Cada semana, sabrás qué debes y qué no debes ver de la cartelera.
-LOS AIRES DIFÍCILES: 6,5. Ajustada pero excesivamente fiel a la novela.
-EL ARCO: 8. Redonda y preciosa metáfora visual.
-AZUL OSCURO CASI NEGRO: 8. Entrañable y divertido drama humano.
-BIENVENIDO A CASA: 8. Divertido y emotivo retrato muy cercano a nuestras vidas.
-BROKEBACK MOUNTAIN: 8. Relato de amores imposibles limpio y emotivo.
-CACHÉ: 7.5. Intriga desasosegante, que te hace sentir culpable.
-CAMINO A GUANTÁNAMO: 8,5. Desasosegante e implacable dramatización de la realidad.
-CRASH: 5,5. Interesante y aparentemente profunda, pero en el fondo, esquemática y banal.
-LOS DOS LADOS DE LA CAMA: 6,5. Secuela de situaciones mucho más arriesgadas.
-LOS TRES ENTIERROS DE MELQUÍADES ESTRADA: 7,5. Western actual, crepuscular y emotivo.
-EL JARDINERO FIEL: 6,5. Gran drama, que acusa la obviedad de su mensaje.
-MANUALE D'AMORE: 6. Desternillante, tópica, tradicional, irresistible.
-MATCH POINT: 9. Apasionante intriga. Lejos de Dreamworks, Allen entrega su “Perdición”.
-MUNICH: 5. Larguísima, reiterativa y pretenciosa.
-PLAN OCULTO: 7. Divertido y trabajado thriller con final sorpresa.
-PRINCESAS: 8. Lo peor de Fernando León es lo mejor del cine europeo.
-REMAKE: 4,5. Buen planteamiento traicionado por la reiteración y un mal montaje.
-SARABAND: 7. Bergman abusa de la palabra y de su comprensión del ser humano.
-SYRIANA: 7,5. Intriga política muy efectiva aunque premetidamente intrincada.
-TIEMPO DE VALIENTES: 7. Desternillante peli de colegas a la argentina.
-TRUMAN CAPOTE: 7,5. Biopic que obvia la empatía en la búsqueda de la verdad.
-UNA HISTORIA DE VIOLENCIA: 7,5. Implacable y sorprendente. No parece Cronenberg, pero sí lo es.
-V de VENDETTA: 7,5. Imponente rebelión visual.
-VOLVER: 7,5. Sorprendente y desternillante vuelta a los orígenes de Almodóvar.
-LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS: 7. Le sobra profesionalidad y le falta cotidianeidad.
Si has visto alguna otra, que quieres recomendar o despreciar, éste es tu sitio.
viernes, marzo 24, 2006
SYRIANA (Stephen Gaghan, 2005): 7,5
El mundo es una bola que gira sobre sí misma, repitiendo cada día la misma historia, cada año la misma historia. El mundo es un sitio donde cada cierto tiempo se repiten las mismas historias. Y en un mundo en el que todo va a toda velocidad, mientras los saltos generacionales respondan a los mismos períodos, los ciclos de los bucles serán de igual duración. Ahora, en moda o en arte se llevan los 30 años. En el cine, también.
El cine de los setenta cultivó un género que algunos (Pollack y Pakula) convirtieron en arte. Se trataba de visionar la realidad postVietnam y practicar la autofagia, devorar a su patria como forma de esparcir sus vergüenzas. Ahora, una vez empezada, y por desgracia no terminada, la guerra de Irak, ha aparecido un grupete que pretende repetir la misma historia. Gaghan, Soderbergh, Clooney forman una cohorte de apasionados sinvergonzones con escasos dejes de soberbia y muchos de diversión y afán de difusión. Vuelven a practicar el género político. Y si bien ninguno es Pollack, ni tienen una escuela de guión como la de entonces, han cambiado a Clooney por Redford, y siguen tratando de educarnos sin olvidar que el cine es entretenimiento y el arte, enemigo de lo obvio.
Construyen así un guión efectivo y relativamente simple, pero que complican de forma premeditada y quizá gratuita, proponiendo así un juego interactivo con el espectador que deviene en incremento de la tensión y realismo superior.
Nada brilla y nada falta en esta trama intrincada hasta que se descubre que es un hilo del que tiran todos los demás hasta ser un solo hilo. Es el hilo de la historia de la humanidad. Es el hilo que forma una gran esfera achatada por los polos.
