lunes, diciembre 11, 2006

LA SILLA DE FERNANDO (David Trueba y Luis Alegre): 8

No creo que suceda como con ese extraño fenómeno de masas que es "El gran silencio", pero sí me sorprendió ver ayer el cine Princesa abarrotado para ver la "película-conversación" de David Trueba, su desternillante y emotivo documento, su película. Porque lo que más me sorprendió no fue Fernán-Gómez, que me enamoró, sino que la película fuera tan suya. Me pareció que en su visión del mundo, en su humor y en sus contradicciones, en sus barbaridades y en su lucidez, había mucho del cine del pequeño de los Trueba, mucho de sus libros, mucho de lo que enseña, mucho de él. Mucho de lo que admira y manifiesta, muy poco maniqueísmo y mucha comprensión.

Como muchos de los que habitábamos la sala, mi novia entró con pánico ante una conversación filmada. Sin embargo, ella, yo y todo el resto de la sala pasamos un rato maravilloso. Salimos más felices y mejores personas, habiendo reído, aprendido y valorado. Es obvio que, por la elección del género, tiene muchas limitaciones, pero me encanta cómo Alegre y Trueba las asumen y se entregan a un ejercicio de cero autoría, de dejar que el genio hable y deje posteridad, de dejar que el genio se equivoque y se le quiera cada vez más. De verdad, que gracias a ellos, pasamos uno de los ratos más realmente divertidos y entrañables del año.

martes, noviembre 21, 2006

FICCIÓN (Cesc Gay): 8,5


No es fácil saber qué lleva a un autor a decidir cuál va a ser su siguiente película. Supongo que el hecho de que la anterior haya sido un notable éxito, complica todavía más el proceso. Aumentan las dudas y los folios tirados, aumenta la presión y el temor. Para Cesc Gay, el resultado ha sido que del temor ha salido algo mejor, algo más íntimo.

No sé cuánto hay de propio en el personaje que Eduard Fernández eleva hasta el cielo de la pantalla. Lo que sí sé es que lo que cuenta Gay parece tan cercano que se convierte en documento resumen de un momento de la vida. La crisis de los diez años de matrimonio, de los hijos crecidos a la felicidad y el consumo, de la rutina diaria que se parece poco a lo soñado y de los objetivos vitales que se parecen mucho a los buscados. La crisis de los cuarenta. La crisis.

Esa crisis es tomada por Cesc Gay como punto de origen de una tristeza vital que envuelve a todo el largometraje y que todavía remarca más la maravillosa naturaleza alegre del enamoramiento. Y como si fuera una mezcla de Pollack y Bresson, Gay se apunta al hiperrealismo sin dejar de ser sumamente romántico. Se apunta a mostrar la torpeza del ser humano, la diferencia entre lo que quiere y lo que se atreve, sin permitir que la vida no deje de iluminarse por los sentimientos. Aunque no se muestren. Aunque se queden en esa ficción sublime que es la vida no vivida. Aunque nos lleven a otra ficción todavía más sublime que es la vida cinematográfica.

sábado, noviembre 04, 2006

INFILTRADOS (Martin Scorsese): 8,5

Para Scorsese, el cine ha dejado de ser un medio de autoexpresión para devenir en un espectáculo. Pero qué espectáculo.

Pocas veces se consigue ver una película de intriga en la que te aten a la butaca y te lleven en un tour de force repleto de giros y subgiros de trama. Lo hace gracias a su infinita capacidad de narración, a unos actores apropiadísimos y sobre todo, gracias a un montador en estado de gracia que transforma en creíble lo que para otro habría sido increíble. De este modo, desde que uno se sienta en el cine hasta que, aturdido, se levanta, sus párpados no se han movido; sus pestañas, tampoco. Todo el cuerpo se ha visto sometido a una agitación continua, que ha sobresaltado sus emociones, que ha obviado el corazón.

Y aquí está el único defecto de la película junto a su condición de no original. No está claro si es sólo producto del acortamiento de la peli o si es cosa de la pérdida autoral de Marty, pero lo que sí está claro es que, película tras película, Scorsese obvia aquéllo que mueve su corazón. Sus problemas de fe ahora sólo son un prólogo que meter con calzador, sus antiguos problemas de adicciones ahora no son más que una llaga de un personaje cuaternario, su cinefilia militante ahora no es más que motor de algún homenaje tan obvio como baldío. Scorsese ya no está en lo que narra y por eso el espectador ya no llora lo narrado. Por eso ha saltado de su contemporáneo De Niro a su posible hijo Di Caprio. Por eso acepta al excesivísimo Nicholson por encima del sublime y amigo Keitel. Por eso toma al correcto Damon, y lo eleva hasta ser el mejor de la función.

Pero Scorsese es un genio. Capaz de mover las mandíbulas de cualquier espectador, capaz de acribillarle a balazos de tensión, capaz de escribir sin ponerse ante un papel en blanco, capaz de reinventarse de autor en artesano. Capaz de ser el mejor de los artesanos.

