lunes, abril 09, 2007


Cada semana, sabrás qué debes y qué no debes ver de la cartelera.
-APOCALYPTO: 6,5. Apasionante como película de acción, discutible como documento histórico.
-AZUL OSCURO CASI NEGRO: 8. Entrañable y divertido drama humano.
-BABEL: 8,5. Compasiva y apasionante suma de tragedias.

-EL BUEN PASTOR: 7,5. Gran puesta en escena de historia excesivamente imbricada.
-LA CAJA KOVAK: 7,5. Thriller español que envuelve el vacío a la americana.
-CARTAS DESDE IWO JIMA: 6. La ligereza de Eastwood se torna solemnidad y aburrimiento.
-DIARIO DE UN ESCÁNDALO: 7. Apasionante intriga a la que sólo le falta duelo.
-INFILTRADOS: 8,5. Descomunal fuerza para una intriga apasionante.
-EL JEFE DE TODO ESTO: 4,5. Comedia con pretensiones y sin gracia.
-EL LABERINTO DEL FAUNO: 7,5. Perfecto y apasionante equilibrio entre realidad y ficción.
-EL LIBRO NEGRO: 7,5. Apasionante, sensual y sorprendente intriga.
-PEQUEÑA MISS SUNSHINE: 7,5. Divertida y pequeña, más entrañable que original.
-THE QUEEN: 7,5. Irónica y emotiva representación de la realidad monacal, no monárquica.
-TRISTRAM SHANDY: 7,5. Desternillante adaptación, tan fiel que se queda sin historia,
-LA VIDA DE LOS OTROS: 8. Fiel intriga que nos introduce en la fealdad del socialismo.
Si has visto alguna otra, que quieres recomendar o despreciar, éste es tu sitio.

La genialidad en estado puro: Quentin Tarantino

Este verano se cumplen tres años desde que se estrenó Kill Bill 2. Desde entonces, no ha habido nada que se acerque a ella. Este verano Quentin Tarantino vuelve a estrenar. Habrá que ver dónde llega.

Pocas veces en la historia un autor llega a la dosis de libertad que encontró Tarantino en Kill Bill. Es muy difícil gozar de esa libertad, tomar un material que sólo puede ser propio y transformarlo en tal obra maestra, en tal obra intemporal que cruzará los tiempos y los géneros.

Conjunción de homenajes y parodias, de formatos y estilos, de amigos y desconocidos, Tarantino es una obra nacida del enorme placer que para él significa el cine. Ajeno a los gustos de la mayoría, libre de las imposiciones de lo conocido, el eterno dependiente de videoclub se aferra al cine que ama y casi todos despreciamos. A partir de esas miles de peleas de kung-fu, de esas intrigas de yakuza, de ese misticismo manga de medio pelo, de esos duelos al sol mexicano y de esos paisajes de spaguetti western, Tarantino los une, reelabora y transforma en cine en estado puro. Cine de consumo y de arte y ensayo. Cine de risa y cine de reflexión, cine de intriga y cine de emoción.

En Reservoir Dogs aprendió a desestructurar impactando, en Pulp Fiction a reírse de todo lo que antes habíamos visto y en Jackie Brown a hacer cine clásico. Todos esos aprendizajes los suma en Kill Bill. La estructura es tan circular como fruto de la necesudad de impacto, la comedia sutil es continua, y la seriedad y clasicismo del epílogo causa de emoción y memoria. Todo está aleado, todo es natural. Todo nace de sus dos mayores virtud: divertirse y conocer al público actual. Con lo primero se lo pasa bomba y lo hace pasar bomba. Con lo segundo, crea un nuevo cine. Uno que nace de saber todas las imágenes que hemos ido acumulando en nuestro subconsciente, tenerlas en cuenta y reinterpretarlas. ¿Cómo? Metiéndolo en la narración, riéndose de él y rompiendo por sistema las expectativas del espectador. Así consigue un nuevo cine. Así está entrando en la historia.

domingo, abril 01, 2007

TRISTRAM SHANDY, A COCK AND BULL STORY (Michael Winterbottom): 7,5



Hay dos tipos de buenas películas: las que contienen grandes historias y las que hacen avanzar el cine. Tristram Shandy es de las segundas.

No sólo la historia que cuenta la película es pequeña, es que no hay historia. LLevando hasta el límite el espíritu del ensayo que adapta, Winterbottom es capaz de reflexionar y perderse, aun a riesgo de perder espectadores. Es su apuesta una apuesta suicida. Una apuesta que utiliza el humor para acercar a los personajes y, sobre todo, para mantener el interés del espectador.

Nunca antes el humor había jugado tan claramente este papel. La ausencia de historia obliga a tejer las reflexiones, meandros y vueltas con un hilo de comedia fina. Y, como en 24 Hour Party People, ahí Winterbottom, Boyce Cottrell y Coogan se desenvuelven como los ángeles. Su mordacidad y autoironía nos devuelven un regalo en forma de carcajadas constantes que nos provocan tanta comprensión y amor por los personajes como incomprensión de la adaptación.

Risa a risa, Winterbottom va adentrándose en nuestros subconscientes al mismo tiempo que asistimos a la consecución de su noble y suicida objetivo. El espíritu de Vida y opiniones de Tristram Shandy aparece en pantalla. Y lo hace con una historia que no es sino un cuento chino, una soplapollez que sólo vale la pena si es realmente divertida. Y ésta lo es.

sábado, marzo 31, 2007

DIARIO DE UN ESCÁNDALO (Richard Eyre): 7

Supongo que sorprenderá la incoherencia de la nota de 7 si añado que ésta es una película perfecta. Es perfecta por el perfecto equilibrio entre ambición y oferta, entre lo que pretende y lo que da. Todo lo que busca, lo encuentra. Todo lo que quiere dar, lo ofrece.