El cine de los setenta cultivó un género que algunos (Pollack y Pakula) convirtieron en arte. Se trataba de visionar la realidad postVietnam y practicar la autofagia, devorar a su patria como forma de esparcir sus vergüenzas. Ahora, una vez empezada, y por desgracia no terminada, la guerra de Irak, ha aparecido un grupete que pretende repetir la misma historia. Gaghan, Soderbergh, Clooney forman una cohorte de apasionados sinvergonzones con escasos dejes de soberbia y muchos de diversión y afán de difusión. Vuelven a practicar el género político. Y si bien ninguno es Pollack, ni tienen una escuela de guión como la de entonces, han cambiado a Clooney por Redford, y siguen tratando de educarnos sin olvidar que el cine es entretenimiento y el arte, enemigo de lo obvio.
Construyen así un guión efectivo y relativamente simple, pero que complican de forma premeditada y quizá gratuita, proponiendo así un juego interactivo con el espectador que deviene en incremento de la tensión y realismo superior.
Nada brilla y nada falta en esta trama intrincada hasta que se descubre que es un hilo del que tiran todos los demás hasta ser un solo hilo. Es el hilo de la historia de la humanidad. Es el hilo que forma una gran esfera achatada por los polos.
domingo, marzo 19, 2006
VOLVER (Pedro Almodóvar): 7,5
Nunca sabré si lo que le gusta a Almodóvar es el drama o la comedia. Sí intuyo que practica más la lágrima como forma de conseguir ser asumido como un director serio, considerado. Y lo que sí sé es que lo que se le da mejor es el humor, la visión sarcástica y sorpresiva de la vida cotidiana.
Si miramos atrás en su obra, veremos que no sólo en sus desternillantes e irracionales comienzos, sino que también en sus últimas y melodramáticas películas, sus mejores momentos estaban siempre apegados al humor, a su humor, al almodovarismo, a esa marca de fábrica que ya todos esperamos en manos de Chus Lampreave o de Carmen Maura. Y claro, en "Volver" vuelven, Y cuando vuelven ellas y vuelve ese humor, el espectador no puede por menos que tener nostalgia inicial y diversión final. Te olvidas de que Almodóvar es un director serio y pasas a vivir sus historias con la alegría y la falta de consciencia del que ve una comedia estudiantil. Son esos momentos los que abundan en la irregular última peli del manchego. Y son esos momentos los que hacen que olvidemos esa irregularidad para disfrutar de una peli de carcajada continua y vueltas de tuerca ajenas (aparentemente) a cualquier tipo de autocontrol.
Son momentos que hacen que queramos a Almodóvar, que amemos a Carmen Maura, que queramos seguir riéndonos con ellos como lo hacemos ahora.
Si miramos atrás en su obra, veremos que no sólo en sus desternillantes e irracionales comienzos, sino que también en sus últimas y melodramáticas películas, sus mejores momentos estaban siempre apegados al humor, a su humor, al almodovarismo, a esa marca de fábrica que ya todos esperamos en manos de Chus Lampreave o de Carmen Maura. Y claro, en "Volver" vuelven, Y cuando vuelven ellas y vuelve ese humor, el espectador no puede por menos que tener nostalgia inicial y diversión final. Te olvidas de que Almodóvar es un director serio y pasas a vivir sus historias con la alegría y la falta de consciencia del que ve una comedia estudiantil. Son esos momentos los que abundan en la irregular última peli del manchego. Y son esos momentos los que hacen que olvidemos esa irregularidad para disfrutar de una peli de carcajada continua y vueltas de tuerca ajenas (aparentemente) a cualquier tipo de autocontrol.
Son momentos que hacen que queramos a Almodóvar, que amemos a Carmen Maura, que queramos seguir riéndonos con ellos como lo hacemos ahora.
viernes, marzo 03, 2006
LOS TRES ENTIERROS DE MELQUÍADES ESTRADA (Tommy Lee Jones): 7,5
Circula una corriente crítica dirigida a criticar a Guillermo Arriaga. Le acusan de repetirse en su afán de contarnos las historias de modo no cronológico. Se nota que lo hacen porque nunca han escrito.
Si repararan en sus textos, "Amores perros" tiene una estructura en tres actos desentrañados por un accidente casual porque era la única forma de contarte las tres historias de forma potente, sin caer en la mezcolanza de las vidas cruzadas. "21 gramos" sería sólo un melodrama esforzado y convencional si Arriaga no dotara de una fuerza e intriga brutal a sus secuencias por medio del azar que ha juntado las historias. Y finalmente, "Los tres entierros de Melquíades Estrada" tiene la estructura que necesita para poder contarnos de forma visual andanzas y desandanzas que no siempre ocurren en el mismo espacio de tiempo.
