martes, noviembre 03, 2009

500 DÍAS JUNTOS (Marc Webb): 6,5


La comedia romántica es un subproducto. Pero como todo subproducto puede dignificarse. Notting Hill, El cielo abierto y Antes del Atardecer han sido de los pocos en los últimos años que lo han conseguido.
La receta para dignificarla está muy clara. Pasa por alguna de estas tres cosas. La primera es conseguir hilaridad en la comedia, hacer reír hasta olvidarse de la endeblez de lo que se ve. La segunda es la profundidad del romance, hacer llorar con tanta sinceridad como filosofía. La tercera es la originalidad, optar por caminos nada transitados que saquen a la comedia romántica de la ruta al estercolero.
500 días juntos busca denodadamente por alcanzar su dignidad. Y lo hace por los tres medios.
Primero busca la originalidad. Toma decisiones aparentemente arriesgadas en la estructura no cronológica, en las imágenes pictóricas, en la aceleración del paso del tiempo. Pero no se atreve a arriesgarse del todo.
Luego prueba la hilaridad de la comedia. Y durante algún segmento lo consigue. Gracias a la empatía con el protagonista y a una cierta mirada irónica, logra risas durante 30 minutos muy agradecibles de su metraje. Pero de repente, le da miedo seguir por esa línea, continuar su apuesta por la corrosión.
Y entonces pasa a la última de las probabilidades, a buscar la profundidad en el romance. Y ahí quiere alejarse de los tópicos fáciles, del chico recupera chica, del final de Hollywood, de la parte dura del amor, de la droga de autoengaño en que puede convertirse. Pero lo hace sin convicción, sin ofrecer más filosofía que un artículo de revista.
Por eso, entre fotos llamativas, gracietas de test y reflexiones autoirónicas, acaba pareciéndose más al Cosmopolitan que a El graduado. Y es que, igual que el protagonista, el director también hace una mala revisión de la película germen de la comedia romántica moderna. En la acumulación, Webb olvida las recetas que Buck Henry y Mike Nichols encontraron. 
La dignidad no está en la apariencia, está en la esencia. Si se quiere contar algo especial, si se cuenta desde las tripas, ya hay la materia prima para la comedia romántica. Lo demás está en la elaboración: en sumarle risas, en proporcionarle profundidad, en encontrar la voz original.
500 días juntos se preocupa por la elaboración, pero no tiene materia prima.

martes, octubre 27, 2009

AFTER (Alberto Rodríguez): 7,5


Hay pelis que a mí me gustan y que no recomendaría ni a mi peor enemigo. After es de éstas.

Lo es por todo. Por la aridez de su estructura. Por lo poco queribles que son los personajes. Por lo excesivo de sus acciones. Por lo brutal de sus imágenes. Por la evolución de la historia. Por el desenlace que propone. Lo es por todo.

Pero sobre todo, lo es por la mirada que ofrece. Pocas películas hay tan rematadamente pesimistas como ésta. Su grado de pesimismo, de autodestrucción es tal que llega a generar tal lejanía que dudas entre alejar la vista de la pantalla, levantarte de la butaca o simplemente desconectar cualquier emoción de lo que sucede en frente de ti. Yo logré evitar esos tres riesgos. Pero me costó sufrir mucho más de lo recomendado.

Claro, que hay sufrimientos que te ayudan a acabar sonriendo. No es de éstos. Claro, que hay sufrimientos que te ayudan a ser mejor. Tampoco es After de éstos. Éste es un sufrimiento distinto, un sufrimiento en el que te acaba diciendo que no hay salida. Un sufrimiento con el que no estoy de acuerdo, un pesimismo casi de postal.

Pero que sea un sufrimiento no significa que no valore sus méritos. El primer mérito es precisamente generar sufrimiento. El segundo y esencial es que el creador de la soberbia 7 vírgenes vuelve a mostrar un talento inaudito para la puesta en escena, para la generación de sensaciones en la mezcla de actores y medios. El tercero y todos los siguientes son técnicos.

Pocas películas hay en el cine español con tal dominio del oficio. Si el guión es tan iterativo como original, si la fotografía es tan bella como dura, si la dirección de actores es tan coherente como homogénea, si el montaje es tan preciso como efectivo, si la música genera tanta salvación como lirismo, si todo eso es cierto, lo increíble es que el diseño de sonido alcanza una de las mayores cotas que este crítico recuerda fuera de Lynch o Haneke.

Hay que ser muy freak o pedante para valorar esto, pero sólo por ese logro merece la pena sufrir infinitamente durante dos horas. Aunque no la recomiende. Aunque desgraciadamente no logro olvidarla.

martes, octubre 20, 2009

YO, TAMBIÉN (Álvaro Pastor y Antonio Naharro): 8


Huyo como la peste de las películas biempensantes. No hay nada que más me fastidie que me hagan tragarme una peli para trasladarme un mensaje tan obvio como políticamente correcto. Todo esto es cierto. Pero si es cierto que huyo del cine con mensaje, no hay nada que más me emocione que ver verdad en pantalla.
Aunque esa verdad sea el trasunto de un mensaje. Pero cuando hay verdad, hay vida. Y cuando hay vida, no importa el objetivo, sólo la vivencia.
Mi vivencia empieza con el primer acorde, con la primera imagen de “Yo, también”. Mi vivencia continúa con el primer plano. Ahí, sobre el título de crédito, se aprecia un plano necesariamente fijo que no lo es. Un plano absolutamente imperfecto que deviene en marca de estilo de lo que vamos a ver después. Y lo que vamos a ver después no es perfecto, es natural. No es ficción, es verdad. No es cine, es realidad.
Lo que vamos a ver a ver después es una oda al cine verité que huye del dogma para dar un nuevo sentido a la cámara en mano. Que elude la belleza del encuadre para captar la vida allá donde y como esté. Que obvia el plano-secuencia para no anticiparse a los actores. Que deja que éstos gobiernen la trama en lugar de ser presa de guión. Que prefiere el cariño que nace del defecto a la impostura que nace de la virtud.
Lo que vemos después es puro sentimiento. Lo que sentimos los espectadores cuando Pablo Pineda empieza su primer día de trabajo, cuando su madre le lee un libro en inglés, cuando va a su primera fiesta laboral, cuando realiza cualquier actividad cotidiana, convirtiendo la rutina de otros en magia para él y para nosotros. Lo que sentimos los espectadores cuando su imperfección se torna perfecta para Lola Dueñas. Lo que sentimos los espectadores cuando sus vidas se suman y en el resultado se multiplican.
Lo que nos emocionamos los espectadores cuando vives cómo lo perfecto es enemigo de lo natural, la ficción es enemiga de la verdad, el cine puede ser amigo de la realidad. Lo que lloramos los espectadores cuando una peli biempensante se convierte en una vivencia que no es sino celebración del defecto, de la vida.

miércoles, octubre 14, 2009

AGORA (Alejandro Amenábar): 6,5


Amenábar siempre ha querido ser Spielberg, siempre ha corrido el peligro de convertirse en Spielberg. Con Agora lo ha conseguido.

Es tal su admiración por el creador de megahits que película a película, género a género, ha ido acercándose más y más a él hasta tomar todos sus defectos.

Sus virtudes las traía de casa. Desde Tesis hasta Mar adentro, podía apreciarse en cualquier plano su grúa en movimiento de cámara circular, la espectacularidad de sus conflictos, la claridad de su puesta en escena. Sumó éstas a las que el propio Amenábar traía de su gusto por el guión: creación de unos personajes que alimenten la trama pero generen interés sobre sí mismos, golpes de efecto que eleven la intriga, imágenes tan potentes como metafóricas y búsqueda nada disimulada de la emoción.

El problema es que sus virtudes propias desaparecen en Agora, sólo quedan las de Spielberg. Y los defectos de Spielberg también aparecen. Aparece un tratamiento de personajes algo monocorde, un esquematismo absoluto en la trama, un mensaje claramente maniqueo y todo ello, lleva a una falta de emoción que acaba por alejar lo que tanto dinero ha intentado acercar.