El guión del autor de Closer es perfectamente antitético al de su obra teatral. Donde allí había recovecos y giros sorpresa, aquí no hay más que coherencia y lógica. Donde allí había diálogos rebuscados e inteligentes, aquí hay acciones que hacen avanzar la trama. Donde allí había escenas inolvidables, aquí hay una trama asentada y creciente.

Richard Eyre toma ese material y lo arma como un buen artesano. Se apropia de él y lo eleva hasta cotas de intriga razonable y espectáculo contenido. Hay tanto control y buen hacer en lo que Eyre propone, que quizá se echa de menos un poco más de espíritu kamikaze que transforme las escenas en duelos. Es por ello que las actrices y el niño destacan, pero quizá no se comen la película como a ratos pedía.

Queda una película intrigante y notable, tan pulcramente británica que le falta la arrogancia americana para convertirse en un clásico.


jueves, marzo 22, 2007

EL JEFE DE TODO ESTO (Lars Von Trier): 4,5



Es difícil escribir una crítica de esta película sin insultar. Así que como es tan difícil y yo soy un mierda, me lanzaré a difamar.

Lars Von Trier es un gilipollas, un genio tan consciente de su genio que cada vez, se vuelve más gilipollas. Alguien que de tan encantando que está de conocerse, nada le hace más gracia que sí mismo y piensa que a los demás también nos tiene que hacer gracia él. Y francamente, no nos hace ni puta gracia.

Hacía tiempo que no veía en el cine deserciones en masa. En la sesión nocturna donde se proyectó, hubo más gente que se marchó que la que se quedó. Y entre los que se quedaron, más de la mitad lo hicieron dormidos. Como uno de los pocos que se quedó, me siento todavía más capaz de vejar al genio danés.

Son ya muchas sus películas, y cuanto más pasa el tiempo, más sube su apuesta por la innovación y más baja su calidad. Si innovar supone generar valor mediante nuevas propuestas, él cada vez genera menos. Porque sus innovaciones cada vez poseen menor sentido. El Dogma tenía sentido. Daba amateurismo, sensación de realidad, hacía la historia más creíble de lo que era. Las rayas en el suelo eran una gilipollez que sólo la soportaban una historia decente y unos actores excelentes. El salto a la freecamara es ya definitivo. Este tipo ha perdido para siempre el sentido. ¿Por qué hacer infinitos cortes si la escena es lineal? ¿Por qué perder la mejor forma de ver la escena? ¿Por qué quitar credibilidad a lo acontecido?

Si en estilo naufraga Von Trier, lo que le lleva a hundirse de forma definitiva es el texto. Nunca fue un buen guionista. Tiende a lo tópico y a lo obvio. Pero como tenía un poder visual tan enorme, el texto pasaba a un segundo plano. Ahora que sólo se sustenta en argumento, diálogos y chistes, hace el ridículo en los dos últimos. Si los diálogos tienden a ser elementales, los gags son exagerados, carentes de gracia.

En definitiva, a esta película sólo lo salva un argumento, que en sinopsis daba para una obra maestra de la comedia, y que el petulante danés convierte en una más de sus soplapolleces. Probablemente, la peor de todas.

lunes, marzo 12, 2007

PEQUEÑA MISS SUNSHINE (Valerie Faris & Jonathan Dayton): 7,5


La ventaja de ver y recomendar una peli como "Pequeña Miss Sunshine" es que gusta a cualquiera. Tiene los suficientes componentes como para entretener y enternecer a todos los paladares.

El adicto al cine comercial siente que su cerebro se está alimentando con algo distinto, al mismo tiempo que su subconsciente no padece por estar viendo una historia bonita, de aprendizaje y familia. El intelectual pelmazo del cine de autor se da cuenta de la escasa originalidad de la propuesta, pero agradece el sentido del humor marciano y la causticidad ocasional de la propuesta. Y el espectador adulto y medianamente cultivado agradece sobremanera la mezcla de diversión y crítica, de emoción y mensaje. No sólo a todos gusta, sino que a todos gusta lo mismo. Como diría Timothy Hutton en esa obra maestra que es "Beautiful Girls", todos le pondrían "un ajustado siete y medio".

Su guión parte de una buena premisa, algo tirada por los pelos. Los personajes tienen el punto justo de diferencia y la mirada de bondad que los convierte en empáticos. El argumento avanza a la velocidad de la camioneta, que no es sino la de su aprendizaje. Y la coherencia está más en la forma que en el fondo. Todo cuadra medianamente y nada cuadra del todo. Todo entretiene y divierte y nada acaba siendo inolvidable.

Se pasa bien, se pasa el rato y no agrede el cerebro. Se ve, se disfruta y se olvida. Como un concurso de belleza. Como la vida.

domingo, marzo 04, 2007

Arriaga y/o Iñárritu


Estos días ha salido a la luz lo que todos sabíamos. El descomunal divorcio de la pareja puede ser una de las principales catástrofes del cine moderno.

Una vez más, la naturaleza humana puede por encima de la razón. Aunque ambos puedan saber que son mejores junto al otro, el prisma deformante de la vanidad puede con todo. A veces, hasta te devuelve tu propia imagen, ampliada y a punto de resquebrajarse. Es lo que puede suceder con González Iñárritu y Arriaga. El tiempo dirá si es lo que sucede.

Vaya por delante que soy gran admirador de ambos. Creo en Arriaga y creo en Iñárritu, pero creo más en ambos. Creo en Amores perros, creo en 21 gramos y creo en Babel. Creo bastante en Los tres entierros de Melquíades Estrada. Creo menos en el corto del 11-S.