martes, octubre 24, 2006

Las pelis de la cartelera

Cada semana, sabrás qué debes y qué no debes ver de la cartelera.
-ALATRISTE: 9. Obra intemporal, que aúna épica y desencanto.
-EL ARCO: 8. Redonda y preciosa metáfora visual.
-AZUL OSCURO CASI NEGRO: 8. Entrañable y divertido drama humano.
-BABEL: 8,5. Compasiva y apasionante suma de tragedias.
-BRICK: 8. Cine negro adolescente, que mezcla Coen y Lynch.
-CABEZA DE PERRO: 8. Tan rara como emotiva historia de amor.
-CAMINO A GUANTÁNAMO: 8,5. Desasosegante e implacable dramatización de la realidad.
-CATTERINA VA A ROMA: 5,5. El exceso de rabia quita verdad y risas.
-LAS COLINAS TIENEN OJOS: 7,5. Tan terrorífica que es insoportable.
-CORRUPCIÓN EN MIAMI: 7. Acción con toda la potencia de Michael Mann.
-LA DALIA NEGRA: 7,5. Narración prodigiosa sin la magia de De Palma.
-DESAYUNO EN PLUTÓN: 7,5. Divertido e irreverente cuento para todas las plateas.
-EL DIABLO SE VISTE DE PRADA: 5,5. Facilona pero divertida inmersión en los sueños femeninos.
-EN LA CAMA: 6. Tan interesante como decepcionante.
-FICCIÓN: 8,5. Morosa, hiperrealista y emotivísima historia de amor.
-GRIZZLY MAN: 9,5. Estremecedor y desternillante documental acerca de la insania como motor.
-HOLLYWOODLAND: 7,5. Bajo el envoltorio del cine negro, profundo drama humano.
-HOLIDAY: 5,5. Alargada, cursi y exenta de gracia intromisión en personajes muy actuales.
-EL ILUSIONISTA: 6. Gran ambientación y prólogo para decepcionante epílogo.
-INFILTRADOS: 8,5. Descomunal fuerza para una intriga apasionante.
-EL LABERINTO DEL FAUNO: 7,5. Perfecto y apasionante equilibrio entre realidad y ficción.
-LA NOCHE DE LOS GIRASOLES: 8. Thriller rural brutal, desasosegante.
-LOS TRES ENTIERROS DE MELQUÍADES ESTRADA: 7,5. Western actual, crepuscular y emotivo.
-NUEVE VIDAS: 7,5. Coherente y potente suma de cortometrajes, ocasionalmente maestros.
-EL PRÓXIMO ORIENTE: 6,5. Divertida y alegre oda a la integración.
-THE QUEEN: 7,5. Irónica y emotiva representación de la realidad monacal, no monárquica.
-SALVADOR: 6. Muy entretenido pero alargado drama.
-LA SILLA DE FERNANDO: 8. Desternillante conversación convertida en oda a la vida.
-TIEMPO DE VALIENTES: 7. Desternillante peli de colegas a la argentina.
-UNA HISTORIA DE BROOKLYN: 6,5. Sincera, coherente y verdadera.
-UNA PARTIDA DE CAMPO: 6. Obra de más méritos pictóricos que cinematográficos.
-VERANO EN BERLÍN: 8. La ternura y el humor se cuelan en la cotidianeidad.
-EL VIENTO QUE AGITA LA CEBADA: 6,5. El cantautor Loach reivindica con fuerza Irlanda.
-VOLVER: 7,5. Sorprendente y desternillante vuelta a los orígenes de Almodóvar.
Si has visto alguna otra, que quieres recomendar o despreciar, éste es tu sitio.

viernes, octubre 13, 2006

EL DIABLO SE VISTE DE PRADA (David Frankel): 5,5

En tiempos de auge de las “fashion victim”, de proliferación de la mujer en puestos directivos y de problemas de conciliación entre la vida laboral y familiar, aparece una película tan sociológicamente oportuna como El diablo se viste de Prada.

Ante todo, es un producto más de la Fábrica de los Sueños. Responde al prototipo de película hecha para soñar durante un rato y olvidar el resto de la vida. Responde a la típica historia del patito feo que se convierte en cisne. Pero como manda el manual de procedimientos de fabricación, aunque el cisne se vea más apreciado al embellecerse las plumas y surcar los lagos, descubre que era más feliz cuando no era mucho más que un patito feo. Y por supuesto, no era tan feo.

Como tal, la película de David Frankel no tiene más relevancia. Su guión puede predecirse milimétricamente en el minuto cinco. Su interés viene más de la conexión con una audiencia mayoritariamente femenina que siempre ha soñado con portar un bolso de Prada, unos zapatos Manolo Blahnik o un vestido de noche de Valentino. Así, al modo de la eterna Audrey Hepburn o de la vieja Pretty Woman, la protagonista descubre que hay vida más allá de las chaquetas de punto y las faldas de franela. Deslumbrada por la luz de las prendas en el viaje en que lucha por que sus sueños se conviertan en realidad, Andrea tiene que entrar a competir en una revista que puede ser fiel reflejo de muchos de los males de la empresa actual.
Todo nace de la estructura y la estructura hace cultura. Andrea es contratada como asistente de la asistente de Miranda Priestley, la redactora jefe de una revista. Si su misión nunca llega a saberla; la de su compañera, menos. Cada una de ellas se embarca en una lucha interna en que el único cometido es cumplir con la tarea que se le acaba de encomendar. Su mirada nunca pasa de la hora de la comida, que por supuesto, no es sino la del ayuno. Ninguna de ellas propone nada, ninguna de ellas define nada, todo lo decide Priestley. Eso supone sobreesfuerzos por duplicidades y nulo aprendizaje colectivo. Cada una de ellas acaba sin vida, pero con el estómago más plano. Perfectamente estilizadas para el siguiente vestido. Perfectamente ineptas para nuevas responsabilidades.

Pero si el estilo de dirección proviene directamente del organigrama, lo peor es que en el proceso, las asistentes se olvidan de para quién trabajan. Como muchas de las empresas en las que vivimos, la orientación al jefe provoca el olvido sistemático del cliente. Si las asistentes sólo piensan en satisfacer a la redactora jefe, la redactora jefe sólo piensa en satisfacer a su accionista. Para ello, las primeras son obligadas a luchar entre ellas, y la segunda se dedica a dar codazos a la otra redactora jefe. El resultado es que el propio accionista pierde dinero por desembolsos ridículos, a los proveedores se les da un trato cochambroso y de los lectores no se habla hasta que el producto llega al quiosco.

Las reuniones de preparación de la edición se parecen a muchos Comités de Dirección. No sólo es que Priestley lo decida todo y lo deniegue todo, es que sujetos a la dictadura del conocimiento de la jefa, nadie tiene más que aportar que corroborar la opinión de Priestley. Y tras años al frente de la revista, el indudable talento de ésta deviene repetición por falta de ideas ajenas y alejamiento del mercado. Porque es que, por encima de todo, en las reuniones internas se habla de producto o de ventas, no de clientes. Nadie se detiene a analizar qué producto quiere el cliente, qué le interesa al lector, qué nuevos nichos de compradores aparecen. No se hace más que la revista que Priestley quiere. Si se vende la revista o no, los lectores lo decidirán. Poco tardarán en denegar a Priestley como ella lo hace con sus asistentes.