Quizás de todos los defectos el que más pueda molestar es el del maniqueísmo. Su posicionamiento en un solo lado del conflicto llega a molestar hasta al más anticatólico. Un poco de pudor producto de una mirada ajena le podría haber salvado del ridículo en que en ocasiones cae.

Eso sí, lo mejor llega en las escenas de Hipatia y Aspasio, en las que se indaga en la investigación, en el conocimiento. Ahí, cuando se olvida de Spielberg y de su brocha gorda, aparece la verdadera magia de Amenábar. Y lo peor es que llega a notarse que las secuencias que verdaderamente le importaban a nuestro maestro, las que fueron fuente y fin del proyecto.

Quizá si Spielberg no existiera, Amenábar no existiría. Pero es seguro que si Spielberg no existiera, Agora trataría sólo de astronomía y sería una mucho mejor película.

martes, octubre 13, 2009

SI LA COSA FUNCIONA (Woody Allen): 7,5


Siempre que está perdido, Woody Allen vuelve a sí mismo.
Le ocurrió a mediados de los 80 cuando decidió convertirse en Bergman y en Fellini. Respondió con "Delitos y faltas". Le ocurrió a principios de este siglo, cuando transmutó en un operario de Dreamworks. Respondió con "Todo lo demás". Le ha ocurrido ahora, al fugarse a Londres y Barcelona. Ha respondido con "Si la cosa funciona".

Y la vuelta a sí mismo le ha vuelto a venir bien. Porque "Si la cosa funciona" es puro Woody Allen. Es Nueva York, es comedia, es acidez, es diálogos hilarantes, es alter ego, es visión trágica de la vida que sin embargo genera alegría de vivir.
Como en el mejor Allen, como en el Allen que es él mismo, la historia funciona y los gags funcionan. Como en el mejor Allen, la identificación es clara y las antagonistas generan tanta risa como simpatía. Como en el mejor Allen, la comedia funciona y el drama avanza.
Pero del mejor Allen faltan cosas. Faltan gags visuales, más basados en la situación y no sólo en la brillantez del diálogo. Falta una profundidad que convierta en filosofía lo que es sólo conflicto. Falta una tranquilidad para llegar al final, que convierta el desenlace en resultado y no sólo en fin. Falta redondear con detalles lo que se ha tardado en construir.
Al igual que "Delitos y faltas" y "Todo lo demás, "Si la cosa funciona" es puro Allen. Un Allen que se agradece, que genera diversión y cierto gozo. Pero al revés que las otras dos películas, "Si la cosa funciona" es un Allen estupendo, un Allen menor.

jueves, octubre 08, 2009

CineForum: LA TORMENTA DE HIELO (Ang Lee)


Esta mañana en mi ascensor, se han encontrado un señor mayor con una madre y su bebé. Tras quedarse mirándolo fijamente durante un rato, el anciano no ha podido evitar decir: "¡Qué felices son!". Tras sonreír de forma agria, ha añadido "Que aproveche ahora".
De eso va la peli de ayer. De la necesidad que tenemos de volver a los orígenes para ser felices. De lo que definiría Camus como "lo duro que es llegar a ser un hombre". 
Quizás no vaya sólo de esto, quizás vaya de muchas más cosas, pero al asistir a esa escena esta mañana en mi ascensor, es el recuerdo que me ha levantado. Todos sus personajes quieren volver a su infancia, quieren volver al punto donde nacen, tienen que volver a la familia. Pueden hacerse más daño cuanto más poder tengan, pueden entrar y salir de la Zona Negativa, pero unos tienden a ella (Elijah Wood) y los más necesitan volver a la familia como punto donde ser niños, donde refugiarse, donde encontrar la protección de la placenta.
Sobre este cordón umbilical, teje Ang Lee una metáfora de la pérdida de valores a la que asistimos al crecer, de la extrema soledad que propone una sociedad abocada a que en la interacción ésta no haga sino aumentarse. Las reflexiones de Lee no pueden ser más pesimistas, la realidad en la que las presenta no puede ser más real. Sus conflictos parecen ser los eternos entre hijos y padres, su enfrentamiento con las mentiras del mundo (Nixon) es el del que descubre que todo era más bonito cuando se veía de lejos, cuando te acercabas a ello.
Para conseguirlo, el binomio de Lee y su guionista-productor Schamus recurren a tratar de acercarnos un mundo tan pesimista mediante una voz en off con la que encontrar empatía, una selección de actores que puedan caer bien aunque los personajes tiendan a caernos mal, unas imágenes tan idílicas como tristes, una metáfora continua en el agua que se vuelve hielo para luego volver a ser agua, en una serie de comportamientos infantiles que nos recuerden lo que fuimos y lo que anhelamos volver a ser. Toda esa mezcla la agita mediante un montaje soberbio que acorta las escenas hasta el límite sin reducir su significado, mediante una música que encuentra la poesía en la tristeza, mediante una fotografía fría que logra que los momentos cálidos se queden en nuestra retina.
Con todo ello, el binomio logra que entendamos cómo los personajes sufren al enfrentarse con el entorno, sufren al crecer, sufren al enfrentarse a sí mismos. Y en ese enfrentamiento, quieren volver a ser niños. Quieren volver a jugar en piscinas vacías, quieren volver a ser llevados a hombros por su padre, quieren volver a dormir en posición fetal, quieren volver a estar rodeados de un agua que no esté helada.

OTRAS RECOMENDACIONES DEL AUTOR:
1. El banquete de bodas
2. Comer, beber, amar
3. Brokeback Mountain
4. Sentido y sensibilidad

lunes, septiembre 28, 2009

Las pelis de la cartelera

Por si quieres saber qué película ver por una persona sin gafas de pasta y que realmente ha visto las películas que critica, ésta es mi lista:
AFTER: 7,5. Sufrimiento sin más recompensa que el talento técnico
AGORA: 6,5. Espectacular, pero más maniquea y menos épica de lo que querría
BRÜNO: 10. Desternillante, te reirás hasta el agotamiento físico.
ENEMIGOS PÚBLICOS: 6. Tan dispersa que no encuentra el foco de interés.
G-FORCE: 3. Comedia de acción en que ni las cobayas en forma de niño se ríen.
GORDOS: 7,5. Tan graciosa y emotiva, como algo excesiva.
EL SECRETO DE SUS OJOS: 5,5. Larguísima y somnolienta intriga.
MALDITOS BASTARDOS: 9. Tarantino en estado puro, gozo absoluto.
EL PRIMER DÍA DEL RESTO DE TU VIDA: 7. Una película de verdad "bonita".
PAGAFANTAS: 7. Risas constantes, carcajadas fruto de la identificación.
SI LA COSA FUNCIONA: 7,5. Un Allen divertido, un Allen menor.
VACACIONES DE FERRAGOSTO: 7,5. Pequeña, deliciosa.
THE VISITOR: 7,5. Por tener ambición, se queda a un palmo de ser completamente maravillosa.
YO, TAMBIÉN: 8. La peli más realmente bonita de la cartelera
Y tú, ¿estás de acuerdo? ¿cuál recomiendas?

EL SECRETO DE SUS OJOS (Juan José Campanella): 5,5


Todavía no deja de sorprenderme la acogida crítica de esta peli. Todavía no deja de sorprenderme la acogida de los espectadores. Los críticos le regalan 4 estrellas. En filmaffinity, los espectadores la valoran con un impresionante 8,4.
¿Qué no he visto yo? ¿Qué no he sentido yo? ¿Qué he podido yo dejar de apreciar?
Admiro muchas cosas de Juan José Campanella. Admiro su talante al tratar de comprender a todos. Admiro sus diálogos, siempre humanos y comprensivos. Admiro su humor y su bondad. Admiro su dirección de actores y su apuesta por Ricardo Darín. Admiro su capacidad para completar las escenas.
Admiro eso en sus comedias sentimentales. Sigo admirando eso en su paso por el thriller dramático. Pero casi sólo admiro eso. Admiro eso y un par de escenas sublimes. Un plano-secuencia complejísimo en el estadio de Rácing de Avellaneda que llega a sobrecoger. Una escena en plano fijo desenfocada entre Darín y el borracho, que llega a emocionar.
Pero no hay mucho más que eso. Hay un metraje hinchado para una trama demasiado simple. Hay una historia de amor que no viene al caso. Hay un trauma que parece demasiado obvio. Hay búsqueda de la emoción y encuentro de la nada. Hay personajes que desaparecen sin apenas haber aportado. Hay dos tiempos distintos que casi parecen uno.
Debo ser yo el tonto. Debo ser yo el insensible. Debo ser yo el que no he visto lo que había que ver. Pero ¿qué es lo que han visto todos?

sábado, septiembre 26, 2009

¿Cuál es la mejor peli de Tarantino?