Si tengo que mojarme, diré que intuyo que el ego de Arriaga es más pernicioso que el carácter de Iñárritu. Tuve la fortuna de conocer un rato a Iñárritu en Donosti, y me sorprendió. Me pareció un buen tipo. Pero también, si tengo que mojarme, diré que como guionista que es, Arriaga necesita menos a Iñárritu que al revés. Los descomunales conflictos, el sexo soterrado, la violencia animal del cazador mexicano puede ser perfecto alimento para la sangre de otros narradores visuales. Pero además, tiene una ventaja. Arriaga no necesita a nadie para completar su arte. Porque aunque nadie le complemente, sólo con sus libros ya puede pasar a la historia. El que haya tenido la fortuna de leer "El búfalo de la noche", sabe que Arriaga es capaz de articular él solito una de las más grandes obras en castellano, quizá la mejor del siglo XXI. Y ahí Iñárritu no existía. Por supuesto, que si Iñárritu se decidiera a pasarla a la pantalla, nadie como el león musical para transformar esa violencia bestial en conflictos soterrados que explotan retroalimentándose, nadie como él para hacer de México D.F. el plató de la globalización y el plato de la mendicidad. Nadie como ambos para sumarse cinematográficamente y restarse personalmente.

Siendo como es el cine un arte colectivo, el uno necesita del otro. Veremos cómo se complementan, veremos cómo se alimentan. Veremos si el divorcio no es sino una autodestrucción justo antes de pasar a la historia.

jueves, febrero 22, 2007

LA VIDA DE LOS OTROS (Florian Henckel von Donnersmarck): 8

El socialismo es una mierda. Si Karl Marx viera en qué se convirtió su idea, volvería atrás, quemaría El Capital y decidiría dedicarse al arte para generar belleza. Porque si algo hizo el socialismo fue generar fealdad.

Bajo la apariencia de cine con mensaje, "La vida de los otros" no es una película política. Y por lo tanto, ni es tendenciosa, ni trata de cambiar el mundo. Sólo lo muestra como es. Sólo lo muestra como fue. Y el mundo artificial y huxleyliano que crearon los seguidores de Marx podía ser justo o no, igualitario o no, libre o no, pero desde luego, era horrible. Es muy difícil concentrar tanto mal gusto en los edificios, en la ropa, en los coches, hasta en las caras. Todo lo que tocaba el socialismo se tornaba feo. A las a las actrices les salían ojeras; a las atletas, bigote; a las putas, cubos de grasa; a los ministros, corrupción; a los poetas, crisis creativa y a los oficiales de la Stasi, falta de rigor. La combinación de todo ello produjo un índice de suicidios digno de un Corredor de la Muerte que no fue sino la causa verdadera de la rotura del Muro. Y toda esta tristeza que no nace sino de la fealdad, la película la muestra con un grado de fidelidad y profundidad que cala tanto dentro, que agradeces el consumista mundo en el que naces a la vez que comprendes las traiciones de todos los protagonistas.

De eso va "La vida de los otros", de traiciones. De traiciones que asoman cuando se juntan todos los conflictos surgidos por ser quien quieres ser y no quien eres. En ese momento comienza la trama. Una trama que, al revés que en las películas políticas, te agarra de la solapa y no te suelta. Lo hace gracias a un guión que presenta siempre las mejores situaciones posibles, que tira de originalidad para tirar de coherencia. Sus notables personajes se encuentran con conflictos tan excepcionales que se vuelven cercanos y representativos, queribles y nada maniqueos.

Y la trama avanza sin red. Las emociones avanzan sin red. Al final queda una de las mejores películas alemanas estrenadas en España en los últimos diez años. Queda una película no política, que nos recuerda que para la felicidad no importa la ética, lo que importa es la estética.

jueves, febrero 08, 2007

El cine español es una mierda


Mira la cartelera.
Ahora mismo pagaría cero pelas por ver una película española.
La única pasable del año fue el Laberinto del Fauno y es más mexicana que española.
El mejor cine ahora mismo está en EEUU. Sin duda.

CHINO

lunes, enero 29, 2007

Los Goya 2007



Un año más se han celebrado los Goya. Y parece que este año sí puede considerarse que se han celebrado. Corbacho estuvo imponente, la idea de la media hora de diferencia dio una agilidad no antes vista, hubo competitividad por el desenlace y por una vez, la política se dejó para otros foros. Vamos, que desde la Sardá no se veía algo tan divertido. Quizá le faltó la emoción de los detalles del corazón, pero al menos, sí hubo cierta dignidad no exenta de glamour.

Otra cosa son los premios. Como no había demasiada hez, no ha habido demasiadas injusticias. Es de reseñar el ojo de la Academia para darse cuenta que los mejores actores del año habían sido los desternillantes Antonio de la Torre y Carmen Maura. Pero si no ha habido injusticias, sí ha habido ausencias incomprensibles. Que Viggo no ganara no responde más que Diego estaba sublime. Que Díaz-Yanes no arrasara no responde más que a la fama y pánico a la incomprensión de Almodóvar. Que David Trueba no se impusiera a Benpar entra dentro de la lógica incultura documental de los asistentes. Pero que "Salvador" ganara el guión adaptado responde a manifiestos políticos que ni vienen al caso ni tienen que ver con una deleznable estructura que no respeta los puntos de vista ni la equidistancia temporal del desenlace.