Si Arriaga hubiera optado por ser cronológico, bien hubiéramos tenido que empezar en el neolítico (encuentro de Chaves y Lee Jones), bien hubiéramos contado su encuentro mediante diálogos morosos que rompieran el tono silencioso, bien hubiéramos tenido que introducir ocasionales flashbacks que rompieran el ritmo y la credibilidad. Por eso acierta en sus elecciones el genio de Arriaga. Pero no sólo lo hace él. Todas y cada una de las opciones que toma el mexicano en la escritura son secundadas por la cámara y el poso actoral y autoral de Lee Jones (y ya de paso, de Barry Pepper), y con ello compone una obra que sería maestra de no ser por la desaparición paulatina de sus apasionantes secundarios y de la necesidad que muestra de una música que excave y nos arranque lágrimas de las emociones. Que a este western le quite el apelativo crepuscular y le añada el de histórico. Aunque esté escrito en un extraño presente...
Si repararan en sus textos, "Amores perros" tiene una estructura en tres actos desentrañados por un accidente casual porque era la única forma de contarte las tres historias de forma potente, sin caer en la mezcolanza de las vidas cruzadas. "21 gramos" sería sólo un melodrama esforzado y convencional si Arriaga no dotara de una fuerza e intriga brutal a sus secuencias por medio del azar que ha juntado las historias. Y finalmente, "Los tres entierros de Melquíades Estrada" tiene la estructura que necesita para poder contarnos de forma visual andanzas y desandanzas que no siempre ocurren en el mismo espacio de tiempo.
Si Arriaga hubiera optado por ser cronológico, bien hubiéramos tenido que empezar en el neolítico (encuentro de Chaves y Lee Jones), bien hubiéramos contado su encuentro mediante diálogos morosos que rompieran el tono silencioso, bien hubiéramos tenido que introducir ocasionales flashbacks que rompieran el ritmo y la credibilidad. Por eso acierta en sus elecciones el genio de Arriaga. Pero no sólo lo hace él. Todas y cada una de las opciones que toma el mexicano en la escritura son secundadas por la cámara y el poso actoral y autoral de Lee Jones (y ya de paso, de Barry Pepper), y con ello compone una obra que sería maestra de no ser por la desaparición paulatina de sus apasionantes secundarios y de la necesidad que muestra de una música que excave y nos arranque lágrimas de las emociones. Que a este western le quite el apelativo crepuscular y le añada el de histórico. Aunque esté escrito en un extraño presente...
domingo, febrero 26, 2006
CAPOTE (Bennett Miller): 7,5
No es muy habitual ver un biopic sincero. El mundo del cine está lleno de biografías que no son sino hagiografías. No importa quién sea el retratado, en el afán por empatizar con el espectador, Hollywood o cualquiera de las cinematografías locales optan siempre por retratos complacientes. Así, criminales, tarados, drogadictos, auténticos hijos de puta acaban apareciendo en pantalla como bendecidos hijos del amor. "Capote", no. "Capote" no pertenece a esta estirpe.
Desde el mismo momento de su concepción, su guionista Dan Futterman comenzó a acertar. No buscó reflejar toda la vida del sublime escritor, sino simplemente un periodo, un conflicto: el que vive mientras escribe cómo quiere que alguien no viva. Lejos de apuntalar la barbaridad de talento que asoma en cada una de las gloriosas páginas que componen ese salto cuántico hacia la verdad que supone "A sangre fría", Miller se dedica a contarte el dolor de una persona que descubre en las ciénagas que tiene un hermano vivo, que lo convierte en su Abel hasta que él torna Caín y se empeña en matarlo. Puede que ese conflicto pudiera haber vivido formas más visuales de contarlo, pero el director prefiere ser fiel a la novela de la que parte y a la novela que retrata, y no ficciona los hechos, sólo los representa. Es por eso que se apoya quizá más de lo debido en diálogos y en personajes que poco aportan a la trama principal.