Con 6+1 películas más un episodio magistral de "CSI", Tarantino ya tiene una trayectoria que permite elegir, decidir cuál es la favorita de cada uno.
Como sabéis, a mí todas me parecen obras maestras, pero si tuviera que elegir, hay diferencias casi imperceptibles que me llevarían a que éste fuera mi ranking:
1ª. Kill Bill 2. Es sin duda mi favorita. Por el prodigio de mezcla de géneros, por los diálogos desternillantes, por la coreografía y fuerza de las luchas, por las imágenes épicas, por Uma,por lo bien que se lo pasa QT al otro lado de la pantalla, por lo bien que nos lo hace pasar. Porque es el compendio de todas las habilidades de un Tarantino en absoluto estado de gracia.
2ª. Death Proof. La mejor puesta en escena de los últimos años. En la versión de 110 minutos, cada escena tiene tal fuerza, tal interpretación, tal tensión, tal equilibrio que consigue que cada cuadro sea totalmente magistral. Si todo el conjunto y todas sus partes brillan, la secuencia final de 25 minutos de persecución, se convierte en la mejor escena de acción jamás rodada. Brutal, desternillante, sublime.
3ª Jackie Brown. La obra que demuestra la madurez de QT, que enseña que tiene tal talento que puede hacer una película suya o una película clásica. Si el humor sobresale, si la estructura sorprende, si la intriga crece, es sin duda la peli en que los personajes y los conflictos son tan profundos que acaban por conmover. Siendo desternillante, es su obra clásica, su melodrama negro.
Reservoir Dogs. La obra seminal de alguien destinado a la historia. La rotura definitiva con una forma pasada de ver cine. La aparición estelar de una mirada: la del que lo ha visto todo y no puede ver una peli como si no hubiera visto nada. Diálogos surrealistas, conflictos bestiales, violencia ultrarrealista, personajes legendarios, tiroteos finales. Todas sus constantes estaban ya ahí. Todas sus constantes están aquí.
Inglorious Basterds. Si sólo queda quinta, no es porque no sea magistral, que lo es, sino porque las otras quizá son más redondas. Para ser circular sólo le faltan 20 minutos de metraje. Eso sí, en el camino quedan secuencias gloriosas, escenas de casi 30 minutos llamadas a pasar a la historia. Queda eso y queda el Coronel Landa, la mejor interpretación del cine moderno.
6ª Kill Bill. Sus excesos son la cumbre de su inventiva.  Tiene las mejores imágenes de su carrera, un humor inigualable y algunos pasajes simplemente históricos. La pelea con la niña, el tramo manga y la escapada de La Novia del hospital son imposibles de olvidar.
7ª Pulp Fiction. Llevo sin verla diez años. Todavía no me he recuperado de las risas que me generó, de lo muchísimo que me abrumó, de lo extraordinariamente que llegó a cambiar el cine. Fue tan innovadora que necesito volver a verla para asumirla, para entenderla del todo.
8ª CSI. El mejor segmento de la televisión moderna. Cogiendo algunas ideas de un fragmento de Kill Bill 2, Tarantino fue capaz de respetar las convenciones de la serie, y hacer al mismo tiempo algo suyo, algo único, algo que te ata al sofá y no te suelta hasta varios días después.
Probablemente no estés de acuerdo con casi nada de mi ranking. Porque, ¿cuál es tu ranking? 



jueves, septiembre 24, 2009

CineForum: EL CUARTO MANDAMIENTO (Orson Welles)


El progreso nos arrolla. 
Se le puede llamar progreso, pero también se le puede llamar cambio. Y el cambio nos da miedo y al mismo tiempo, nos atrae. El cambio nos subleva y al mismo tiempo, nos eleva. El cambio lo prevemos y sin embargo, siempre nos pilla desprevenidos. El cambio es inminente, el cambio siempre nos pilla tarde. El cambio nos arrolla.
Igual que uno nunca sabe cuándo se ha vuelto adulto, uno tampoco sabe cuál ha sido el momento en que el cambio le ha pillado tarde. Cuál ha sido el momento en que el cambio le ha arrollado, ha tirado abajo toda su estructura.
Del progreso, del cambio, de algo tan ambicioso como esto trata El cuarto mandamiento
Una película profunda, compleja que se esfuerza en no ser difícil. Una película en que los personajes tienen cien aristas y mil complejos, donde el recién descubierto psicoanálisis se introduce en la trama con la sutileza de la pluma de Orson Welles. Una película en que las luces y las sombras penetran en los ambientes con unos ángulos y expresividad antes desconocidos. Una película acerca de la invención y del avance que aparece bajo la forma de la innovación permanente. Una película en que la vitalidad y el lento discurrir de lo pasado queda arrollada por el progreso.
Una película que creó progreso y sin embargo, fue arrollada por el miedo que da éste. 

lunes, septiembre 21, 2009

MALDITOS BASTARDOS (Quentin Tarantino): 9



Tarantino es quien es gracias al cine. No sólo gracias a hacer cine, sino sobre todo gracias a ver cine. El cine le ha formado, le ha cambiado, le ha hecho forrarse. Le ha hecho ser quien es.
Él lo sabe, él sabe que para él el cine lo es todo. Es su vida, es la vida. Por eso su obra más pensada, más trabajada, comienza con una sábana que podría ser una pantalla. Y al levantarse ésta, aparece un coche cargado de nazis, se inicia la tensión. Así empieza Inglorious Basterds. El cine se mete en la trama a partir de ahí, siendo un movie theatre el escenario principal y una peli dentro de la peli el evento clave. Pero con eso no le basta. Tiene que acabar la peli con la frase, casi tan cinéfila como autoirónica: "Creo que ésta va a ser mi obra maestra".
No puede ser más claro. El cine está en el planteamiento, en el nudo y en en el desenlace de la peli que nos llevaba anunciando desde 1996. Y por muchas expectativas que hubiera, ha vuelto a no defraudar. Ha vuelto a alcanzar la maestría, ha vuelto a ser él mismo. Puede que le haya faltado algo de metraje para ser tan epopéyico y preciso en la puesta en escena como en Kill Bill Death Proof, pero ha vuelto a ser él mismo.
Tiene todas las características de su cine:  personajes a los que se presenta como leyendas, miles de saltos en el tiempo adelante y atrás, diálogos tan largos como sorprendentes, humor referencial, malos que no pueden ser más atractivos, buenos que no pueden ser más malos, violencia gratuita, actores que sabes que nunca más van a estar igual  y música que parece nacida para la ocasión. Es puro Tarantino, es puro cine que satisface las expectativas, pero no se queda ahí.
Al introducir el cine y la historia en la narración, en la fusión asoma de forma épica un mensaje integrador, que vuelve a lograr que tras las miles de risas y de tensión generada, te emociones como un niño cuando parece decirte que en la mezcolanza de vidas, de razas, de lenguajes,  de misterios, de géneros, está la vida. Está la vida mejor.
Negros, indios, arios, judíos, da igual. Inglés, francés, alemán, italiano, da igual. Thriller, western, comedia, musical, da igual. Personajes, personas, cine, vida, da igual. El cine es la vida y la vida es el cine. Y en la mezcla de ambos, como en la mezcla de todo, es donde está el futuro, donde está el presente.
Tarantino lo sabe mejor que nadie. Porque él es quien es gracias al cine.