El próximo año habrá nuevas injusticias y nuevas ausencias. Espero que también haya tantas buenas películas, tantos éxitos de taquilla. Será un año difícil porque sólo presentará largo dos de los grandes, Medem y De la Iglesia. Habrá que ver qué presentan los jóvenes, qué nos dan los renovadores.

lunes, enero 22, 2007

Las pelis de la cartelera


Cada semana, sabrás qué debes y qué no debes ver de la cartelera.
-ALATRISTE: 9. Obra intemporal, que aúna épica y desencanto.
-APOCALYPTO: 6,5. Apasionante como película de acción, discutible como documento histórico.
-AZUL OSCURO CASI NEGRO: 8. Entrañable y divertido drama humano.
-BABEL: 8,5. Compasiva y apasionante suma de tragedias.
-BRICK: 8. Cine negro adolescente, que mezcla Coen y Lynch.
-CABEZA DE PERRO: 8. Tan rara como emotiva historia de amor.
-LA CAJA KOVAK: 7,5. Thriller español que envuelve el vacío a la americana.
-CARTAS DESDE IWO JIMA: 6. La ligereza de Eastwood se torna solemnidad y aburrimiento.
-LA DALIA NEGRA: 7,5. Narración prodigiosa sin la magia de De Palma.
-DESAYUNO EN PLUTÓN: 7,5. Divertido e irreverente cuento para todas las plateas.
-DIARIO DE UN ESCÁNDALO: 7. Apasionante intriga a la que sólo le falta duelo.
-FICCIÓN: 8,5. Morosa, hiperrealista y emotivísima historia de amor.
-HOLLYWOODLAND: 7,5. Bajo el envoltorio del cine negro, profundo drama humano.
-HOLIDAY: 5,5. Alargada, cursi y exenta de gracia intromisión en personajes muy actuales.
-EL ILUSIONISTA: 6. Gran ambientación y prólogo para decepcionante epílogo.
-INFILTRADOS: 8,5. Descomunal fuerza para una intriga apasionante.
-EL JEFE DE TODO ESTO: 4,5. Comedia con pretensiones y sin gracia.
-EL LABERINTO DEL FAUNO: 7,5. Perfecto y apasionante equilibrio entre realidad y ficción.
-EL LIBRO NEGRO: 7,5. Apasionante, sensual y sorprendente intriga.
-MARÍA ANTONIETA: 7. Imágenes y música de ensueño para una historia algo alargada.
-MUJERES EN EL PARQUE: 6,5. Impreciso pero coherente muestra de emociones.
-LA NOCHE DE LOS GIRASOLES: 8. Thriller rural brutal, desasosegante.
-PEQUEÑA MISS SUNSHINE: 7,5. Divertida y pequeña, más entrañable que original.
-THE QUEEN: 7,5. Irónica y emotiva representación de la realidad monacal, no monárquica.
-LA SILLA DE FERNANDO: 8. Desternillante conversación convertida en oda a la vida.
-TRISTRAM SHANDY: 7,5. Desternillante adaptación, tan fiel que se queda sin historia,
-LA VIDA DE LOS OTROS: 8. Fiel intriga que nos introduce en la fealdad del socialismo.
-EL VIENTO QUE AGITA LA CEBADA: 6,5. El cantautor Loach reivindica con fuerza Irlanda.
-VOLVER: 7,5. Sorprendente y desternillante vuelta a los orígenes de Almodóvar.
Si has visto alguna otra, que quieres recomendar o despreciar, éste es tu sitio.

LA CAJA KOVAK (Daniel Monzón): 7,5


Tras tres películas de géneros distintos, a Daniel Monzón comienza a vislumbrársele unas características propias.

Director potente y montador excelente, su cine es una carga de energía cinética que abruma al espectador, llevándole por una narración imparable. Ese ritmo y una temática siempre más cercana a la acción que a la reflexión, le generan un aire de comercialidad que muchos confunden con Hollywood.

Desde luego, no estamos en territorios de cine patrio. Como con Amenábar, pero aquí todavía más explícito, Monzón lleva la historia hacia sucesos que mejor acontecerían en Orange County. Y aquí comienza la exigencia del espectador. Siempre se ha dicho que al espectador español le cuesta aceptar una pistola. Bien, al espectador español todavía le cuesta más aceptar las tramas cinéticas de Monzón.

Porque sus tramas y sus imágenes no son sino el resultado de su cinefilia de palomitas. Y sigue viva en “La caja Kovac”. Si “El corazón del Guerrero” nos llevó hasta al universo de Paul Verhoeven y “El robo más grande jamás contado” nos acercó a Álex de la Iglesia, ahora pone sus miras en Brian de Palma. Porque es en él, y no en Hitchcock como se ha comentado, en quien pone el foco y llega a mimetizar su estilo de tal modo que sus secuencias adquieren la energía del italoamericano. Gracias a obsesiones psicoanalíticas y a vueltas de tuerca de un guión entre la mimesis de tres tipos de historias (conspiración, metalingüística y ladrón de cadáveres) y el hallazgo argumental, sus ampulosos movimientos de cámara consiguen una naturalidad que llega incluso a superar la del maestro del suspense de los 70. La dirección es su mayor activo. Gracias a ella, logra sacar el máximo partido de escenas correctamente escritas, llevando al espectador hasta un clímax notable, hasta un desenlace donde se vuelven a poner sobre la mesa todos sus referentes.