Esta ausencia de personajes notables y de vigor visual lleva a la inevitable conclusión de que todo dependía del actor protagonista. Y Philippe Seymour Hoffman da la lección que se esperaba. Sobre sus fornidos hombros lleva todo el peso del metraje. Sorteando con pudor el riesgo de la sobreactuación, compone un personaje siempre a punto de convertirse en marioneta, dejando de ser Caín para ser el maravilloso, narcisista y contradictorio personaje que fue. El ser más mentiroso que pobló la tierra creó una de las obras de no ficción más veraces y auténticas que se recuerdan.
sábado, febrero 25, 2006
CRASH (Paul Haggis): 5,5
"Crash" es la típica película hecha para impresionar a un público al que minusvalora. Es la típica película que pretende hacer creer a ese público incauto que está ante una obra realista y profunda. Y sus mayores defectos son precisamente su falta de realismo y de profundidad.
Al contrario que en su adaptación de "Million Dollar Baby", Paul Haggis recurre en "Crash" a una estructura muy aparente y a unos diálogos que, en su afán didáctico, excluyen cualquier cosa que suponga naturalidad. De este modo, todas las virtudes de la obra de Eastwood quedan en el tintero, y son reemplazadas por el exceso. Donde allí había contención, aquí hay sobreactuación; donde allí había clasicismo, aquí hay modernidad; donde allí había lógica narrativa, aquí hay desmesura; donde allí se entrelazaban el pesimismo y la fe, aquí aparece el optimismo impostado; donde allí había emoción, aquí hay incredibilidad. En definitiva, queda claro que detrás de la dramaturgia de su anterior obra, estaba un director metido a narrador, y que detrás de su intento frustrado de obra maestra, hay un soñador metido a guionista.
Y a eso se reducen sus virtudes y sus defectos. Su ambición de maestría es su trampa mortal. Porque cae en ella al enfatizar cada conflicto, al subrayar cada gesto. Y en ese soslayado, cava su pozo, termina hundiéndose. Lo ha hecho, no a costa del interés -que lo logra mantener-, pero sí de la credibilidad.
lunes, febrero 20, 2006
Los Óscar
Los Óscar ya están aquí. Entregados los Córdobas de oro, este domingo llega la otra gran fiesta del cine: los premios de la Academia de Hollywood. Como son muchas las nominadas y pocas las elegidas, me gustaría contar con vuestra opinión acerca de las candidatas que ya se han estrenado por estos lares. Os las recuerdo:
-Brokeback Mountain
-Buenas noches y buena suerte
-Crash
-El jardinero fiel
-Match Point
-Munich
-Los tres entierros de Melquíades Estrada
En Hollywood siguen este blog con enorme expectación, así que tenéis la oportunidad de decidir el futuro de estas películas. No la desaprovechéis.
-Brokeback Mountain
-Buenas noches y buena suerte
-Crash
-El jardinero fiel
-Match Point
-Munich
-Los tres entierros de Melquíades Estrada
En Hollywood siguen este blog con enorme expectación, así que tenéis la oportunidad de decidir el futuro de estas películas. No la desaprovechéis.
sábado, febrero 18, 2006
CACHÉ (Michael Haneke): 7,5
Aunque haga cine de género, Haneke es el director que menos me atrevería a recomendar en mi afán quijotesco de proselitismo cinematográfico. Siendo el austriaco alguien que practica la intriga y utiliza estrellas, es curioso lo difícil que es acercarle sus productos al público de palomitas y educación pre y prointelectual.
Y pese al pesimismo de sus historias y a la elección de sus no muy empáticos personajes, creo que el problema no está en sus guiones. Está en su implacable y desasosegante realización. Es tan magistral la fuerza de las escenas a base de plano fijo hipersostenido y reencarnación humana de los actores, que comienza a generar incomodidad en el espectador acostumbrado a ver cómoda impostura. Y esta incomodidad se vuelve desasosiego cuando, en pleno deseo y autorrealización autoral, Haneke opta por tenerte en silencio un minuto de vida real a la espera de que alguien entre en plano. Ese minuto es igual de largo que un minuto de paisajes musicados en una cinta hollywoodiense, pero sin embargo se hace mucho más largo, mucho más desasosegante, porque acabas de perder referencias, sabes que a partir de ahí, ya no hay guía, en la pantalla puede suceder lo que sea. Y es entonces cuando el espectador no acostumbrado vuelve a desear ver cine falso, mentiras bien contadas.
Eso sí, para el espectador que sí ha entrado, ya no hay en la pantalla sino acojone, intriga de la buena, terror físico y mental, culpa ajena que ya es propia.