viernes, septiembre 18, 2009

El acontecimiento del año: la nueva de Tarantino

Hace muchísimos años que no ocurría esto. Hace muchos años que no había nadie capaz de levantar el mundo cinemtográfico, de hacer esperar cada película con la ilusión de un niño, con la expectación del que sabe que va a disfrutar de algo histórico.
Probablemente desde Hitchcock no había ningún cineasta capaz de unir tanto a la crítica y al público, de hacer que cada estreno suyo fuera un acontecimiento, el hito que merece ser.
Las primeras críticas de Malditos bastardos han vuelto a alimentar el fenómeno. Tras cinco obras maestras en cinco películas, los eternamente malditos críticos han vuelto a calificar Inglorious Bastards como la sexta de seis.
Reservoir Dogs me dejó anonadado. Pulp Fiction me hizo reír tanto que necesité años para llegar a entenderlo todo. Jackie Brown me levantó lágrimas. Aparte de lágrimas, Kill Bill me levantó de la butaca. En Death Proof subió la butaca a la montaña rusa.
Por eso y por Tarantino, espero Malditos bastardos con ansia, con la ilusión de un niño, con la expectación del que va a ver historia.
Yo no sé vosotros, pero yo me muero por verla.

martes, septiembre 15, 2009

GORDOS (Daniel Sánchez-Arévalo): 7,5


Con sólo dos películas, Daniel Sánchez-Arévalo ya es un autor. Ya tiene una personalidad propia. Ya tiene un hueco en el cine español.
Tiene un hueco por su apuesta, por su estilo, por sus resultados. Por proponer un cine comercial que al mismo tiempo no lo es. Por hacer de la realidad paisaje, y subvertir ésta hasta encontrar su mundo propio.
En este camino, Sánchez-Arévalo demuestra muchas cosas que nos llevan a querer a sus personajes, a sentirlos cerca, a reírnos con ellos, a ansiar un final feliz que ya van dos veces que parece más soñado que real.
Lo primero que demuestra  es su conocimiento del mundo. A diferencia de muchos autores que parecen llevar un camino paralelo al del mundo en el que viven, DSA no se sumerge en éste, sino que se nota que lo vive todos los días. Por eso sus personajes pueden ser a veces esquemáticos por representativos, pero nunca son tópicos, siempre tienen matices, verdad. Siempre puede ser alguien que se parece a nosotros.
Y eso es lo que lo lleva a su verdadera comercialidad: el sentir que sus personajes pisan el mismo mundo que nosotros, que se enfrentan a conflictos parecidos a los nuestros. Que se autoengañan y se equivocan a diario. Que hacen planes para ser mejores, que se empeñan en buscar la misma piedra en la que se tropezaron.
Tantos personajes y tanta verdad siempre consiguen risas, no siempre consiguen verdad. La verdad la consigue cuando logra diluir su tendencia al exceso para generar comedia. Cuando logra atenuar ésta y centrarse en lo brutal de la historia, aparecen momentos tan maravillosos como todos los de la historia de la embarazada y su marido que no la mira. Sólo por cada escena de Roberto Enríquez merecería la pena pagar la entrada, merecería que fuera cine realmente comercial. Pero hay eso y hay mucho más. Hay risas aseguradas, hay lágrimas que aparecerán sin que apenas te des cuenta.
Es el peso de la autoría, es el peso de la verdadera personalidad.

jueves, septiembre 10, 2009

Cómo se siente uno al rodar un largo

Como sabéis, acabo de terminar de rodar mi primera peli. Pues bien, pese a mi incontinencia verbal, hay muchas cosas que he vivido que no sabría explicarlas. Pero tengo suerte, alguien se ha dedicado a explicarlas por mí. Y lo ha hecho cientos de veces mejor de lo que yo lo hubiera hecho.

Se llama Dany Saadia. No sólo es amigo y un gran tipo, es un gran director. No os perdáis Filmonauta

miércoles, septiembre 09, 2009

CineForum: EL BUENO, EL FEO Y EL MALO (Sergio Leone)


En el principio no estaba el cine. El cine nace como arte tras más de tres mil años de literatura, de teatro, de pintura. Eso hace que como arte, casi siempre dependa de éstos. Por eso hay muy pocas historias que no puedan ser más que cinematográficas. El bueno, el feo y el malo es una de ellas.
Es cine puro por los paisajes, por la aparente simplicidad de las historias, por lo aparentemente esquemático de los roles, por el no pasado de los personajes. Es cine puro por todo eso. Pero todo eso ya aparecía en el western tradicional. Lo que cambia respecto al western tradicional es esencialmente la mirada.
La mirada de Leone ya no es la del que una ve una película por primera vez. En su mirada hay ironía, hay referencias a otras películas, hay parodia. Y eso convierte a un género tan antiguo y maniqueo como el western en algo actual, divertido, apasionante.
A ello ayuda de forma definitiva su inmenso talento, su descomunal inventiva. Inventiva para descubrir planos nuevos, para generar tensión sin una sola bala, para componer violencia al son de música navideña, para editar vida cinematográfica a partir de planos hiératicos que acercan a la muerte. Todo en Leone se une para hacer cine. Cine de verdad.
El enorme pedazo de cine que va de un primer plano cerradísimo a una panorámica que funde al personaje con el horizonte. El enorme pedazo de cine que va de un plano totalmente innovador a un vaquero que se vuelve personaje de western. El enorme pedazo de cine que hay en un género nuevo que satisface las expectativas de siempre.

OTRAS RECOMENDACIONES DEL AUTOR:
1. Érase una vez en América
2. Hasta que llegó su hora. 

lunes, septiembre 07, 2009

EL PRIMER DÍA DEL RESTO DE TU VIDA (Remy Bezançon): 7


Cuanto más vive uno, más manías tiene. Cuanto más se dedica a algo uno, más inflexible se vuelve. Cuantas más pelis veo, más odio ciertas cosas.
Una de las que más odio es el afán de tratar de contar una historia que sucede en muchos años. Creo que el cine está hecho para lo anecdótico, para un relato breve y pequeño que se vuelve símbolo de algo mucho más grande. Cualquier otro cine me resulta poco cine.
Cuando entro en la familia de El primer día del resto de tu vida y veo el continuo cambio de años, me doy cuenta que voy a tener que luchar contra mí mismo, contra mi intolerancia. E inicio mi lucha desconfiado. Sin embargo, al cabo de un rato, me doy cuenta de que he dejado de luchar contra mí, que me he dejado llevar por su humor, por su costumbrismo, por sus personajes.
El mérito es más del guión y de la edición que de la dirección. Aunque cuenta algo tan grande como la vida de una familia en doce años, no lo hace recurriendo a su día a día, sino que busca un solo día cada 3 años para poder contarlo todo. Y en la concentración, la peli encuentra su forma, la trama encuentra su cuerpo, la narración llega a su tono.
Su tono es el de una comedia agradable familiar, donde las disputas parecen reales y la ternura no suena a impostura. Donde los personajes no necesitan idealización ni crecimiento. Donde la belleza está más en lo pequeño que en lo grande.
Por eso El primer día del resto de tu vida logra mantenerte durante todo el metraje con una sonrisa y un amago de emoción. Logra atarte a la silla con la certeza del que sabe que lo que va a venir te va a gustar sin llegar a epatarte. Logra que sigas a su familia sabiendo que es tan real como la tuya. Logra en el plano final convertir el amago en emoción pura.