El problema llega al aparecer la palabra “fin”. Y no es el “fin” en sí mismo, simétrico, coherente y nada complaciente. Es la sensación de pompa de jabón, de algo que se ha inflado y explota solo. Es la sensación de que no resiste ningún análisis profundo, de que como De Palma, nos ha llevado por territorios apasionantes para contarnos una historia que no cuenta gran cosa. Queda la pasión y queda la acción, sólo hay que obviar la reflexión.

lunes, enero 08, 2007

BABEL (Alejandro González Iñárritu): 8,5

Aunque nominalmente sea la tercera, Babel es la primera película de González Iñárritu. Las otras dos anteriores, tan aparentemente aparecidas, han de ponerse en el debe de su guionista, Guillermo Arriaga.

Y es que el cine de González Iñárritu tiene hasta ahora patrones comunes. Amores perros, 21 gramos y Babel comparten estructuras fragmentadas, escasa linealidad, tragedias brutales y personajes en lucha. Pero si en las primeras se anteponía la crudeza, ahora se impone la compasión. Si en las primeras se apostaba por la visión caleidoscópica, ahora se impone la única. Si en las primeras se priorizaba el conflicto, ahora se opta por la narración. Si las primeras las contaba un escritor, ahora las cuenta un director.

Recomiendo a cualquiera pasar por las novelas de Guillermo Arriaga. Construye obras maestras como quien monta muebles de Ikea. Su fuerza se mantiene intacta en el paso al celuloide. Sexo sucio, violencia animal, personajes atormentados que hacen aposta malas acciones para un buen fin... El bien necesita al mal, para Arriaga. Saturado de dolor y de maldad, González Iñárritu decide en su primera experiencia ante el ordenador mezclar alguna de las constantes de su colaborador con una nueva visión del mundo. Una en la que siguen habiendo tragedias, pero no producto del ser humano, sino más bien de Dios (o como se quiera llamar al azar). Todos los personajes de Babel son esencialmente buenos. Y eso les salva cuando se equivocan. Eso permite contemplar sus brutales melodramas con una mirada en la que caben las lágrimas, en la que cabe la empatía.

Ya no cabe la hijadeputez de Fernando Echeverría o de Sean Penn, ahora brilla la bondad redentora de un Brad Pitt en estado de gracia. Como director, no ha hecho más que mantener su impresionante fuerza en las secuencias, su descomunal aprovechamiento de los conflictos interiores, su uso de la cotidianeidad como fuente de violencia, su maestría en la sala de montaje. Como contador de historias, ha apartado de su mirada la muerte de su hijo, ha ganado sin quererlo en comercialidad.

Quizá ya nunca más cuente nada tan magistral como el segundo mediometraje de Amores perros. Quizá nunca más apueste por la destrucción como origen. Quizá siga consiguiendo obras notables como quien compra muebles de Ikea. Quizá ahora crea en el ser humano. Quizá cuente sus propias historias.

lunes, diciembre 11, 2006

LA SILLA DE FERNANDO (David Trueba y Luis Alegre): 8

No creo que suceda como con ese extraño fenómeno de masas que es "El gran silencio", pero sí me sorprendió ver ayer el cine Princesa abarrotado para ver la "película-conversación" de David Trueba, su desternillante y emotivo documento, su película. Porque lo que más me sorprendió no fue Fernán-Gómez, que me enamoró, sino que la película fuera tan suya. Me pareció que en su visión del mundo, en su humor y en sus contradicciones, en sus barbaridades y en su lucidez, había mucho del cine del pequeño de los Trueba, mucho de sus libros, mucho de lo que enseña, mucho de él. Mucho de lo que admira y manifiesta, muy poco maniqueísmo y mucha comprensión.

Como muchos de los que habitábamos la sala, mi novia entró con pánico ante una conversación filmada. Sin embargo, ella, yo y todo el resto de la sala pasamos un rato maravilloso. Salimos más felices y mejores personas, habiendo reído, aprendido y valorado. Es obvio que, por la elección del género, tiene muchas limitaciones, pero me encanta cómo Alegre y Trueba las asumen y se entregan a un ejercicio de cero autoría, de dejar que el genio hable y deje posteridad, de dejar que el genio se equivoque y se le quiera cada vez más. De verdad, que gracias a ellos, pasamos uno de los ratos más realmente divertidos y entrañables del año.

martes, noviembre 21, 2006

FICCIÓN (Cesc Gay): 8,5


No es fácil saber qué lleva a un autor a decidir cuál va a ser su siguiente película. Supongo que el hecho de que la anterior haya sido un notable éxito, complica todavía más el proceso. Aumentan las dudas y los folios tirados, aumenta la presión y el temor. Para Cesc Gay, el resultado ha sido que del temor ha salido algo mejor, algo más íntimo.

No sé cuánto hay de propio en el personaje que Eduard Fernández eleva hasta el cielo de la pantalla. Lo que sí sé es que lo que cuenta Gay parece tan cercano que se convierte en documento resumen de un momento de la vida. La crisis de los diez años de matrimonio, de los hijos crecidos a la felicidad y el consumo, de la rutina diaria que se parece poco a lo soñado y de los objetivos vitales que se parecen mucho a los buscados. La crisis de los cuarenta. La crisis.

Esa crisis es tomada por Cesc Gay como punto de origen de una tristeza vital que envuelve a todo el largometraje y que todavía remarca más la maravillosa naturaleza alegre del enamoramiento. Y como si fuera una mezcla de Pollack y Bresson, Gay se apunta al hiperrealismo sin dejar de ser sumamente romántico. Se apunta a mostrar la torpeza del ser humano, la diferencia entre lo que quiere y lo que se atreve, sin permitir que la vida no deje de iluminarse por los sentimientos. Aunque no se muestren. Aunque se queden en esa ficción sublime que es la vida no vivida. Aunque nos lleven a otra ficción todavía más sublime que es la vida cinematográfica.

sábado, noviembre 04, 2006

INFILTRADOS (Martin Scorsese): 8,5

Para Scorsese, el cine ha dejado de ser un medio de autoexpresión para devenir en un espectáculo. Pero qué espectáculo.