En la reunión se habla de elaboración de producto o de ventas, no de clientes. Nadie se detiene a analizar qué producto quiere el cliente, qué le interesa al lector, qué nuevos nichos de compradores aparecen. No se hace más que la revista que la jefa quiere.
La revista inventada por Hollywood seguirá sin aprender del propio Hollywood. Ese Hollywood que, calidad o arte aparte, siempre está al tanto de lo que gusta y preocupa, de lo que el público busca y paga.

viernes, septiembre 22, 2006

ALATRISTE (Agustín Díaz-Yanes): 9


Cada vez entiendo menos ciertas críticas. Ni las de la propia crítica ni las del público. No sé cuánto hay del prejuicio en sus juicios, y cuánto hay de su propio pensamiento.
El caso es que ayer vi Alatriste y todavía no se me va de la cabeza. Es un torrente de emociones contadas de forma magistral, bajo una épica del desencanto que permite explicar en un solo plano toda la historia de España.

El problema de no ver una película en un festival o, al menos, en la primera semana es que tu juicio ya no es uno en sí mismo , sino por comparación con todas las expectativas que te han generado. Y en mi caso, a fuerza de leer pero también de oír a amigos, entraba al cine como quien va al corredor de la muerte. Iba a ver una peli de trama muy confusa, con un Mortensen que no te lo creías ni en broma, larguísima, con demasiadas batallas y sí, bien ambientada, pero poco interesante.

Cuando salí del cine, con los ojos empapados en lágrimas y las piernas listas para el combate, me planteé si no habría entrado en otra sala. La trama no puede ser más clara. Díaz-Yanes ha logrado reducir cinco libros a un solo hilo argumental que funciona con el mecanismo de un reloj. El mayor peligro de una historia que cubre tantos años es que el periodo entre escena y escena cambie la narración. Pues aquí no es así, las intrigas palaciegas se retroalimentan, el desencanto se va sumando, la lucha de clases encarneciendo, pero nunca hay saltos temporales, el tiempo podría ser único y nada apenas cambiaría.

Sobre los actores, esperaba reírme según los viera u oyera. Eludiendo el hecho de que sorprende el salto que pueda dar un actor de “7 vidas” a hacer un personaje histórico y real, todos los actores están soberbios. Tanto representan en breves trazos a sus personajes como declaman como marca la exigencia del Siglo de Oro. Si Ugalde se muestra un todoterreno de la credibilidad y Anaya impoluta como víctima de sus propias ambiciones, es Ariadna quien luce resplandeciente, nacida para el papel. Y si Echanove y Eduard tienen la fuerza que les caracteriza, lo de Viggo Mortensen es de otro planeta. No sólo aporta el infinito carisma que el rol necesita, sino que lo dota de una sutileza de gestos, emociones, hombrías que lo elevan hasta la categoría de uno de los personajes más maravillosos de la historia del cine español. Y un personaje así no puede tener un habla convencional, tiene que tener un habla gallarda, vasca, especial. Y Mortensen se lo da, convirtiendo su defecto en virtud, en realidad, en fuerza, en determinación. Vamos, que en mi opinión, no sólo Viggo es el mejor Alatriste de los posibles, es el único de los posibles.

A partir de ellos y de un diseño de producción en el que todo el dinero se ve gastado en la pantalla sin necesidad de resaltarlo mediante grúas o indecentes planos generales, el equipo técnico de Tano construye una sobrecogedora atmósfera de épica y desencanto. La dirección artística es tan inmensa como los cuadros de Velásquez que son la fotografía. El vestuario es tan sucio como era la realidad de un siglo de oro que acabó siendo de mierda. Y es que la realidad de la pantalla parece la realidad de la vida. Y eso aporta una credibilidad a la acción que el Tano guionista se encarga de configurar, el Tano director de armonizar, y el Tano montador de implantar.

El producto final no es sino una obra maestra. Una obra a la que el tiempo se encargará de dar la razón, de no buscar fracaso artístico donde hay éxito comercial, sino de ver e identificar que Alatriste proporciona una historia que no está dentro de la historia, sino que podría ser la propia historia. Porque hablando de Alatriste, Díaz-Yanes habla de sí mismo y de sus obsesiones, pero sobre todo habla de España, habla de nosotros, habla del destino del viaje. Y lo hace con el desencantado pero implacable orgullo de un soldado español.

lunes, septiembre 18, 2006

SALVADOR (Manuel Huerga): 6


Hay decisiones políticas de forma que casi anulan el fondo. Salvador padece una de ellas.

Salvador hace bien en tratar de meterse en la realidad y, para ello, ser multilingüe. Es tan multilingüe que de verdad representa la realidad barcelonesa de los 70 y se habla un 1% en francés, un 9% en catalán y un 90% en español. Por eso molesta tanto que todos los títulos de crédito se pongan en la lengua no vernácula de José Montilla. Parece que buscan la más mínima oportunidad para justificar las subvenciones y que aparezca una palabrita catalana. Parece que Franco hoy tiene un sucesor y éste no es Zapatero ni Aznar. Es Maragall o Mas o Carod, aquéllos que se inventan un problema donde no lo hay. Pues bien, esta gilipollez, aparte de que hará disminuir las taquillas fuera de los Països, aleja al espectador lo suficiente para que este apasionante drama sólo resulte entretenido. Claro, que no sólo es producto de la decisión política, y en el fondo, económica. También lo es de una cierta torpeza en el guión, camuflada por miles de aciertos en la dirección.