sábado, agosto 29, 2009

THE VISITOR (Tom McCarthy): 7,5


Hay directores que sabes que algún día harán una obra maestra. Son directores cuyo talento se aprecia en cada uno de los granos de las imágenes. Puede que todavía no hayan hecho una gran película, puede que sí la hayan hecho, pero sabes que llegará el momento donde alcancen la intemporalidad. Tom McCarthy es de éstos.
Su descomunal don no es un talento llamativo. No se aprecia en grandes angulares o en planos-secuencia que llamen la atención sobre sí mismos. Se ve en cosas mucho más simples, mucho más definitivas. Se nota en su forma de encontrar simetría en el caos, de ver almas donde sólo había individuos, de captar las relaciones, de entender qué es lo reseñable, de identificar la felicidad más como un momento que como un estado. Se nota en su forma de crear magia a partir de lo cotidiano.
Todo eso sale a la luz en la magistral primera media hora de The Visitor. Es tan palpable, tan gozosa que la audiencia comienza a recrearse y se mete dentro de una película que no es la que va a ver. Esa media hora vale por el 99,9% del cine de este año. Lo que viene después no es peor. Pero no es lo que hemos visto.
Lo que viene después es cine de mensaje, es cine de denuncia. Un cine que podría haber hecho cualquiera. Es verdad que en manos de McCarthy es un cine mejor. Sabe evitar los tópicos, sabe no recurrir a los excesos, sabe evitar el melodrama, sabe mantener el atractivo de las relaciones. Pero donde en la primera parte no había buenos ni malos, no había discursos ni partes, no había fuentes ni fines, en la segunda aparece todo eso bajo la forma de un tipo de cine más serio, menos perdurable.
Creo que a McCarthy le ha podido su compromiso con el mundo. Es un pecado venial, sí, pero no deja de ser un pecado. Si vuelve a las vías de The Station Agent con la madurez y el dominio de la puesta en escena que aquí muestra, pronto, muy pronto tendremos su obra maestra, su paso a la posteridad.

viernes, agosto 28, 2009

BUSCANDO UNA BSO A MEDIODÍA

LLevo una semana infernal. He decidido amenizar las jornadas laborales con la peor música del mundo. A la búsqueda de una banda sonora para mi peli, he tenido que tragarme las sinfonías instrumentales de todas las comedias románticas que se os puedan imaginar.
Como consecuencia, el paciente sufre un síntoma claro: empalagamiento. He ingerido azúcar hasta provocarme la diabetes. Y la conclusión es clara, cuanto más se aleja uno del género, más encuentra lo que busca. Y al alejarme puramente del género, he encontrado una joya, algo que combina comedia, dramatismo, nostalgia y glamour. Una sinfonía que me permite incluir diferentes variaciones en función del momento vital de los protagonistas.
Se trata nada más y nada menos que de Henry Mancini. 

jueves, agosto 27, 2009

ENEMIGOS PÚBLICOS (Michael Mann): 6


Michael Mann es incapaz  de hacer una película mala. Enemigos públicos va a ser lo más cerca que va a estar de conseguirlo.
Es incapaz de hacer una película mala porque es capaz de huir de los tópicos, porque rueda de forma excelente, porque sabe generar intriga, porque sabe montar y porque hace cine comercial en el que se implica personalmente. Todas estas virtudes aparecen en Enemigos públicos. Pero no aparece ninguna más.
Como casi siempre, todo nace del guión. Y ahí aparece la primera ausencia. Falta Eric Roth, el hombre que ha sido capaz de convertir cada escena en un conflicto ético en la magistral El dilema. Pues donde en ésta, o en Collateral, había profundidad en cada plano, aquí no hay más que acción. Donde en ésta, o en Collateral, había personajes y relaciones apasionantes entre ellos, aquí no hay más que meros vehículos para contar secuencias. Donde en ésta, o en Collateral, había foco en un momento concreto de sus vidas, aquí no hay más que dispersión. Donde en ésta, o en Collateral, se mostraba de forma inteligente los dos lados del conflicto, aquí se elige mal el conflicto: sobran polis y mafiosos y falta el verdadero juez, el pueblo.
Y todo esto acaba lastrando los 14o minutos de Enemigos públicos. No lastra tanto como para aburrir, porque este hombre es incapaz de aburrir. Pero no lo hace apasionante. Tampoco colabora una fotografía digital con errores notables. Ni una banda sonora que se mueve entre la banalidad y la reiteración. Ni un reparto de secundarios sin personajes que defender.
Todo colabora para que Enemigos públicos sea la peor película de Michael Mann. Sí, no es una película mala, pero sí lo más cerca que va a estar de serlo.

miércoles, agosto 26, 2009

CineForum: EL GRADUADO (Mike Nichols)


Hay dos películas en una dentro de El graduado. La primera es la comedia romántica, el himno generacional que nos acerca a Ben y le convierte en protagonista de nuestras vidas ansiadas de rebelión. La segunda es la obra fundacional de un estilo visual que todavía sigue impactando, la novedosa traslación al cine de los grandes estudios de las innovaciones realizadas en el pequeño cine francés.
Y ambas son fabulosas.
La primera es una obra de identificación. Es un grito que quiere cambiar el mundo. Es un aviso de que el mundo de los adultos está a punto de acabar. De que los jóvenes nunca más se van a dedicar a replicar el modelo de sus padres. 
Por eso esta primera película está llena de rabia, de emoción nada contenida. El giro tan radical que da Ben es el que va de ir parado en una escalera mecánica a cerrar con una cruz las puertas de la iglesia, es el que va de ir por los raíles a elegir su propio destino. Es el que va de dejar que le lleven en el transporte de los adultos (avión), pasando por ir en el coche regalado por sus padres, hasta gobernar su propio medio de transporte (el autobús escolar). Esta primera película va de eso, de rebelión.
Y para rebelarse, Mike Nichols necesitaba una forma que fuera coherente con el fondo. Si el guión de Buck Henry optaba por la rebelión en el fondo, pero no en la forma, Nichols lo toma y lo convierte en una nueva rebelión. Es la rebelión visual. Una rebelión que incorpora elementos tan novedosos como rodaje con cámara oculta en exteriores reales. Que incorpora largos planos-secuencia. Que incorpora cambios de foco. Que incorpora conversaciones realmente a oscuras. Que incorpora planos teatrales donde dejar que los personajes se muevan a sus anchas, (aparentemente) libres de marcas. Que incorpora planos subjetivos debajo del agua. Que incorpora una edición que mezcla escenas y situaciones. Que incorpora una banda sonora de canciones con letra, no instrumentales.
Y esa rebelión surtió efecto. Pocas películas han sido tan tomadas estilísticamente como El graduado. Todavía hoy sigue siendo patrón de referencia para contar visualmente una comedia romántica. Pero donde en El graduado había coherencia forma-fondo, en las otras sólo hay adecuación. Donde en  El graduado había verdad, en las otras sólo hay necesidad.
Por eso El graduado acaba uniendo a las dos películas. Y se convierten en una sola. Una sola, que nos identifica, nos eleva, nos rebela, y nos acaba haciéndonos llorar con Ben y querer subirnos a su autobús escolar, coger el volante de nuestras vidas. 
Ahora cada vez que tarareamos a Simon&Garfunkel sabemos que nuestro destino sólo está en que lo hayamos elegido nosotros.
OTRAS RECOMENDACIONES DEL AUTOR:
1. ¿Quién teme a Virginia Wolf?
2. Closer

jueves, agosto 20, 2009

QUID PRO QUO

Como sabéis, llevo años criticando, haciendo de tertuliano profesional que se cree en posesión de la verdad. Por fin va a llegar el momento de demostrar que no tenía razón, de que me destrocéis.
Acabo de terminar de rodar mi primer largo. Dentro de unos meses podréis recordar ese amor puro que una vez tuvísteis. Hasta entonces, aparte de vuestros recuerdos falseados, sólo os dejo una foto. Son Cecilia y Juan.

miércoles, agosto 05, 2009

PAGAFANTAS (Borja Cobeaga): 7


Resulta incomprensible que en el cine español no se hagan más películas como Pagafantas. Películas que hagan de la identidad patria virtud mediante identificación y humor cercano. 
Son pelis que aportan lo que no puede aportar Hollywood. Aportan lo que es de aquí: realidad y visión común de la vida. Son pelis que a poco bien que se hagan, garantizan el éxito comercial.
Dentro de esto, Pagafantas no es la comedia definitiva. Pero sí es una estupenda comedia, una obra que te hace sonreír y reír con continuidad. Una obra que alcanza varias veces la carcajada.
Lo logra mediante un guión coherente  apoyado en el uso documental de metáforas animales y en la inteligente repetición del Pagafantas en Óscar Ladoire. Lo logra mediante una dirección artística excelente, que convierte un pijama y un radiocassette en elementos memorables. Lo logra mediante un trabajo de dirección dedicado fundamentalmente a armonizar.
Cobeaga no siempre rueda con excelencia, pero al menos siempre tiene claro el objetivo: la identificación, el autoescarnio, la risa.