Y pese al pesimismo de sus historias y a la elección de sus no muy empáticos personajes, creo que el problema no está en sus guiones. Está en su implacable y desasosegante realización. Es tan magistral la fuerza de las escenas a base de plano fijo hipersostenido y reencarnación humana de los actores, que comienza a generar incomodidad en el espectador acostumbrado a ver cómoda impostura. Y esta incomodidad se vuelve desasosiego cuando, en pleno deseo y autorrealización autoral, Haneke opta por tenerte en silencio un minuto de vida real a la espera de que alguien entre en plano. Ese minuto es igual de largo que un minuto de paisajes musicados en una cinta hollywoodiense, pero sin embargo se hace mucho más largo, mucho más desasosegante, porque acabas de perder referencias, sabes que a partir de ahí, ya no hay guía, en la pantalla puede suceder lo que sea. Y es entonces cuando el espectador no acostumbrado vuelve a desear ver cine falso, mentiras bien contadas.
Eso sí, para el espectador que sí ha entrado, ya no hay en la pantalla sino acojone, intriga de la buena, terror físico y mental, culpa ajena que ya es propia.
MUNICH (Steven Spielberg): 5
Una vez más, Spielberg vuelve a meterse en nuestros subconscientes mediante una plataforma publicitaria que le permite crear necesidad de consumo al mismo tiempo que lograr un cierto prestigio crítico traducido en nominaciones a los Óscar. Lo malo es que sólo consigue entrar en nuestros subconscientes de ese modo, porque en cuanto entras en la pantalla, el subconsciente comienza a verse alejado, y el supuesto Rey Midas sólo logra conectar con nuestras partes conscientes.
Ahí llega la enésima vez en que nos ha engañado, en que se ha quedado a años luz de las expectativas. Y lo que le pasa es siempre lo mismo. Spielberg tiene un problema muy simple que trata de saldar contratando a los mejores guionistas: no es un contador de historias. Y los mejores guionistas casi nunca consiguen escribirle las mejores historias si el judío les deja demasiado claro cómo tienen que ser las cosas y si el montaje -es decir, la reescritura- la lidera el negado Spielberg.
Durante la larguísima, pretenciosa e hiperreiterativa "Munich", no sólo me planteo esto, llego a plantearme si es de verdad un buen director. Los flashback que introduce nos muestra que sigue pensando que el público es estúpido. Tan estúpido que hay que darle los mensajes muy mascaditos para que no malinterprete, hay que ser tan obvio como se pueda. Los encuadres que elige buscan más el impacto que el seguimiento de la escena. La actuación de Eric Bana en los momentos dramáticos alcanza lo risible por sobreactuada. La naturalidad de las escenas queda fuera de la pantalla. Y claro, todo esto revierte en que no hay cine en la pantalla. Todo el cine se ha quedado fuera de la sala.
Así, cuando llega el desenlace, hace mucho rato que ha dejado de interesarnos aquéllo que nos cuenta, el mensaje consciente se ha traducido en cero emociones inconscientes. Spielberg ha generado euros e insatisfacciones.
Ahí llega la enésima vez en que nos ha engañado, en que se ha quedado a años luz de las expectativas. Y lo que le pasa es siempre lo mismo. Spielberg tiene un problema muy simple que trata de saldar contratando a los mejores guionistas: no es un contador de historias. Y los mejores guionistas casi nunca consiguen escribirle las mejores historias si el judío les deja demasiado claro cómo tienen que ser las cosas y si el montaje -es decir, la reescritura- la lidera el negado Spielberg.
Durante la larguísima, pretenciosa e hiperreiterativa "Munich", no sólo me planteo esto, llego a plantearme si es de verdad un buen director. Los flashback que introduce nos muestra que sigue pensando que el público es estúpido. Tan estúpido que hay que darle los mensajes muy mascaditos para que no malinterprete, hay que ser tan obvio como se pueda. Los encuadres que elige buscan más el impacto que el seguimiento de la escena. La actuación de Eric Bana en los momentos dramáticos alcanza lo risible por sobreactuada. La naturalidad de las escenas queda fuera de la pantalla. Y claro, todo esto revierte en que no hay cine en la pantalla. Todo el cine se ha quedado fuera de la sala.
Así, cuando llega el desenlace, hace mucho rato que ha dejado de interesarnos aquéllo que nos cuenta, el mensaje consciente se ha traducido en cero emociones inconscientes. Spielberg ha generado euros e insatisfacciones.
viernes, febrero 10, 2006
BROKEBACK MOUNTAIN (Ang Lee): 8
Desconozco cuáles son las reglas por las que una película nacida para sestear por la taquilla se convierte en una segura ganadora de Óscar. Desconozco qué hay que hacer para, pariendo buen cine, llegar a gustar a ese público nada iconoclasta que forma la Academia. Lo que sí sé es que, gane o no, Brokeback Mountain es una película estupenda. Limpia, sólida y absorbente.