Porque si la historia original tiene una fuerza y un carácter épico notables, pese a que su estilo le pudiera llevar a otros terrrenos, Huerga no hace nada por evitarlo, pero Lluis Azcarazo sí. Lo hace al cometer distintos errores, difícilmente justificables. El primero es el más imperdonable: el no respeto a los puntos de vista. La peli nace de la voluntad de narrar lo que cuenta Puig Antich al abogado que interpreta Tristán Ulloa. Bien, pues eso haría que debiera verse lo que él vive, o al menos lo que le han podido contar. Ni lo uno ni lo otro. Entre cartas enunciadas y acciones no vividas, al espectador se le vuelve loco. En busca de la forma más divertida de contar, se pierde la fidelidad y la coherencia, se pierde el respeto a sí mismo. El segundo error, y de resultados más funestos, es la colocación del último punto de giro. Desde éste hasta los títulos de crédito transcurren 45 minutos, el doble de lo académico. Esto revierte en alargamiento y pérdida de épica, en miradas al reloj y alejamiento emocional. Y no es más que producto del tercer error: la voluntad por intrigarnos con un desenlace que todos conocemos. La intriga no estaba ahí, estaba en las reacciones emocionales de Salvador. Y en esas sí que triunfan guionista, director y actor.

Acompañadas por las excelsas Watling y Rubio, Brühl logra sus mejores resultados cuando Huerga encuentra su estilo. Y éste no es sino el realista irreal que demostró en su obra maestra, Antártida. Con ellas y sus ensoñaciones puntuadas de éxitos musicales, construye los mejores momentos, ésos que podrían quedarse fuera del montaje final si atendemos a la pura sinopsis, pero ésos que hacen que Salvador tenga momentos tan mágicos que merezca la pena pagar la entrada. Aunque tengas que comerte rotulitos que no vienen al caso. Aunque haya catalanes que hablen en francés, y una madrileño-británicas, un argentino y un alemán que lo hagan en catalán. Afortunadamente, quizá representa el mundo de hoy. No creo que el de los setenta. Sí, el de los políticos que imponen normas donde no hay problemas, sean obligaciones lingüísticas, sean sentencias de muerte.

lunes, septiembre 11, 2006

DESAYUNO EN PLUTÓN (Neil Jorda): 7,5

Si la frase hecha dice que la vida es un viaje en la que el destino es lo de menos y que lo que importa es el propio viaje, Patrick Kitten Braden se encarga de demostrar lo contrario. Lo único que importa es la expresión con la que se afronte el viaje. Ya puede ser un descubrimiento de la Antártida, una luna de miel en Cancún o un cambio de sexo. No importa qué sea, lo que importa es si sonríes al hacerlo.

Tras una racha de falta de éxitos de público, que no de crítica, Neil Jordan ha decidido volver a su infancia y a su Irlanda natal para contarnos una historia tan universal y contemporánea como la propia Irlanda. Y lo hace a lomos de su conocimiento de la narrativa, de su formidable habilidad para el encuentro de la empatía. Sus personajes no tienen necesidad de ser buenos ni expresivos, simplemente caen bien. Y lo hacen aunque sean asesinos gordos a lo Forest Whitaker, inanes perdidos a lo Stephen Rea o locas grandilocuentes a lo Cillian Murphy. A todos les caracteriza una cosa: sus vidas se ven agitadas, agradablemente sorprendidas, cuando encuentran la cámara de Jordan. En su lente se deforman sus dramas para hacerlos comedias, sus torturadores se vuelven salvavidas.

Es posible que, dada su última falta de diana en la taquilla, Jordan haya optado por ciertos recursos comerciales que embellecen la trama y la acercan al gran público. La banda sonora es un regalo para que tarareemos los paletos musicales. La colorida fotografía no es sino la luz de la mirada de Kitten. Y el final coherente, pero a todas luces optimista, es la forma de decirnos que la vida puede ser un cuento. Un cuento en el que no importa el texto, sino cómo acoges las palabras.

domingo, septiembre 10, 2006

CORRUPCIÓN EN MIAMI (Michael Mann): 7


El gran público no distingue de nombres, distingue de emociones. Para ellos, Michael Mann no existe. Existe el tiroteo de Heat, la pesadumbre de Russell Crowe en El dilema, la atmósfera y el lobo que cruza Los Ángeles en Collateral. Existe la tensión y horterismo de la serie por antonomasia de los 80: Corrupción en Miami.

A caballo entre su formación europea, su gusto por personajes multidimensionales y su habilidad para el cine de acción americano, Michael Mann se erige como uno de los pocos habituados a los éxitos masivos que es capaz de tener una voz, un estilo y una coherencia consigo mismo y con el mundo en el que vive. Quizás por su condición añadida de escritor (aunque es mejor cuando se deja acompañar por Eric Roth) sus películas tienen siempre un poso de pesimismo que no hace sino incrementar la verdad, la fuerza del espectáculo. No es dado a mensajes ni parábolas. Se basta de su cámara, de su puesta en escena y de su descomunal habilidad para el montaje para construir conflictos éticos sin necesidad de que se vuelvan discursos.

Aunque no sea de sus mejores pelis, todas estas virtudes se conservan en el paso a la sala oscura de Miami Vice. A una trama tópica de mainstream, en la que no faltan secuestros de la chica del héroe ni amores entre el bueno y la mala que no es tan mala, Mann es capaz de dotarla de una realidad ajena a la fácil tendencia a la autoparodia que tenía la serie. Así, escena a escena, malo a malo, la peli va entretejiéndose hasta hacer saltar la tensión por los aires. A ello ayuda un hiératico y espeluznante Luis Tosar, de largo el mejor de la función. A ello nada contribuye un Colin Farrell, perdido en la tensión entre la parodia del chuloputas que es y la de la verdad de la granulada cámara del gran Michael Mann.

lunes, agosto 28, 2006

LA NOCHE DE LOS GIRASOLES (Jorge Sánchez-Cabezudo): 8


Es curioso que España se haya especializado en un género tan poco común como el thriller rural. Si miramos la historia del cine español, pocos géneros han dado obras tan insignes como “El cebo”, “Furtivos”, “Los santos inocentes” o “El séptimo día”. “La noche de los girasoles” pasa a sumarse a este grupo.

Lo hace fundamentalmente porque parte de un guión alambicado y directo, serpenteado y brutal. Porque deja tiempo a cada uno de los personajes sin renunciar a su cruce en forma de una intriga creciente. Porque deja que empatices con ellos, sin negarles su perdición.