sábado, agosto 01, 2009

Guy Ritchie y las películas pompa de jabón


Anoche vi la última de Guy Ritchie. Anoche vi Rock'n Rolla.
Y no sabía si escribir sobre ella o sobre lo que me produce. No sabía si tratar de analizarla como película como fenómeno. He preferido centrarme en éste.
Cada vez tengo menos claro lo que me gusta y lo que no me gusta. Supongo que soy tan ecléctico que casi todo me gusta, supongo que tengo un listón tan fácil que casi todas lo pasan. El caso es que, dentro de este listón, hay películas que me entretienen, me hacen disfrutar, me hacen pasármelo pipa y hay películas que no consigo olvidar. El cine de Guy Ritchie a veces consigue ser de la primera categoría; jamás, de la segunda. 
Lograr lo primero tiene que ver con el talento narrativo, hacer interesante y adictiva la historia, tener algo que contar y hacerlo de forma atractiva, diferente. Tiene que ver con saber escribir y saber rodar y saber montar. Tiene que ver con saber generar experiencias.
Claro, que hay experiencias que se recuerdan y experiencias que se olvidan. El cine de Guy Ritchie, como el de Spielberg o como si se me apura el de Medem, pasa inmediatamente al último lugar de la memoria.
No tiene que ver con su innegable y apasionante lado lúdico, hay películas-juego que se recuerdan durante el resto de tu vida.  "Chinatown" o  "El silencio de un hombre" son las muestras más genuinas. Durante su narración, no hay filosofía, sólo hay historia. Historia y una tristeza que está permanentemente detrás de sus imágenes y que cuando acaba ésta, te deja desolado, cambiado. "La huella" es el mismo caso. Igual que los protagonistas, tú juegas hasta que cuando acaba, te das cuenta de que no era un juego, de que era la vida.
Por su aparente parecido con Guy Ritchie, Tarantino es el caso más radical. En la concepción ambos parecen iguales. Ambos parecen concebir el cine como un parque de atracciones, ambos buscan generar experiencias. Sólo que las de uno se olvidan y las del otro siguen siempre ahí. En el parque de atracciones de Ritchie hay loopings y  hay montaña rusa, en el de Tarantino hay eso pero también hay seres que se suben a ella. Los personajes de Ritchie pueden tener más o menos carisma, pero apenas tienen historia. Los de Tarantino han nacido para ser míticos, pero además tienen una historia triste detrás. Probablemente no hace falta contarla, no hace falta exagerarla, pero el espectador sutilmente percibe que la historia está ahí.
Por eso, cuando recorres los loopings de Tarantino, disfrutas con locura. Cuando recorres los de Ritchie, te lo pasas bastante bien. Pero cuando llegas al punto de salida que no es sino el punto de llegada, en la de Tarantino hay algo parecido a unas lágrimas que se asoman dentro de ti, en el de Ritchie no hay nada. Por eso, cuando paseas después por el parque con un algodón de azúcar o incluso varios años después, sigues recordando cada imagen de Quentin, no recuerdas nada de las de Guy. Por eso vemos varias veces las de Tarantino, por eso nadie revisa a Ritchie. Por eso Tarantino es uno de los 5 más grandes, por eso Ritchie sólo es el exmarido de Madonna.

jueves, julio 23, 2009

CineForum: EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS (Bernardo Bertolucci)


Hay pocas experiencias tan desagradables como ver El último tango en París. Hay pocas experiencias tan turbadoras.
Nada de lo que sucede gusta. Nada de lo que sucede te deja cómodo. Nada de lo que sucede te permite seguir impasible. Porque nada de lo que les sucede por dentro a los dos protagonistas nos permite seguir igual.
Lo que les sucede a ellos es el descubrimiento de su lado oscuro. De repente, un ser tan angelical como Jeanne descubre su lado artero, autodestructivo, su querencia por el abismo, su elección no racional de lo que le jode por dentro. De repente, tú, espectador, te ves odiando su decisión y comprendiéndola, dejándote llevar, sabiendo que eso forma parte de la naturaleza humana, de tu naturaleza.
Y te ves odiando a Marlon Brando. Y te ves odiando a Maria Schneider. Y te ves odiando a Bertolucci. Y te ves odiándote a ti mismo. Hasta que llega un momento en que la turbación es tan radical, tan sangrante que no sabes si quererlos u odiarlos, si levantarte de la butaca o seguir cayendo por el abismo. Porque igual que para Maria Schneider el abismo es adictivo, para ti como espectador la experiencia también es adictiva. La turbación se vuelve necesaria, ansías volver a ese apartamento y asistir a cómo se joden por dentro, cómo son felices haciendo algo que saben que no les va a llevar a la felicidad futura.
Y es desagradable saber que las cosas son así, es turbador, es adictivo. Pero eso es puro cine. Esa es la esencia del arte: cambiar vidas. Y me temo que El último tango en París ha cambiado muchas vidas. Cambió la vida de sus personajes, cambió la vida de sus actores, cambió la vida de muchos espectadores. Es posible que siga cambiándola hoy. 
Visionados como el de ayer no se olvidan. Puede que te cambien. No siempre para bien. Seguro que sí para hacerte más sabio, más autoconsciente.
OTRAS RECOMENDACIONES DEL AUTOR:
  1. Novecento
  2. Soñadores
  3. Belleza robada
  4. Asediada
  5. El último emperador

domingo, julio 12, 2009

BRÜNO (Larry Charles): 10


¿Cómo describir la euforia? ¿Cómo contar el placer supremo? ¿Cómo explicar mediante la razón algo que no es sino un gozo absoluto? ¿Cómo aplicar una lógica a las miles de risas vividas? No se puede.
Sólo se puede contar el hecho. Mi cine ha podido reírse unas 200 veces durante la peli. Mi cine ha podido carcajearse unas 100. Mi cine ha prorrumpido en aplausos espontáneos unas 10 veces. Mi cine ha ovacionado la peli al terminar como si se tratara del estreno en un festival de una obra maestra.
Y es que no era un festival, pero Brüno sí es una obra maestra. Una obra maestra absoluta, indiscutible, avasalladora. Un monumento a la risa que hace que uno no sea capaz de recordar las miles de situaciones y gags que le han hecho casi perder el sentido. 
Porque te hace perder el sentido. Con su descomunal provocación, con su sangrante incorrección política, con su bestial vergüenza ajena, con su coherencia argumental y estílistica, con su apuesta hasta el final por la gamberrada documental.
Brüno es la obra de un maestro. No sé si el maestro es el sensacional Larry Charles o si sólo es Sacha Baron Cohen. Lo que queda claro es que el segundo no es sólo un actor descomunal, no es sólo un gran guionista. Lo que queda claro es que detrás de AliMcG y Borat, está el mejor cómico del siglo XXI. Alguien que consigue elevar la comedia gamberra a la categoría de arte. Alguien que consigue que sea imposible dar explicaciones. Alguien que consigue generar el placer absoluto. Alguien que consigue que no pasen veinte segundos seguidos sin que estallen carcajadas.

jueves, julio 09, 2009

CineForum: SER O NO SER (Ernst Lubitsch)