Supongo que el hecho que ha llevado a Brokeback Mountain a ser famosa, que no célebre, es el hecho de contar una historia homosexual en manos de dos personajes tan heterosexuales como dos cowboys. Así contada, la anécdota no deja de ser tan llamativa como cualquier comedieta americana resumida en un log-line. La diferencia, lo que lleva a Brokeback Mountain a ser célebre, que no famosa, es Ang Lee.
Y es que el taiwanés vuelve a dar una clase magistral de lo que es dirigir, de lo que es traducir en imágenes una historia con todos los peligros de convertirse en otra película más de amores prohibidos. Y lo hace mediante una ortografía tan sutil que parece más obra de guionista que de sabio director. Pero no nos equivoquemos. Bajo esa dramaturgia que logra sortear el peligro de una historia que sucede en veinte años, no se encuentra la mano de un ávido escritor, sino de un contador de historias que sabe tomar lo sustancial de cada momento y unirlo por un hilo invisible hasta que los años transcurridos entre una secuencia y otra no parezcan sino noches, hasta dotar al relato de una continuidad que no estaba en el original.
Es ése el gran mérito de una obra escrita para ser leída, concebida para ser culebrón. Es el mérito de un gran director que, mientras busca su nueva "Tormenta de hielo", encuentra obras notables sobre las que seguir dando rentabilidad a los estudios, permisos para seguir buscando. Es la obra de alguien que integra actores primarios, secundarios y terciarios en un registro común casi al modo de Haneke. Es la obra de alguien que seduce mediante la música, pero que no necesita encontrar la emoción en sus acordes, sino que la deja para el silencio de la naturaleza. Es la obra de alguien que monta como el mismísimo Dios, dándole ritmo a algo nacido para ser reiterativo. Es la obra de uno de los grandes, que sabe que para serlo, hay que dirigir haciéndose pequeño, haciéndose invisible.
Supongo que el hecho que ha llevado a Brokeback Mountain a ser famosa, que no célebre, es el hecho de contar una historia homosexual en manos de dos personajes tan heterosexuales como dos cowboys. Así contada, la anécdota no deja de ser tan llamativa como cualquier comedieta americana resumida en un log-line. La diferencia, lo que lleva a Brokeback Mountain a ser célebre, que no famosa, es Ang Lee.
Y es que el taiwanés vuelve a dar una clase magistral de lo que es dirigir, de lo que es traducir en imágenes una historia con todos los peligros de convertirse en otra película más de amores prohibidos. Y lo hace mediante una ortografía tan sutil que parece más obra de guionista que de sabio director. Pero no nos equivoquemos. Bajo esa dramaturgia que logra sortear el peligro de una historia que sucede en veinte años, no se encuentra la mano de un ávido escritor, sino de un contador de historias que sabe tomar lo sustancial de cada momento y unirlo por un hilo invisible hasta que los años transcurridos entre una secuencia y otra no parezcan sino noches, hasta dotar al relato de una continuidad que no estaba en el original.
Es ése el gran mérito de una obra escrita para ser leída, concebida para ser culebrón. Es el mérito de un gran director que, mientras busca su nueva "Tormenta de hielo", encuentra obras notables sobre las que seguir dando rentabilidad a los estudios, permisos para seguir buscando. Es la obra de alguien que integra actores primarios, secundarios y terciarios en un registro común casi al modo de Haneke. Es la obra de alguien que seduce mediante la música, pero que no necesita encontrar la emoción en sus acordes, sino que la deja para el silencio de la naturaleza. Es la obra de alguien que monta como el mismísimo Dios, dándole ritmo a algo nacido para ser reiterativo. Es la obra de uno de los grandes, que sabe que para serlo, hay que dirigir haciéndose pequeño, haciéndose invisible.
domingo, enero 22, 2006
VOLANDO VOY (Miguel Albaladejo: 7)
Año a año, obra a obra, se confirma que Miguel Albaladejo es uno de los mejores directores de España.
Si en sus colaboraciones con Elvira Lindo, nos ha entregado personajes irresistibles y carcajadas encadenadas, con la independencia, ha perdido (algo) en risas para ganar (algo) en emociones. En lo que no ha cambiado es en el oficio, en su visión siempre tierna, coherente y caleidoscópica de los personajes, en su entendimiento de sus razones para mostrarlos tal y como son. Tan cercanos como reales, tan queribles como odiables.