Pocas veces se consigue ver una película de intriga en la que te aten a la butaca y te lleven en un tour de force repleto de giros y subgiros de trama. Lo hace gracias a su infinita capacidad de narración, a unos actores apropiadísimos y sobre todo, gracias a un montador en estado de gracia que transforma en creíble lo que para otro habría sido increíble. De este modo, desde que uno se sienta en el cine hasta que, aturdido, se levanta, sus párpados no se han movido; sus pestañas, tampoco. Todo el cuerpo se ha visto sometido a una agitación continua, que ha sobresaltado sus emociones, que ha obviado el corazón.

Y aquí está el único defecto de la película junto a su condición de no original. No está claro si es sólo producto del acortamiento de la peli o si es cosa de la pérdida autoral de Marty, pero lo que sí está claro es que, película tras película, Scorsese obvia aquéllo que mueve su corazón. Sus problemas de fe ahora sólo son un prólogo que meter con calzador, sus antiguos problemas de adicciones ahora no son más que una llaga de un personaje cuaternario, su cinefilia militante ahora no es más que motor de algún homenaje tan obvio como baldío. Scorsese ya no está en lo que narra y por eso el espectador ya no llora lo narrado. Por eso ha saltado de su contemporáneo De Niro a su posible hijo Di Caprio. Por eso acepta al excesivísimo Nicholson por encima del sublime y amigo Keitel. Por eso toma al correcto Damon, y lo eleva hasta ser el mejor de la función.

Pero Scorsese es un genio. Capaz de mover las mandíbulas de cualquier espectador, capaz de acribillarle a balazos de tensión, capaz de escribir sin ponerse ante un papel en blanco, capaz de reinventarse de autor en artesano. Capaz de ser el mejor de los artesanos.

martes, octubre 24, 2006

Las pelis de la cartelera

Cada semana, sabrás qué debes y qué no debes ver de la cartelera.
-ALATRISTE: 9. Obra intemporal, que aúna épica y desencanto.
-EL ARCO: 8. Redonda y preciosa metáfora visual.
-AZUL OSCURO CASI NEGRO: 8. Entrañable y divertido drama humano.
-BABEL: 8,5. Compasiva y apasionante suma de tragedias.
-BRICK: 8. Cine negro adolescente, que mezcla Coen y Lynch.
-CABEZA DE PERRO: 8. Tan rara como emotiva historia de amor.
-CAMINO A GUANTÁNAMO: 8,5. Desasosegante e implacable dramatización de la realidad.
-CATTERINA VA A ROMA: 5,5. El exceso de rabia quita verdad y risas.
-LAS COLINAS TIENEN OJOS: 7,5. Tan terrorífica que es insoportable.
-CORRUPCIÓN EN MIAMI: 7. Acción con toda la potencia de Michael Mann.
-LA DALIA NEGRA: 7,5. Narración prodigiosa sin la magia de De Palma.
-DESAYUNO EN PLUTÓN: 7,5. Divertido e irreverente cuento para todas las plateas.
-EL DIABLO SE VISTE DE PRADA: 5,5. Facilona pero divertida inmersión en los sueños femeninos.
-EN LA CAMA: 6. Tan interesante como decepcionante.
-FICCIÓN: 8,5. Morosa, hiperrealista y emotivísima historia de amor.
-GRIZZLY MAN: 9,5. Estremecedor y desternillante documental acerca de la insania como motor.
-HOLLYWOODLAND: 7,5. Bajo el envoltorio del cine negro, profundo drama humano.
-HOLIDAY: 5,5. Alargada, cursi y exenta de gracia intromisión en personajes muy actuales.
-EL ILUSIONISTA: 6. Gran ambientación y prólogo para decepcionante epílogo.
-INFILTRADOS: 8,5. Descomunal fuerza para una intriga apasionante.
-EL LABERINTO DEL FAUNO: 7,5. Perfecto y apasionante equilibrio entre realidad y ficción.
-LA NOCHE DE LOS GIRASOLES: 8. Thriller rural brutal, desasosegante.
-LOS TRES ENTIERROS DE MELQUÍADES ESTRADA: 7,5. Western actual, crepuscular y emotivo.
-NUEVE VIDAS: 7,5. Coherente y potente suma de cortometrajes, ocasionalmente maestros.
-EL PRÓXIMO ORIENTE: 6,5. Divertida y alegre oda a la integración.
-THE QUEEN: 7,5. Irónica y emotiva representación de la realidad monacal, no monárquica.
-SALVADOR: 6. Muy entretenido pero alargado drama.
-LA SILLA DE FERNANDO: 8. Desternillante conversación convertida en oda a la vida.
-TIEMPO DE VALIENTES: 7. Desternillante peli de colegas a la argentina.
-UNA HISTORIA DE BROOKLYN: 6,5. Sincera, coherente y verdadera.
-UNA PARTIDA DE CAMPO: 6. Obra de más méritos pictóricos que cinematográficos.
-VERANO EN BERLÍN: 8. La ternura y el humor se cuelan en la cotidianeidad.
-EL VIENTO QUE AGITA LA CEBADA: 6,5. El cantautor Loach reivindica con fuerza Irlanda.
-VOLVER: 7,5. Sorprendente y desternillante vuelta a los orígenes de Almodóvar.
Si has visto alguna otra, que quieres recomendar o despreciar, éste es tu sitio.

viernes, octubre 13, 2006

EL DIABLO SE VISTE DE PRADA (David Frankel): 5,5

En tiempos de auge de las “fashion victim”, de proliferación de la mujer en puestos directivos y de problemas de conciliación entre la vida laboral y familiar, aparece una película tan sociológicamente oportuna como El diablo se viste de Prada.