El clasicismo es una opción que siempre gusta. Ayer vimos uno de los clásicos más clásicos. Y como se preveía, arrasó, encantó.
Ser o no ser es un referente universal de la comedia, un ejemplo de película de toda la vida que quedará para toda la vida. Y lo es por muchas razones.
La primera es su tema. Lubitsch es capaz de afrontar un tema tan sumamente grave con el humor de las cosas banales. La segunda es su condición de farsa. Lubitsch hace que el teatro se vuelva vida y la vida, teatro. La tercera es su precisión. Lubistch afila las escenas hasta encontrar la  máxima depuración.
Con ello logra de forma simultánea tres cosas. La primera es que te rías, la segunda es que te rías de lo que vives y la tercera, es que te ríes de lo que vives sin parar. Ese tema, esa farsa, esa precisión confieren unos diálogos llenos de profundidad y subtexto, que se suman uno detrás de otro hasta darle un ritmo imparable.
Es el ritmo de la comedia clásica, el ritmo de las buenas comedias. Esas comedias donde nada es lo que parece y todo se parece a nosotros mismos. Esas comedias que no son sino la forma inteligente y divertida de hablar de las cosas serias.
OTRAS RECOMENDACIONES DEL AUTOR:
  1. Ninotchka
  2. El bazar de las sorpresas

martes, julio 07, 2009

VACACIONES DE FERRAGOSTO (Gianni di Gregorio): 7,5


Hace menos de un año, Matteo Garrone y Gianni di Gregorio estrenaron Gomorra. Se trataba de una peli grande, repleta de escenarios, de personajes, de potenciales metáforas de la situación de un país. Se trató de una peli de 150 minutos. Se trató de una peli fallida.
Ahora, los mismos Garrone y di Gregorio han estrenado Vacaciones de Ferragosto.  Se trata de una peli pequeña, con un solo escenario, muy pocos personajes, una sola metáfora acerca de Italia. Se trata de una peli de 75 minutos. Se trata de una peli casi redonda.
Sus virtudes están muy claras. Donde la otra era dispersa, ésta es concreta. Donde la otra era excesiva, ésta es creíble. Si la otra buscaba la poesía en grandes imágenes, ésta la encuentra en pequeñas personas. Porque ahí está la clave de la película: en su apuesta por dejar sitio a sus actrices, a sus no actrices. Las deja juguetear y conversar y picarse y emocionarse con la credibilidad que da la realidad. Una realidad libre de conflictos falsos. Una realidad real. 
Una realidad dentro de la que se incrusta ese apasionante tipo que cuida de su madre como si fuera de su esposa. Un tipo cuya relación con el mundo está desapareciendo y al que sólo el vino blanco le permite vivir una segunda vida, una vida que está en su cabeza y que ninguno sabemos, pero que todos intuimos. Una segunda vida que le lleva a comparar con la que vive y a frustrarse, pero a saber que debe aguantar. Una segunda vida que le permite ser más feliz en ésta. Una segunda vida que es la que viven las ancianas en esa casita de Roma donde sus vacaciones sí son de verdad vacaciones.

miércoles, junio 24, 2009

Cine Forum: AZUL (Krzystof Kieslowski)


No sé si considerar el cine forum de anoche como un fracaso. Quizás es la única forma en que puede llamarse a una convocatoria oficial para ver "Las uvas de la ira" en que el presentador se prepara "El hombre que mató a Liberty Valance" y acabamos teniendo que ver "Azul". Quizás es la única forma en que pueda llamarse a una sesión en que el proyector ganaba y perdía color como si estuviera en el casino. Quizás es la única forma en que puede llamarse a una sesión en que dos de los asistentes dicen haber caído bajo el influjo del sueño y otra, con inusitada corrección política, dice "que le han encantado las imágenes". Quizás sea la única forma de llamarlo, pero me niego a hacerlo.
La obra seminal de la trilogía gala de Kieslowski es una experiencia para los sentidos. Todos ellos se unen a través de la vista y el sonido para regalar belleza. Una belleza de una profundidad sin par. Una belleza que puede animar a la reflexión o  sólo a la vivencia, pero una belleza que siempre está ahí.
El terrón de azúcar mojado por el café hasta caer sobre él, desparramando el líquido. La cuchara que regala la imagen convexa de Julie. La anciana que trata denodadamente de reciclar la botella de cristal. La madre que vive los deportes de riesgo a través de la televisión. El pentagrama que es leído generando coros. La  lámpara de piedras preciosas. El café dejado sobre el colchón, junto a la cabeza del amante. El ojo que se vuelve espejo. El plano final de Julie, dejando que los matices se impongan en su vida.
Hay tantas imágenes de una belleza descomunal, tanta música nacida para epatar, que por más que el argumento y las intenciones sólo provoquen preguntas, la experiencia es inigualable.
Puede que la única forma de llamar al cineforum de ayer sea "fracaso". Puede ser, pero también puede ser que fuera una experiencia única.
OTRAS RECOMENDACIONES DEL AUTOR:
  1. Rojo
  2. Blanco
  3. La doble vida de Verónica
  4. No matarás
  5. No robarás

lunes, junio 22, 2009

Videoclip

Os adjunto un excelente videoclip en el que aparte de la extraordinaria canción, lo que más destaca es la actuación de un no actor, que demuestra por qué no lo es: yo.


PARQUE VÍA (Enrique Rivero): 10

Ya sé que soy un poco pesado, pero es que ayer volví a verla y como me ocurrió la anterior vez, no consigo olvidarla. 
Cuando en medio de un silencio fantasmagórico,  acaba la peli y empiezan los títulos de crédito, algo comienza a moverse en tu interior. Cuando los títulos de crédito prosiguen, entra dentro de uno algo enorme, una tristeza existencial que se mete dentro de ti para hacerte mejor. Cuando sales de la sala, sigues sobrecogido. Cuando al día siguiente te levantas, la peli sigue en tu cabeza, sigue en tu corazón, está llegando al alma. A los pocos días penetra en el alma.
Hay pocas pelis que se quedan para siempre en tu conciencia. Ésta es una de ellas.

domingo, junio 14, 2009

WINTER LIGHT (Ingmar Bergman): 7,5


Ayer me dispuse a ver la supuesta obra maestra de Bergman. Lo hice por amistad y por obligación. Resulta que un amigo tiene que dar una charla acerca de la peli y me pidió ayuda. Ya de paso, me servía a mí para tratar de rellenar el vacío cultural que tengo con toda la obra del sueco.
Sólo he visto cuatro o cinco de sus pelis. Y debo ser un paleto porque me gustan más aquéllas que no dirige él. Supongo que será que la suma de su extrema profundidad y la aridez de sus formas y montajes se me hacen excesivas.
El caso es que me puse delante de la peli con el mismo miedo que con un ciclo que acababa de intentar tragarme de Andrej Tarkovski. Digo intentar porque no logré terminar una sola de sus obras. Y eso que mi criterio de selección era bastante claro: de entre las buenas, sólo aquéllas que duraran menos de 100 minutos.
Mi miedo se empezó a concretar con el primer plano del filme. Un plano bellísimo de una Misa que no termina. Durante diez minutos asistí a dicha imagen. Tomé la carátula para volver a comprobar que la tortura sólo duraba 80 minutos. Sin embargo, me equivoqué. Al momento, comencé a olvidarme de la duración.
Bergman entró en escena. Sus eternas cuitas con Dios se hacían carne en la voz de un reverendo. El conflicto era tan claro como el que todos vivimos en nuestra relación con Dios. Las preguntas no eran nada originales, eran universales. Lo no universal es la elección de esa forma tan poco cinematográfica (o al menos, americana) que consiste en mostrar, no sugerir. Así, las preguntas y dudas son tan explícitas que pueden generar identificación, casi nunca narración.
La seriedad de lo que cuenta es tan brutal que no hay lugar para el humor. No hay lugar para la dramaturgia. No hay lugar para exponer planos bellos o anécdotas reveladoras. Todo está en el verbo de Bergman, en las nada sutiles dudas del protagonista, en la dureza con la que castiga su amor a la chica, en la explicable  incomprensión con que vive Max von Sydow. 
Si decía Kieslowski a través de Juliette Binoche que "Nada es importante", Berman opina exactamente lo contrario. Para él, todo lo es. Y serlo impide obviarlo. Su extrema coherencia le lleva a poder ser un pesado, a pecar de trascendente cuando su conflicto es bastante obvio y su expresión todavía lo es más,  a no permitir que la belleza entre, a proporcionar un final redondo sin aprendizaje, a no dejar asomar momentos de felicidad en una vida esencialmente sin destino.
Claramente, Bergman no disfruta del viaje. Yo sí pienso hacerlo. Y para ello, veré las menos posibles pelis suyas. No porque no me gusten, sino porque me aportan cien veces menos pensamiento que otras, y millones de veces menos emociones.