Así, aun cuando toma un texto y una biografía tan plausible de hagiografía como el de la vida de "El Pera", Albaladejo es capaz de mostrar al delincuente que fue y al niño que no fue. Y para eso, nos deja ver una familia que huele a verdad, con un padre al que le duelen las hostias que le damás que al hijo, con una madre que justifica lo injustificable si viene de su niño, con unas hermanas que le admiran con egoísmo material, con un hijo que trata de llamar la atención a doscientos por hora y sin cinturón.
Gracias a esa verdad, transmitida con humor y emoción, y obviando el aprendizaje y el aburrido crecimiento posterior, disfrutamos de su vida con el interés de las grandes historias. Porque es una historia pequeña, Albaladejo consigue que sea grande. Consigue volver a hacernos llorar. Consigue que volvamos a esperar su próxima cita anual.
Si en sus colaboraciones con Elvira Lindo, nos ha entregado personajes irresistibles y carcajadas encadenadas, con la independencia, ha perdido (algo) en risas para ganar (algo) en emociones. En lo que no ha cambiado es en el oficio, en su visión siempre tierna, coherente y caleidoscópica de los personajes, en su entendimiento de sus razones para mostrarlos tal y como son. Tan cercanos como reales, tan queribles como odiables.
Así, aun cuando toma un texto y una biografía tan plausible de hagiografía como el de la vida de "El Pera", Albaladejo es capaz de mostrar al delincuente que fue y al niño que no fue. Y para eso, nos deja ver una familia que huele a verdad, con un padre al que le duelen las hostias que le damás que al hijo, con una madre que justifica lo injustificable si viene de su niño, con unas hermanas que le admiran con egoísmo material, con un hijo que trata de llamar la atención a doscientos por hora y sin cinturón.
Gracias a esa verdad, transmitida con humor y emoción, y obviando el aprendizaje y el aburrido crecimiento posterior, disfrutamos de su vida con el interés de las grandes historias. Porque es una historia pequeña, Albaladejo consigue que sea grande. Consigue volver a hacernos llorar. Consigue que volvamos a esperar su próxima cita anual.
EL JARDINERO FIEL (Fernando Meirelles): 6,5
No puedo evitarlo. Siempre me ocurre lo mismo. Las pequeñas historias me producen grandes emociones, y las grandes, pequeñas. Así que ya aviso. Si todo lo digo es siempre subjetivo, en el caso de esta intachable película, todavía lo será más.
Y es que en la barbaridad de lo que cuenta "El jardinero fiel" encuentro en la razón más argumentos que en las sensaciones. Si me pongo analizarla fríamente, le encuentro virtudes, coherencia y maestría actoral, pero si me pongo a vivirla, tengo que volver a recurrir al análisis para engrandecerla.
Y no es que sea aburrimiento lo que me provoca esta segunda obra de Meirelles. Todo lo contrario, su metraje circula con precisión y avance lógico, y se sigue con más interés que vibración. El problema radica en el tema elegido. La denuncia de la industria farmacéutica y su impacto en cientos de millones de personas es de tal obviedad y tan grandes dimensiones que resulta excesiva para mi mundo minúsculo, que difícilmente puede condensarse en un par de gráficas imágenes. Y es ahí, en la ausencia de un elemento pequeño de identificación donde la película se convierte más en un thriller político de altas esferas que en un drama intimista y sentimental. Eso queda marcado adicionalmente por una fotograría que se acerca a lo turístico, disfrutando más de los planos generales que de los primeros planos. Y eso va en contra de la película. Porque si algo brilla, aparte de una excelente puesta en escena, es la vulnerabilidad y fuerza que dan Fiennes y Weisz a sus papeles. De ellos nacen los mejores momentos, los instantes íntimos, los que cuentan pequeñas cosas, los que dejan huella en la memoria y rozan las emociones.
Y es que en la barbaridad de lo que cuenta "El jardinero fiel" encuentro en la razón más argumentos que en las sensaciones. Si me pongo analizarla fríamente, le encuentro virtudes, coherencia y maestría actoral, pero si me pongo a vivirla, tengo que volver a recurrir al análisis para engrandecerla.