Ante todo, es un producto más de la Fábrica de los Sueños. Responde al prototipo de película hecha para soñar durante un rato y olvidar el resto de la vida. Responde a la típica historia del patito feo que se convierte en cisne. Pero como manda el manual de procedimientos de fabricación, aunque el cisne se vea más apreciado al embellecerse las plumas y surcar los lagos, descubre que era más feliz cuando no era mucho más que un patito feo. Y por supuesto, no era tan feo.

Como tal, la película de David Frankel no tiene más relevancia. Su guión puede predecirse milimétricamente en el minuto cinco. Su interés viene más de la conexión con una audiencia mayoritariamente femenina que siempre ha soñado con portar un bolso de Prada, unos zapatos Manolo Blahnik o un vestido de noche de Valentino. Así, al modo de la eterna Audrey Hepburn o de la vieja Pretty Woman, la protagonista descubre que hay vida más allá de las chaquetas de punto y las faldas de franela. Deslumbrada por la luz de las prendas en el viaje en que lucha por que sus sueños se conviertan en realidad, Andrea tiene que entrar a competir en una revista que puede ser fiel reflejo de muchos de los males de la empresa actual.
Todo nace de la estructura y la estructura hace cultura. Andrea es contratada como asistente de la asistente de Miranda Priestley, la redactora jefe de una revista. Si su misión nunca llega a saberla; la de su compañera, menos. Cada una de ellas se embarca en una lucha interna en que el único cometido es cumplir con la tarea que se le acaba de encomendar. Su mirada nunca pasa de la hora de la comida, que por supuesto, no es sino la del ayuno. Ninguna de ellas propone nada, ninguna de ellas define nada, todo lo decide Priestley. Eso supone sobreesfuerzos por duplicidades y nulo aprendizaje colectivo. Cada una de ellas acaba sin vida, pero con el estómago más plano. Perfectamente estilizadas para el siguiente vestido. Perfectamente ineptas para nuevas responsabilidades.

Pero si el estilo de dirección proviene directamente del organigrama, lo peor es que en el proceso, las asistentes se olvidan de para quién trabajan. Como muchas de las empresas en las que vivimos, la orientación al jefe provoca el olvido sistemático del cliente. Si las asistentes sólo piensan en satisfacer a la redactora jefe, la redactora jefe sólo piensa en satisfacer a su accionista. Para ello, las primeras son obligadas a luchar entre ellas, y la segunda se dedica a dar codazos a la otra redactora jefe. El resultado es que el propio accionista pierde dinero por desembolsos ridículos, a los proveedores se les da un trato cochambroso y de los lectores no se habla hasta que el producto llega al quiosco.

Las reuniones de preparación de la edición se parecen a muchos Comités de Dirección. No sólo es que Priestley lo decida todo y lo deniegue todo, es que sujetos a la dictadura del conocimiento de la jefa, nadie tiene más que aportar que corroborar la opinión de Priestley. Y tras años al frente de la revista, el indudable talento de ésta deviene repetición por falta de ideas ajenas y alejamiento del mercado. Porque es que, por encima de todo, en las reuniones internas se habla de producto o de ventas, no de clientes. Nadie se detiene a analizar qué producto quiere el cliente, qué le interesa al lector, qué nuevos nichos de compradores aparecen. No se hace más que la revista que Priestley quiere. Si se vende la revista o no, los lectores lo decidirán. Poco tardarán en denegar a Priestley como ella lo hace con sus asistentes.

En la reunión se habla de elaboración de producto o de ventas, no de clientes. Nadie se detiene a analizar qué producto quiere el cliente, qué le interesa al lector, qué nuevos nichos de compradores aparecen. No se hace más que la revista que la jefa quiere.
La revista inventada por Hollywood seguirá sin aprender del propio Hollywood. Ese Hollywood que, calidad o arte aparte, siempre está al tanto de lo que gusta y preocupa, de lo que el público busca y paga.

viernes, septiembre 22, 2006

ALATRISTE (Agustín Díaz-Yanes): 9


Cada vez entiendo menos ciertas críticas. Ni las de la propia crítica ni las del público. No sé cuánto hay del prejuicio en sus juicios, y cuánto hay de su propio pensamiento.
El caso es que ayer vi Alatriste y todavía no se me va de la cabeza. Es un torrente de emociones contadas de forma magistral, bajo una épica del desencanto que permite explicar en un solo plano toda la historia de España.

El problema de no ver una película en un festival o, al menos, en la primera semana es que tu juicio ya no es uno en sí mismo , sino por comparación con todas las expectativas que te han generado. Y en mi caso, a fuerza de leer pero también de oír a amigos, entraba al cine como quien va al corredor de la muerte. Iba a ver una peli de trama muy confusa, con un Mortensen que no te lo creías ni en broma, larguísima, con demasiadas batallas y sí, bien ambientada, pero poco interesante.

Cuando salí del cine, con los ojos empapados en lágrimas y las piernas listas para el combate, me planteé si no habría entrado en otra sala. La trama no puede ser más clara. Díaz-Yanes ha logrado reducir cinco libros a un solo hilo argumental que funciona con el mecanismo de un reloj. El mayor peligro de una historia que cubre tantos años es que el periodo entre escena y escena cambie la narración. Pues aquí no es así, las intrigas palaciegas se retroalimentan, el desencanto se va sumando, la lucha de clases encarneciendo, pero nunca hay saltos temporales, el tiempo podría ser único y nada apenas cambiaría.

