.
Cada vez tengo menos claro lo que me gusta y lo que no me gusta. Supongo que soy tan ecléctico que casi todo me gusta, supongo que tengo un listón tan fácil que casi todas lo pasan. El caso es que, dentro de este listón, hay películas que me entretienen, me hacen disfrutar, me hacen pasármelo pipa y hay películas que no consigo olvidar. El cine de Guy Ritchie a veces consigue ser de la primera categoría; jamás, de la segunda. 
Lograr lo primero tiene que ver con el talento narrativo, hacer interesante y adictiva la historia, tener algo que contar y hacerlo de forma atractiva, diferente. Tiene que ver con saber escribir y saber rodar y saber montar. Tiene que ver con saber generar experiencias.
Claro, que hay experiencias que se recuerdan y experiencias que se olvidan. El cine de Guy Ritchie, como el de Spielberg o como si se me apura el de Medem, pasa inmediatamente al último lugar de la memoria.
No tiene que ver con su innegable y apasionante lado lúdico, hay películas-juego que se recuerdan durante el resto de tu vida.  "Chinatown" o  "El silencio de un hombre" son las muestras más genuinas. Durante su narración, no hay filosofía, sólo hay historia. Historia y una tristeza que está permanentemente detrás de sus imágenes y que cuando acaba ésta, te deja desolado, cambiado. "La huella" es el mismo caso. Igual que los protagonistas, tú juegas hasta que cuando acaba, te das cuenta de que no era un juego, de que era la vida.
Por su aparente parecido con Guy Ritchie, Tarantino es el caso más radical. En la concepción ambos parecen iguales. Ambos parecen concebir el cine como un parque de atracciones, ambos buscan generar experiencias. Sólo que las de uno se olvidan y las del otro siguen siempre ahí. En el parque de atracciones de Ritchie hay loopings y  hay montaña rusa, en el de Tarantino hay eso pero también hay seres que se suben a ella. Los personajes de Ritchie pueden tener más o menos carisma, pero apenas tienen historia. Los de Tarantino han nacido para ser míticos, pero además tienen una historia triste detrás. Probablemente no hace falta contarla, no hace falta exagerarla, pero el espectador sutilmente percibe que la historia está ahí.
Por eso, cuando recorres los loopings de Tarantino, disfrutas con locura. Cuando recorres los de Ritchie, te lo pasas bastante bien. Pero cuando llegas al punto de salida que no es sino el punto de llegada, en la de Tarantino hay algo parecido a unas lágrimas que se asoman dentro de ti, en el de Ritchie no hay nada. Por eso, cuando paseas después por el parque con un algodón de azúcar o incluso varios años después, sigues recordando cada imagen de Quentin, no recuerdas nada de las de Guy. Por eso vemos varias veces las de Tarantino, por eso nadie revisa a Ritchie. Por eso Tarantino es uno de los 5 más grandes, por eso Ritchie sólo es el exmarido de Madonna.

jueves, julio 23, 2009

CineForum: EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS (Bernardo Bertolucci)


Hay pocas experiencias tan desagradables como ver El último tango en París. Hay pocas experiencias tan turbadoras.
Nada de lo que sucede gusta. Nada de lo que sucede te deja cómodo. Nada de lo que sucede te permite seguir impasible. Porque nada de lo que les sucede por dentro a los dos protagonistas nos permite seguir igual.
Lo que les sucede a ellos es el descubrimiento de su lado oscuro. De repente, un ser tan angelical como Jeanne descubre su lado artero, autodestructivo, su querencia por el abismo, su elección no racional de lo que le jode por dentro. De repente, tú, espectador, te ves odiando su decisión y comprendiéndola, dejándote llevar, sabiendo que eso forma parte de la naturaleza humana, de tu naturaleza.
Y te ves odiando a Marlon Brando. Y te ves odiando a Maria Schneider. Y te ves odiando a Bertolucci. Y te ves odiándote a ti mismo. Hasta que llega un momento en que la turbación es tan radical, tan sangrante que no sabes si quererlos u odiarlos, si levantarte de la butaca o seguir cayendo por el abismo. Porque igual que para Maria Schneider el abismo es adictivo, para ti como espectador la experiencia también es adictiva. La turbación se vuelve necesaria, ansías volver a ese apartamento y asistir a cómo se joden por dentro, cómo son felices haciendo algo que saben que no les va a llevar a la felicidad futura.
Y es desagradable saber que las cosas son así, es turbador, es adictivo. Pero eso es puro cine. Esa es la esencia del arte: cambiar vidas. Y me temo que El último tango en París ha cambiado muchas vidas. Cambió la vida de sus personajes, cambió la vida de sus actores, cambió la vida de muchos espectadores. Es posible que siga cambiándola hoy. 
Visionados como el de ayer no se olvidan. Puede que te cambien. No siempre para bien. Seguro que sí para hacerte más sabio, más autoconsciente.
OTRAS RECOMENDACIONES DEL AUTOR:
  1. Novecento
  2. Soñadores
  3. Belleza robada
  4. Asediada
  5. El último emperador