Y no es que sea aburrimiento lo que me provoca esta segunda obra de Meirelles. Todo lo contrario, su metraje circula con precisión y avance lógico, y se sigue con más interés que vibración. El problema radica en el tema elegido. La denuncia de la industria farmacéutica y su impacto en cientos de millones de personas es de tal obviedad y tan grandes dimensiones que resulta excesiva para mi mundo minúsculo, que difícilmente puede condensarse en un par de gráficas imágenes. Y es ahí, en la ausencia de un elemento pequeño de identificación donde la película se convierte más en un thriller político de altas esferas que en un drama intimista y sentimental. Eso queda marcado adicionalmente por una fotograría que se acerca a lo turístico, disfrutando más de los planos generales que de los primeros planos. Y eso va en contra de la película. Porque si algo brilla, aparte de una excelente puesta en escena, es la vulnerabilidad y fuerza que dan Fiennes y Weisz a sus papeles. De ellos nacen los mejores momentos, los instantes íntimos, los que cuentan pequeñas cosas, los que dejan huella en la memoria y rozan las emociones.
viernes, enero 20, 2006
LOS CÓRDOBAS DE ORO
Los Córdobas de Oro siguen vivitos y coleando. Os paso el estado de vuestras votaciones, para que conozcáis cómo va y podáis seguir siendo los dueños del destino de estos productos.
MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
Million Dollar Baby (Clint Eastwood): 20%
Hierro 3 (Kim ki Duk)
Match Point (Woody Allen): 20%
Entre copas (Alexander Payne): 60%
Código 9 (Michael Winterbottom)
Hierro 3 (Kim ki Duk)
Match Point (Woody Allen): 20%
Entre copas (Alexander Payne): 60%
Código 9 (Michael Winterbottom)
MEJOR PELÍCULA ESPAÑOLA
No sos vos, soy yo (Juan Taratuto)
Para que no me olvides (Patricia Ferreira)
Habana Blues (Benito Zambrano)
El aura (Fabián Bielinski)
Princesas (Fernando León de Aranoa) 100%
Para que no me olvides (Patricia Ferreira)
Habana Blues (Benito Zambrano)
El aura (Fabián Bielinski)
Princesas (Fernando León de Aranoa) 100%
MEJOR DIRECTOR
Kim ki Duk (Hierro 3)
Woody Allen (Match Point) 100%
Fabián Bielinski (El aura)
David Cronenberg (Una historia de violencia)
Carlos Reygadas (Batalla en el cielo)
Woody Allen (Match Point) 100%
Fabián Bielinski (El aura)
David Cronenberg (Una historia de violencia)
Carlos Reygadas (Batalla en el cielo)
MEJOR ACTOR
Diego Peretti (No sos vos, soy yo)
Bruno Ganz (El hundimiento)
José García (Arcadia)
Guillermo Toledo (Seres queridos)
Thomas Haden Church (Entre copas)
Bruno Ganz (El hundimiento)
José García (Arcadia)
Guillermo Toledo (Seres queridos)
Thomas Haden Church (Entre copas)
MEJOR ACTRIZ
Hillary Swank (Million Dollar Baby)
María Ballesteros (Princesas)
Sharon Stone (Flores rotas)
Virginia Madsen (Entre copas) 100%
Marta Etura (Para que no me olvides)
María Ballesteros (Princesas)
Sharon Stone (Flores rotas)
Virginia Madsen (Entre copas) 100%
Marta Etura (Para que no me olvides)
MEJOR GUIÓN
Woody Allen (Match Point): 100%
Alexander Payne y Jim Taylor (Entre copas)
David Magee (Descubriendo nunca jamás)
Agnes Jaoui y Jean-Pierre Bacri (Como una imagen)
Frank Boyce Cottrell (Código 9)
Alexander Payne y Jim Taylor (Entre copas)
David Magee (Descubriendo nunca jamás)
Agnes Jaoui y Jean-Pierre Bacri (Como una imagen)
Frank Boyce Cottrell (Código 9)
MEJOR SECUENCIA
Los dos lados de la cama: Lucía Jiménez y Verónica Sánchez se cuelan en la clase de baile
Entre copas: Paul Giamatti y Virginia Madsen conversan sobre sus gustos en vino. 100%
Match Point: Jonathan Ryis Meyers intenta cargarse a una anciana.
Descubriendo nunca jamás: Los niños montan un espectáculo teatral para Kate Winslet.
Torrente 3: Santiago Segura quiere salvar a la tripulación de un avión.
Entre copas: Paul Giamatti y Virginia Madsen conversan sobre sus gustos en vino. 100%
Match Point: Jonathan Ryis Meyers intenta cargarse a una anciana.
Descubriendo nunca jamás: Los niños montan un espectáculo teatral para Kate Winslet.
Torrente 3: Santiago Segura quiere salvar a la tripulación de un avión.
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