Sánchez-Cabezudo muestra ser casi tan gran director como guionista. Su violencia seca es casi tan agresiva como el ambiente malsano en que se desarrollan hasta las escenas más serenas. La atmósfera de thriller está tan metida en los personajes y en el escenario que podrían todos abandonar el paisaje que seguiría tan dentro de ellos como de la aldea. Lo hace sin buscar la tópica lluvia ni una fotografía árida. Lo hace a partir de la dramaturgia y de un montaje claro. Lo hace con unos actores ajustados, más dispuestos a servir que a servirse. Los casos más claros son los de Manuel Morón, Petra Martínez o Carmelo Gómez. El caso más espeluznante es el de un Vicente Romero, tocado al mismo tiempo por Dios y por Lucifer. Es tan efectivo liderando un reparto como camuflándose en rol terciario. Siempre cumple en su cometido, siempre brilla, en la risa o en la lágrima, en la duda o en la certeza, en la salud o en la enfermedad.

Roza tan claramente la obra maestra Sánchez-Cabezudo que por eso fastidia todavía más sus ligeros errores tan arreglables en montaje. Porqué ha dejado doblar a dos de los actores sólo lo sabe él. Se llevará su error a la tumba. Una tumba que habrá parido un thriller rural excepcional, pero no la obra maestra que había sobre el texto.

lunes, agosto 21, 2006

Para alquilar una peli

Hartos de playa y de quemaduras, de copas y de resacas, supongo que en estos últimos días de vacaciones, os planteáis como una opción de matar el tiempo agenciaros una película y amortiguar vuestro sofá. No me meto en si lo hacéis vía video-club, vía inversión legal en activos, gasto ilegal o navegación por la Red. Pero os doy pistas sobre qué coger. Por si os sirven. Por si os fiáis de un tarado. He aquí la crítica de muchas de las películas estrenadas en el último año (ordenadas por género), las novedades de los video-clubs y las imprescindibles (en negrita):
COMEDIAS:
ALGO EN COMÚN: 6. Intento de “Beautiful girls” desequilibrado.
AMOR EN JUEGO. 6,5. Difícil no identificarse con las pasiones de esta comedia romántica.
AMERICAN SPLENDOR: 7. Curiosa y graciosa mezcla de formatos.
BIENVENIDO A CASA: 8. Divertido y emotivo retrato muy cercano a nuestras vidas.
COMO UNA IMAGEN: 8. Tierna, sencilla y divertida. Nada francesa.
CHARLIE Y LA FÁBRICA DE CHOCOLATE: 6. Graciosa y original.
DENTRO DE GARGANTA PROFUNDA: 7,5. Divertida y emotiva.
ENTRE COPAS: 9. Graciosísimos y entrañables antihéroes.
FERNANDO Y CAROLINA: 5,5. La incorrección hace gracias alargadas.
FLORES ROTAS: 7. Desternillante patetismo vital.
LOS DOS LADOS DE LA CAMA: 6,5. Secuela más exagerada.
HABANA BLUES: 8. Humanista crónica musical que llega al alma.
MANUALE D'AMORE: 6. Desternillante, tópica, tradicional, irresistible.
MILLONES: 6. Realismo y onirismo se alinean con la obviedad.
NINETTE: 2. El mal montaje y desequilibrio estructural genera sueño.
NO SOS VOS, SOY YO: 7,5. Comedia clásica, de carcajada continua.
LA NOVIA CADÁVER: 6. Cuento animado. Gracioso, original y brillante.
LOS PADRES DE ÉL: 5. Decente y decreciente secuela que proporciona algunas risas.
EL PENALTY MÁS LARGO DEL MUNDO: 5. Algunas risas cotidianas.
REINAS: 2. Larga comedia en la que no te ríes. Horrible dirección.
QUERIDO FRANKIE: 4,5. Sucumbe a sus buenas intenciones.
TAPAS: 6. Mezcla bien risas y lágrimas, pero no se atreve con lo chusco.
TORRENTE 3: 5,5. Bajan las risas por empacho de freaks.
VIRGEN A LOS 40: 6. Desternillantes ratos para un conjunto coherente pero alargado. VOLANDO VOY: 7. Obra menor, pero entretenida, humana y muy divertida.
INTRIGA:
ARCADIA: 7,5. Vibrante, divertida y negra.
ASUNTOS PENDIENTES: 7,5. Thriller francés a la americana.
EL AURA: 8. Thriller de precisión milimétrica.
CACHÉ: 7.5. Intriga desasosegante, que te hace sentir culpable.
CAMINAR SOBRE LAS AGUAS: 7. Interesante acercamiento al conflicto judío-palestino.
CÓDIGO 46: 8,5. Thriller increíblemente romántico.
LA COSECHA DE HIELO: 6. Diálogos de excelente humor negro para intriga convencional.
LA DAMA DE HONOR: 7. Chabrol en estado puro. Morbosa e intrigante.
LA GUERRA DE LOS MUNDOS: 4,5. Brillantez visual,horror argumental.
LA INTÉRPRETE: 7,5. Thriller político al más puro estilo Pollack.
EL JARDINERO FIEL: 6,5. Gran drama, que acusa la obviedad de su mensaje.
MATCH POINT: 9. Apasionante intriga. Allen entrega su “Perdición”.
EL MÉTODO: 8,5. Aunque sin las risas del teatro, implacable cruce de intrigas.
MUNICH: 5. Larguísima, reiterativa y pretenciosa.
OLD BOY: 8. Intriga coreana de forma y contenido brutal.
PLAN OCULTO: 7. Divertido y trabajado thriller con final sorpresa.
PRIMER: 5,5. Gran atmósfera, pero no entendí nada. Enrevesada.
REENCARNACIÓN: 7,5. Intrigante, desasosegante y morbosa.
SAHARA: 2. Horror plagado de tópicos sólo salvado por la falta de pretensiones.
SAW: 5,5. Thriller tópico pero efectivo.
SEGUNDO ASALTO: 6,5. Thriller dramático muy digno y ajustado.
SIN CITY: 5,5. Mantiene el espíritu del cómic, pero no el del cine.
SYRIANA: 7,5. Intriga política muy efectiva aunque premetidamente intrincada.
LOS TRES ENTIERROS DE MELQUÍADES ESTRADA: 7,5. Western actual, crepuscular y emotivo.
UNA HISTORIA DE VIOLENCIA: 7,5. Implacable y sorprendente.
V de VENDETTA: 7,5. Imponente rebelión visual.
11:14, DESTINO FATAL: 6. Corrosivo y sorprendente cruce de historias.
16 CALLES: 7. Apasionante acción con innecesario edulcorado final.
DRAMA:
LOS AIRES DIFÍCILES: 6,5. Ajustada pero excesivamente fiel a la novela.
EL ARCO: 8. Redonda y preciosa metáfora visual.
EL AVIADOR: 8. Estimulante viaje hacia la autodestrucción.
BATALLA EN EL CIELO: 5,5. Exasperante por lenta y subversiva.
BROKEBACK MOUNTAIN: 8. Relato de amores imposibles limpio y emotivo.
BUENOS DÍAS, NOCHE: 6. Intento de thriller realista. Drama onírico.
EL CIELO GIRA: 6,5. Preciosa y humanista desaparición de un pueblo.
CLOSER: 7,5. Teatro filmado que no se avergüenza de serlo.
CONTRA LA PARED: 7. Forma excesiva y brutal para contenido normal.
CRASH: 5,5. Interesante y aparentemente profunda, pero en el fondo, esquemática y banal.
LOS CHICOS DEL CORO: 3. Melosa, tópica y previsible.
DE LATIR, MI CORAZÓN SE HA PARADO: 6,5. Vibrante, no intrigante, estudio de personajes.
DESCUBRIENDO NUNCA JAMÁS: 8,5. La peli más emotiva del año.
HEROÍNA: 6,5. Una madre coraje creíble. Excelentes interpretaciones.
HERMANOS: 6. El Dogma pierde fuerza al ganar corrección estructural.
HIERRO 3: 8,5. Liberación y amor mudo. Graciosa y poética.
EL HUNDIMIENTO. 6,5. Levanta tantas expectativas que no las cumple.
KINSEY: 7,5. Logradísimo biopic, entrañable, emotivo. Muy humano.
LILA DICE: 5,5. Morbo no satisfecho. Dirección de primerizo.
MALAS TEMPORADAS: 7. Cruce de historias que explica la vida de hoy.
EL MERCADER DE VENECIA: 6. Adaptación perfecta de un texto pasado.
MILLION DOLLAR BABY: 9. Clasicismo del bueno. Muy emotiva.
OBABA: 6. Tan atmosférica como fría.
OMAGH: 7. Estructurada y equidistante visión del terrorismo.
PARA QUE NO TE OLVIDES. 7. Dramón contenido. Sobra revisionismo.
LA PEQUEÑA LOLA: 7. Modesta y reiterativa, pero muy creíble, humana.
PRINCESAS: 8. Lo peor de Fernando León es lo mejor del cine europeo.
PROOF (LA VERDAD OCULTA): 6,5. Más profunda que emotiva, más drama que intriga.
RAY: 5,5. La música no salva la hagiografía ni lo largo de su metraje.
SARABAND: 7. Bergman abusa de palabra y de su comprensión humana.
EL SECRETO DE VERA DRAKE: 7. La época no resta verdad a Leigh.
SEMEN, UNA HISTORIA DE AMOR: 3. Original desbarajuste.
SIETE VÍRGENES: 8. Sincera adolescencia, verdad y realidad.
SÓLO UN BESO: 5,5. “Romeo y Julieta”, con dramaturgia de manual.
LAS TORTUGAS TAMBIÉN VUELAN: 8. Dura y emotiva realidad kurda.
TRUMAN CAPOTE: 7,5. Biopic que obvia la empatía en la búsqueda de la verdad.
LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS: 7. Sobra profesionalidad.
EL VIENTO: 6. Mignogna pierde el vigor narrativo, no la sinceridad.
5x2: 7. Previsible, pero interesante y con momentos muy brillantes.
2046: 6. Poesía hipnótica, pero la reiteración produce aburrimiento final.

