lunes, agosto 30, 2010

CONOCERÁS AL HOMBRE DE TUS SUEÑOS (Woody Allen): 8,5



Exceptuando el catedrático Haneke, puede que Woody Allen sea el más filósofo de todos los directores. Sin embargo, si de algo carece su cine es de filosofía. Exceptuando al recién muerto Rebella, puede que Woody Allen sea el más triste de todos los directores. Sin embargo, si de algo carece su cine es de tristeza.
"Conocerás al hombre de tus sueños" lleva estos dos hitos hasta el extremo. No es filosófica ni es triste, todo lo contrario. Es sin duda la película más divertida que hace desde su época de gloria en los 90. Hace de la risa un arte sublime, que lleva a que pasen sus minutos con la felicidad del que conoce la vida y la asume como es. Del que ya no se hace preguntas porque sabe que ya no son necesarias las respuestas. Abandona la filosofía al generarnos nuevas ilusiones.
Y Woody Allen alcanza este estado de gracia utilizando como nunca sus armas de siempre. Con personajes magníficamente paródicos. Con una trama de historias paralelas perfectamente hilada, que multiplica el impacto de cada situación. Con una visión de la vida tan patética como glamourosa. Con un poderío visual mayor de lo habitual. Con unos actores nacidos para la comedia.
Y dentro de esto, como siempre, es capaz de dejar sitio a cada personaje, de hacer que cada secundario se sienta protagonista. Lo hace una Naomi Watts en eterna deificación, un Antonio Banderas desternillante. Porque si toda la función alcanza momentos gloriosos, entre ambos llegan al cielo en 3 escenas que pasarán a los hitos del tópico plano fijo de la comedia. Muestran cómo dos actores de comedia pueden hacer que una escena sea al mismo tiempo graciosa, metafórica y reveladora.
Así, entre ilusiones y realidades, Woody Allen nos lleva gozoso hacia un final que en su único error, quizá se precipita. Y al precipitarse, quizá nos deja menos tiempo para la reflexión, para las preguntas. Vuelve a conseguir alejar la tristeza, alejar la filosofía.

sábado, agosto 21, 2010

ORIGEN (Christopher Nolan): 8


Christopher Nolan lleva toda su filmografía buscando lo oculto. Pero no busca en los territorios opacos, busca en los límites. Busca joyas en el espacio que queda entre lo que se ve y lo que no se ve.
Empezó por la memoria y encontró los recuerdos olvidados en Memento. Consiguió el que quizá es el mejor thriller de la historia. Luego buscó en el espacio que antecede a la fase R.E.M., ese lugar de frustración que queda en la noche de los insomnes. Consiguió una obra maestra con Insomnio. Siguió alerta y llevó su ansia de saber al ilusionismo. Y en la mezcla de truco y realidad encontró en Prestige otro hito fascinante, nacido para confundir y sin embargo, perdurar. Con ello no le bastaba.
Tras el olvido, la magia y el comienzo del sueño, le faltaba llegar al centro de todo ello, al territorio donde el ser humano nunca llega, al territorio donde soñando sueña con llegar. Le faltaba llegar al sueño. Y apareció Origen.
Origen es totalmente coherente con el resto de su trayectoria. Tiene sus mismas dosis de espectáculo, de foco, de precisión estructural. Tiene un guión que supone otro salto sin red hacia el ridículo. Pero nuevamente lo logra evitar.
Lo evita gracias a una escritura modélica, capaz de contar cuatro historias dentro de una historia. Gracias a una fortaleza visual tan brutal, que logra satisfacer la infinitas posibilidades que daba la historia. Gracias a una puesta en escena de maestro, que hace real lo que sólo era sueño. Lo logra gracias a una inteligencia tan fina que es capaz de hacer comprensible una historia nacida para ser incomprendida.
Sólo su afán por dar espectáculo imposibilita el acceso a la maestría. La necesidad de recuperar el presupuesto le lleva a meter acción donde el conflicto no la requería. Y en ese añadido la película pierde algo de interés, hace que sobre algo de metraje. Pero poco.
Porque la solidez de Nolan hace que el espectador vuelva a conectar con su búsqueda. Vuelva a recuperar el olvido, vuelva a encontrar la magia, vuelva a recuperar lo apenas dormido, vuelva a vivir el sueño, soñando dentro de él hasta vivir soñando.

lunes, agosto 02, 2010

v.o.s. (Cesc Gay): 10



La cartelera es una ruleta rusa. Hay muchas películas sin nada que lo obtienen todo. Hay algunas películas con todo que son ninguneadas por crítica y público. "v.o.s." no pertenece a este último grupo, lo lidera.
Toda crítica es subjetiva, ésta también lo es. Y admito que la última criatura de Gay cuenta con múltiples elementos que hacen que me guste, que satisfaga mis obsesiones.
El primero es su condición de metacine. Su condición de obra entre la realidad y la ficción, entre la creación y lo creado, hacen de ella algo moderno, real, tanto como la inevitable voz en off que todos tenemos dentro mientras vivimos nuestra vida.
El segundo recurso es su no adscripción a un género, su decidida apuesta por la vitalidad de la comedia y el poso del drama, por la ligereza de la risas y el anclaje a la dura realidad de las relaciones.
El tercero es su cinefilia militante. Una cinefilia que le lleva a homenajear casi de forma involuntaria, difícilmente eludible. Como con Tarantino, se trata de una forma de vivir la vida en la cual el cine siempre está presente, en la cual las películas vistas pasan a integrarse en la vida y ser foco, referencia, personajes.
El cuarto y último es su pequeñez. La lleva tan lejos como para titular en minúsculas. Si con los otros me divierto y afilio, éste me lleva directamente a identificarme. Gay no cree estar contando la película definitiva. Quizá no cree que ésta exista. Quizá la película definitiva es la que es capaz de contar la normalidad de la vida de forma que consiga que capte esta normalidad y al mismo tiempo, la haga milagro.
Y él lo consigue. Consigue captar la verdad y encontrar el aura. Consigue hacernos reír con el día a día y emocionarnos hasta la lágrima con el milagro del nacimiento. Consigue hacer la película que siempre quiso hacer Woody Allen: mostrar la tragedia que es la vida, haciendo que el tiempo y la distancia del cine, la tornen comedia.