Sobre los actores, esperaba reírme según los viera u oyera. Eludiendo el hecho de que sorprende el salto que pueda dar un actor de “7 vidas” a hacer un personaje histórico y real, todos los actores están soberbios. Tanto representan en breves trazos a sus personajes como declaman como marca la exigencia del Siglo de Oro. Si Ugalde se muestra un todoterreno de la credibilidad y Anaya impoluta como víctima de sus propias ambiciones, es Ariadna quien luce resplandeciente, nacida para el papel. Y si Echanove y Eduard tienen la fuerza que les caracteriza, lo de Viggo Mortensen es de otro planeta. No sólo aporta el infinito carisma que el rol necesita, sino que lo dota de una sutileza de gestos, emociones, hombrías que lo elevan hasta la categoría de uno de los personajes más maravillosos de la historia del cine español. Y un personaje así no puede tener un habla convencional, tiene que tener un habla gallarda, vasca, especial. Y Mortensen se lo da, convirtiendo su defecto en virtud, en realidad, en fuerza, en determinación. Vamos, que en mi opinión, no sólo Viggo es el mejor Alatriste de los posibles, es el único de los posibles.

A partir de ellos y de un diseño de producción en el que todo el dinero se ve gastado en la pantalla sin necesidad de resaltarlo mediante grúas o indecentes planos generales, el equipo técnico de Tano construye una sobrecogedora atmósfera de épica y desencanto. La dirección artística es tan inmensa como los cuadros de Velásquez que son la fotografía. El vestuario es tan sucio como era la realidad de un siglo de oro que acabó siendo de mierda. Y es que la realidad de la pantalla parece la realidad de la vida. Y eso aporta una credibilidad a la acción que el Tano guionista se encarga de configurar, el Tano director de armonizar, y el Tano montador de implantar.

El producto final no es sino una obra maestra. Una obra a la que el tiempo se encargará de dar la razón, de no buscar fracaso artístico donde hay éxito comercial, sino de ver e identificar que Alatriste proporciona una historia que no está dentro de la historia, sino que podría ser la propia historia. Porque hablando de Alatriste, Díaz-Yanes habla de sí mismo y de sus obsesiones, pero sobre todo habla de España, habla de nosotros, habla del destino del viaje. Y lo hace con el desencantado pero implacable orgullo de un soldado español.

lunes, septiembre 18, 2006

SALVADOR (Manuel Huerga): 6


Hay decisiones políticas de forma que casi anulan el fondo. Salvador padece una de ellas.

Salvador hace bien en tratar de meterse en la realidad y, para ello, ser multilingüe. Es tan multilingüe que de verdad representa la realidad barcelonesa de los 70 y se habla un 1% en francés, un 9% en catalán y un 90% en español. Por eso molesta tanto que todos los títulos de crédito se pongan en la lengua no vernácula de José Montilla. Parece que buscan la más mínima oportunidad para justificar las subvenciones y que aparezca una palabrita catalana. Parece que Franco hoy tiene un sucesor y éste no es Zapatero ni Aznar. Es Maragall o Mas o Carod, aquéllos que se inventan un problema donde no lo hay. Pues bien, esta gilipollez, aparte de que hará disminuir las taquillas fuera de los Països, aleja al espectador lo suficiente para que este apasionante drama sólo resulte entretenido. Claro, que no sólo es producto de la decisión política, y en el fondo, económica. También lo es de una cierta torpeza en el guión, camuflada por miles de aciertos en la dirección.

Porque si la historia original tiene una fuerza y un carácter épico notables, pese a que su estilo le pudiera llevar a otros terrrenos, Huerga no hace nada por evitarlo, pero Lluis Azcarazo sí. Lo hace al cometer distintos errores, difícilmente justificables. El primero es el más imperdonable: el no respeto a los puntos de vista. La peli nace de la voluntad de narrar lo que cuenta Puig Antich al abogado que interpreta Tristán Ulloa. Bien, pues eso haría que debiera verse lo que él vive, o al menos lo que le han podido contar. Ni lo uno ni lo otro. Entre cartas enunciadas y acciones no vividas, al espectador se le vuelve loco. En busca de la forma más divertida de contar, se pierde la fidelidad y la coherencia, se pierde el respeto a sí mismo. El segundo error, y de resultados más funestos, es la colocación del último punto de giro. Desde éste hasta los títulos de crédito transcurren 45 minutos, el doble de lo académico. Esto revierte en alargamiento y pérdida de épica, en miradas al reloj y alejamiento emocional. Y no es más que producto del tercer error: la voluntad por intrigarnos con un desenlace que todos conocemos. La intriga no estaba ahí, estaba en las reacciones emocionales de Salvador. Y en esas sí que triunfan guionista, director y actor.

Acompañadas por las excelsas Watling y Rubio, Brühl logra sus mejores resultados cuando Huerga encuentra su estilo. Y éste no es sino el realista irreal que demostró en su obra maestra, Antártida. Con ellas y sus ensoñaciones puntuadas de éxitos musicales, construye los mejores momentos, ésos que podrían quedarse fuera del montaje final si atendemos a la pura sinopsis, pero ésos que hacen que Salvador tenga momentos tan mágicos que merezca la pena pagar la entrada. Aunque tengas que comerte rotulitos que no vienen al caso. Aunque haya catalanes que hablen en francés, y una madrileño-británicas, un argentino y un alemán que lo hagan en catalán. Afortunadamente, quizá representa el mundo de hoy. No creo que el de los setenta. Sí, el de los políticos que imponen normas donde no hay problemas, sean obligaciones lingüísticas, sean sentencias de muerte.