EL PRÓXIMO ORIENTE (Fernando Colomo) 6,5



Película tras película, Colomo demuestra sobre todo una cosa: que es un gran tipo.

Si por gran tipo definimos a alguien más preocupado por los demás que por sí mismo, Colomo lo es. Y lo es porque su discurso autoral ha pasado de la narración de los pensamientos, sentimientos y hechos propios (Tigres de papel) a la intromisión, entendimiento e integración en el mundo en el que vive. Es posible que en dicha transición de la primera a la tercera persona, su mensaje haya perdido frescura y sinceridad, pero desde luego, no ha perdido coherencia, oficio y benevolencia. Es el mismo Colomo el que se reía de sí mismo y de sus colegas en sus comienzos y el que ahora narra las vicisitudes de un escritor británico en un mundo ajeno o de un torpe carnicero en otro mundo ajeno. Es un Colomo que se descojona de todo al tiempo que lo ama todo. Que busca los defectos como fuente de virtudes. Que utiliza el humor como sátira y como modo de acercamiento. Que no se conforma con comprender al otro, sino que se une a él. Es el Colomo que es un gran tipo.

Un gran tipo que narra como los ángeles. Que estructura de maravilla y genera ritmo en la mezcla de conflictos. Es el Colomo que crea personajes amables y enternecedores a partir de torpes supervivientes convertidos en jetas. Es el Colomo que aprovecha cualquier reacción o cotidianeidad para convertirla en risa. Sólo deja de ser Colomo por causa ajena. Y es que en su afán de encontrar la emoción, encuentra verismo y argumento, potencia y drama, acción y reacción. Pero en su afán de encontrar las risas, encuentra guión y protagonista, pero le faltan secundarios comediantes, experiencia y vis cómica, alimento para la risa.

Así, el gran tipo encuentra lágrimas y sonrisas, pero no encuentra apenas risas y carcajadas. Ha ayudado a sanar las enfermedades para hacer un mundo mejor, pero más por la vía de la dinámica de grupo que de la risoterapia.

CATERINA VA A ROMA (Paolo Virzi): 5,5



Muchas veces, la rabia es buena para la vida. Casi nunca lo es para el cine.

La rabia nos nutre de emociones y de reacciones, nos suma empuje y vigor, nos resta coherencia y sutileza. Y ése es el resumen de Caterina va in cittá. Una obra vigorosa, potente dramáticamente, pero que la rabia de su discurso aniquila la equidistancia, sortea el autocontrol, obvia la sutileza en beneficio de la claridad. Y tanta claridad se muestra enemiga de la emoción, que no de la reacción.

La intención de Virzi es tan potente como original: hablar de la vida política de su país a partir de la vida de una familia corriente. Aprovechando un juego de metáforas más o menos simples pero efectivas, Virzi se mueve siempre entre el neorrealismo pretendidamente cómico y el simbolismo conceptual bastante esquemático. El problema es que, en su desarrollo, gana fuerza la vida y pierde la política. Y lo que más le importa al espectador es el verismo de las originales luchas entre amigas adolescentes. Es por eso que, cuando Virzi se dedica al tema, el espectador se queda estático en la butaca y hasta asoman ciertos movimientos en sus mandíbulas. Pero en cuanto saca la voluntad del discurso político, el culo comienza a moverse de la silla y los personajes se vuelven tan maniqueos como necesita el narrador político.

Vamos, que al sumar argumentos, Virzi resta potencia dramática, ralentiza el desarrolllo y encima, alarga el final. Errores de forma que lo son de fondo. Reacciones contrarias a las buscadas sólo por la culpa de la rabia, sólo por la culpa de la falta de autocontrol.

Las pelis de la cartelera

Cada semana, sabrás qué debes y qué no debes ver de la cartelera.
-LOS AIRES DIFÍCILES: 6,5. Ajustada pero excesivamente fiel a la novela.
-ALATRISTE: 9. Obra intemporal, que aúna épica y desencanto.
-EL ARCO: 8. Redonda y preciosa metáfora visual.
-AZUL OSCURO CASI NEGRO: 8. Entrañable y divertido drama humano.
-BIENVENIDO A CASA: 8. Divertido y emotivo retrato muy cercano a nuestras vidas.
-BROKEBACK MOUNTAIN: 8. Relato de amores imposibles limpio y emotivo.
-CAMINO A GUANTÁNAMO: 8,5. Desasosegante e implacable dramatización de la realidad.
-CATTERINA VA A ROMA: 5,5. El exceso de rabia quita verdad y risas.
-LAS COLINAS TIENEN OJOS: 7,5. Tan terrorífica que es insoportable.
-CORRUPCIÓN EN MIAMI: 7. Acción con toda la potencia de Michael Mann.
-CRASH: 5,5. Interesante y aparentemente profunda, pero en el fondo, esquemática y banal.
-DESAYUNO EN PLUTÓN: 7,5. Divertido e irreverente cuento para todas las plateas.
-EN LA CAMA: 6. Tan interesante como decepcionante.
-GRIZZLY MAN: 9,5. Estremecedor y desternillante documental acerca de la insania como motor.
-LA NOCHE DE LOS GIRASOLES: 8. Thriller rural brutal, desasosegante.
-LOS TRES ENTIERROS DE MELQUÍADES ESTRADA: 7,5. Western actual, crepuscular y emotivo.
-EL PRÓXIMO ORIENTE: 6,5. Divertida y alegre oda a la integración.
-REMAKE: 4,5. Buen planteamiento traicionado por la reiteración y un mal montaje.
-SALVADOR: 6. Muy entretenido pero alargado drama.
-SYRIANA: 7,5. Intriga política muy efectiva aunque premetidamente intrincada.
-TIEMPO DE VALIENTES: 7. Desternillante peli de colegas a la argentina.
-UNA HISTORIA DE BROOKLYN: 6,5. Sincera, coherente y verdadera.
-UNA PARTIDA DE CAMPO: 6. Obra de más méritos pictóricos que cinematográficos.
-V de VENDETTA: 7,5. Imponente rebelión visual.
-VERANO EN BERLÍN: 8. La ternura y el humor se cuelan en la cotidianeidad.
-VIVIR SU VIDA: 8. El Godard más revolucionario y emotivo.
-VOLVER: 7,5. Sorprendente y desternillante vuelta a los orígenes de Almodóvar.
-LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS: 7. Le sobra profesionalidad y le falta cotidianeidad.
Si has visto alguna otra, que quieres recomendar o despreciar, éste es tu sitio.

sábado, agosto 12, 2006

EN LA CAMA (Matías Bize): 6



Hay películas que se definen más por lo que podrían ser que por lo que son. Son películas cuyas propuestas superan a sus soluciones, cuyas intenciones van más allá de sus aportaciones. Ésta es una de ellas.

Todo parte de un log-line tan simple como sublime (chico y chica se conocen bíblica y humanamente en una habitación en una noche). Además, es desarrollado con coherencia argumental y estilística (efectivamente, no salen ni de la habitación ni de la noche). Todo esto es logrado por Matías Bize, su guionista Julio Rojas y sus actores -que cual Ethan Hawke y Julie Delpy, me temo que aportan a sus personajes algo más que la carne y el verbo-. Pero también son ellos responsables de proponer más cosas de las que son capaces de tratar, de abordar nuevos temas que apenas tienen que ver con la historia que se quiere contar.

Y es que en su búsqueda de la verdad pero también del interés, Bize y Rojas optan a veces por giros argumentales que se salen de la propuesta de normalidad y metáfora. Optan a veces por introducir temas nuevos –cine, bulimia- que no vienen al caso. Optan a veces por recursos de enternecimiento que parecen más propios del trauma de un superhéroe que de la realidad de un ser cotidiano. Optan por una estética no definida que no siempre deja ver la historia y la intrahistoria. Optan finalmente por un desenlace en cuya mirada de miedo podemos ver las nuestras. Ese miedo a encontrarnos en el filme que sentíamos en los primeros planos de esta cama. Y ese miedo a descubrirnos que no alcanzan Bize y Rojas a encontrar y explotar durante todo el metraje, durante toda nuestra estancia en la cama.

sábado, julio 15, 2006

LOS NIÑOS DEL PARAÍSO (Marcel Carné, 1943):7


Anoche pude ver en el cine uno de esos clásicos intocables, una de esas películas que la crítica ama y los profesionales veneran. Una de esas películas que habitualmente los espectadores odian. No es el caso.
Concebida como un espectáculo para dos tardes, la obra de Carné se degusta ahora en un solo plato. Y ése es quizá su mayor defecto. Sé que es obra del exhibidor y no del genial francés, pero acaba por resultar crucial ya que es complicado mantener durante tres horas largas la atención y el culo quieto. En mi caso, no acabé por encontrar la postura en la silla, pero eso no es culpa del guionista Prévert, ni del director Carné.
El caso es que ambos construyen una epopeya intimista, en la que mezclan el cine de época, la pantomima francesa, el hampa del momento y la alegría de vivir. Todo eso lo entrelazan en una trama que funde (y no confunde) ficción y narración, mentira y verdad. Aunque logren dotarla de un hilo común que se va haciendo cada vez más grueso y menos embrollado, es cierto que la fuerza que alcanzan en la mezcla de tramas no es precisamente la de Altman, pero al fin y al cabo, se estaban adelantando tres décadas al de Kansas.
El resultado no es sólo una novedad en cuanto a argumento, ni en cuanto a sutileza y profundidad de los diálogos. El resultado es una película mucho más moderna en textura y potencia dramática que las que se hacen ahora, que goza de una dirección artística que aniquila la capacidad de sorpresa de cualquier decorador actual, de unos planos-secuencia que epatan hasta al técnico más técnico, y de unos planos expresionistas en la fusión de realidad y ficción que entrecortan la respiración de cualquier espectador.

LAS COLINAS TIENEN OJOS (Alexandre Aja): 7,5

Odio las películas de terror. Y no es por su trivialidad ni por su adolescencia. Es porque en lugar de generarme miedo, me provoca hilaridad. Cada vez que veo un hacha levantarse, comienzo a descojonarme. Y claro, no parece lo mejor ni para el clímax ni para el resto de la audiencia. Es por eso que hace tiempo que tomé la decisión de no volver a ver terror en los cines.

Y eso es lo justo lo que incumplí cuando fui a ver "Las colinas tienen ojos". No sé si es por la falta de hábito, por el brutal argumento o por la pericia del director, pero lo pasé fatal en la sala. Desde el primer minuto, la atmósfera desértica me encogió por dentro, los personajes me generaron una mezcla de empatía y asfixia, y los teóricos sustos devenían en golpes sangrientos contra mi paz. Comencé a no estar nada cómodo en la sala. Sentía las sensaciones que uno siempre busca en el cine de terror. Pero ahora que me habían llegado, no las quería. Quería salir de ahí, pero sin embargo, también quería seguir gozando de ese ambiente malsano, de esas torturas que se prevén y se ven, de ese remolino de horror en el que se ven envueltos y del que saben que no pueden salir. El talento de Aja y su guionista no dejan ni una situación por explotar. A cada una de ellas le sacan su máximo partido, su punto de vista en cada conflicto es tal que multiplica por un millón las sensaciones generadas, sufres con un animal hasta que llegas a tu umbral.

Y el mío llegó con el último punto de giro. No aguanté más, me tuve que salir. Sabía que había visto una gran película, pero no tenía ninguna gana de disfrutarla.

martes, julio 11, 2006

No sólo de cine vive el hombre


Si os aburrís de ver cine y, tras tanto tiempo sin fútbol, necesitáis un poco de balompié, he aquí la única página donde las lenguas están mejor afeitadas que RuPaul, donde las vidas ocultas de los futbolistas se escapan de los armarios, donde se contempla el deporte cómo lo que es: un bien colectivo. Todo esto podéis encontrarlo en:
http://futbolcolectivo.blogspot.com

domingo, julio 02, 2006

GRIZZLY MAN (Werner Herzog): 9,5


Resulta difícil explicar por qué un documental acerca de un tío que vive con osos puede ser el mejor film del año. Resulta difícil hacerlo, pero lo es. Y de largo.
Quizá no lo sea por la premisa y tampoco sólo por el material. Quizá lo es por todo. Lo es por la voluntad de Herzog de hablar de su vida a la vez que lo hace de la de este ecologista no sobrado de neuronas. Lo es por una estructura que bordea con meandros los ríos de la reiteración. Lo es por un humor que asoma de la propia vida y su colateral insania. Lo es por el caos que asoma de la infructuosa búsqueda de la armonía. Y lo es sobre todo por el personaje que aborda, siempre funambulista entre una locura inhumana y una realidad tan humana.
Todo esto es fusionado con un material tan verdadero que no ha nacido para ser mostrado. Un material que es diario íntimo y es, a la vez, exhibicionismo. Un material que propone relaciones épicas y desenlaces realistas, personas animales y animales humanos. Todo eso es mezclado en una coctelera en la que el azar juega la menor de las bazas. La mayor la juega un alemán en permanente estado de gracia. Un alemán en lucha constante por exorcizar sus obsesiones. Por mostrarlas en una pantalla de un modo que cambie el mundo en el que vive. Como Timothy Treadwell, como un príncipe valiente.

UNA PARTIDA DE CAMPO (Jean Renoir): 6

Quizá es que soy un ingenuo, pero no pienso cambiarlo. Sigo queriendo valorar el cine tal y como lo veo, y no tal y como fue concebido. Por eso trato de poner la misma vara de medir a un film clásico, rodado hace mil años, y a un cortometraje casero rodado anoche. Y sé que es injusto porque uno probablemente lanzó y creó un nuevo cine, y el otro no es sino el resultado de mil y un plagios a partir de esa inicial creación. Pero sigo queriéndolo ver así. Con ingenuidad e injusticia. Con objetividad y pasión.
Y cuando me planto ante la pantalla de Renoir, sí veo los cuadros de su padre y una puesta en escena de maesstro, pero también veo una historia ya contada y unos gags de principiante, unos personajes sin aristas y un desenlace precipitado. Unos logros incontestables que probablemente cambiaron el cine y unas premisas de guión que hoy se han superado mil y una veces.