martes, junio 09, 2009

Cine Forum: EL SILENCIO DE UN HOMBRE (Jean-Pierre Melville)



Si por definición, la eficiencia es el cumplimiento de un objetivo con el menor número de recursos, "Le samouraï" es la película más eficiente de la historia. No por rentabilidad económica, que seguro que lo es "El mariachi" o "El proyecto de la Bruja de Blair", sino por rentabilidad cinematográfica.
Es imposible realizar una peli con menos recursos cinematográficos. Apenas hay un traje y un sombrero, una pistola, un policía, el prota, la chica del prota, el malo y la chica del malo. Sólo existen los recursos tradicionales del cine negro. No hay nada más. Existe eso y la lluvia y la atmósfera. Existe eso y el descomunal talento de un autor en estado de gracia.
Todos esos escasos recursos podrían haberse utilizado para hacer un thriller de los de siempre. Esos filmes de cine negro en que abunda la información y el espectador tiene que estar atento a captarla toda y situarla en el momento adecuado. Aquí, no. Aquí apenas hay información. Y toda la que da es sustancial, cambiaría la película sin ella.
De hecho, probablemente la peli sería distinta sin uno solo de los elementos, sin uno solo de los planos, sin uno solo de los diálogos. Melville lleva al extremo la economía de medios y datos para construir una intriga prácticamente muda, donde todo es sustancial, nada es accesorio, todo es verdad.
Y lo mejor de todo es que con ello, no realiza un ejercicio de estilo, sino que consigue una trama que te ata a la butaca, te clava pegado a su protagonista, te regala una belleza triste e infinita, te emociona con uno de los finales más elípticos, sorprendentes y redondos que se recuerdan.
No consigo quitarme esta peli de la cabeza. Cada vez que pienso en ella, veo que hay detalles decisivos para la trama que se me habían escapado. Ayer nuestro debate duró más de media hora. Necesitaríamos otras doscientas horas para captarlo todo.
Por todo esto brindo por Melville, brindo por su trama y sus imágenes, brindo por su eficiencia. Por todo esto brindo por Alain Delon y por su silencio, el silencio de un hombre, la dignidad de un samurai.

domingo, junio 07, 2009

HACE MUCHO QUE LA QUIERO (8,5): Philippe Claudel


Hay películas que son una mierda por fallar un solo factor. Si casi siempre es el guión, hay alguna vez que pueden ser los decorados, y también alguna que puede ser el actor. Todos recordaremos siempre Carne trémula como la película que hubiera podido ser sin Liberto Rabal.
Hay muy pocas películas que son lo que son sólo por un factor, sólo por un actor. Hace mucho que la quiero es la única que conozco.
El guión plantea un conflicto imponente, pero podría haber dado lugar a un telefilme. La fotografía es floja tirando a muy floja. El montaje es sólo correcto. Nada brilla en la peli salvo el color gris del argumento y de sus componentes técnicos. Sólo brilla una cosa. Pero reluce más que el 95% del cine moderno. Y esa cosa es Kristin Scott Thomas.
Su actuación es lo más impresionante que he visto en una pantalla en los últimos quince años. Sólo soy capaz de recordar a Victoria Abril en Felpudo maldito para acercarme un mínimo a lo que me ha hecho vivir esta mujer. Su actuación está tan cargada de fuerza, de contención, de matices, de dobles y triples expresiones en una sola mirada que no dejas de creer ni un instante que alguien pueda ser capaz de ir tan lejos.
Todas las escuelas de interpretación deberían ofrecerla. Porque ella y sólo ella es la que es capaz de convertir un producto estimable en casi una obra maestra. Ella y sólo ella es capaz de convertir un drama en lágrimas, una dura vida en una verdad apabullante.
De esta peli quedarán mil planos. En todos estará ella. Esta peli hará que pase a la historia. Hará que se diga que en El paciente inglés actúa la chica de Hace mucho que te quiero.

miércoles, junio 03, 2009

Cine Forum: BAJARSE AL MORO (Fernando Colomo)



Ayer recorrimos un camino distinto al habitual. Ayer bajamos al moro.
Eso supuso alejarnos de las películas trascendentes y centrarnos en la magia de la comedia aparentemente banal. Pero no lo es.
Siempre se ha dicho que la comedia es la mejor forma para hablar de las cosas serias. No sé cuánto hay de interés en Colomo en hablar de las cosas serias. Sí sé que por el camino no paro de reírme, pero el caso es que surgió un debate tan serio como cuál es el camino hacia la felicidad: si hacer tu propio camino o replicar el enseñado por tus padres.
Francamente yo no lo sé. Y quizá tan poco me importa. Lo que sí sé es que esta película es de las que elijas uno u otro, te acerca a ser mucho más feliz. Lo que sí sé es que hace que te mueras de la risa. Que en el encuentro entre el vodevil, el costumbrismo y la crítica social se alcanzan momentos tan desternillantes como las irrupciones de Chus Lampreave, como las ladillas de Juan Echanove o como el cura haciendo apostolado progre.
El caso es que, como en todo el resto de su trayectoria, Colomo capta la esencia de la vida del momento, le pone su descomunal sentido de la ironía y te ofrece las consecuencias de los actos. Y todo sin necesidad de dar discursos, sin necesidad de posicionarse y decirnos cuál es el camino correcto, sin buscar más que poner la cámara y dar ritmo a vidas tan reales que al estirarse, simplemente producen gracia, nueva felicidad.

OTRAS PELIS RECOMENDABLES DEL AUTOR:
  1. La mano negra
  2. La línea del cielo
  3. Allegre ma non troppo
  4. Los años bárbaros
  5. Cuarteto de La Habana

lunes, junio 01, 2009

PARQUE VÍA (Enrique Rivero)


Dentro de un par de semanas se estrena una película que no es sino una joya. Y una joya que no parte de una gema, sino de una piedra.

La película se llama "Parque Vía", la hizo en México un madrileño y se estrena en quince días. Pero tengan por seguro que pasará sin silencio por nuestras carteleras. Pasará y quedará. Porque es una peli especial, porque es una peli de las que no se olvidan.

Hace ya tiempo que la vi. Y no se va de mi conciencia. Te penetra y se queda. Su protagonista tiene tanta fuerza que entra como un taladro en tu cerebro y se queda para siempre. Hacía muchos años que no sentía tanta emoción por un personaje, tanta empatía por una persona fílmica. La creación de Enrique Rivero está tan llena de vida que, minuto a minuto, sientes la vida pasar y ésta te apasiona. Retrata la rutina de una forma tan veraz como cinematográfica, y siendo fiel a la vida misma, logra convertir el tedio en pasión, y la pasión en acción.

Sus recursos no parecen los de un novato. No busca epatar en ningún momento. No busca contar todo lo que es él y todo lo que piensa. Todo lo contrario. Se resiste a contar más que lo que la historia da. Y la historia no da para mucho. La historia sólo da para contar la vida. Y la vida lo es todo.

Por eso "Parque Vía" entra dentro de las conciencias y dentro de los corazones. Lo hace a ritmo lento, al ritmo de la vida. Lo hace a ritmo constante, al ritmo de la vida. A fuerza de ritmo vital, al final no queda dentro de uno sino la vida.

Su película no imita a la vida ni imita a la ficción, la ficción es vida, y la vida es ficción. Por eso te lo crees todo, por eso amas a su personaje como amas a tu novia o a tus amigos. Lo quieres por sus defectos, lo quieres porque es como es. Por eso quieres que salga de ésta, por eso quieres que siga encerrado en "Parque Vía".

FICCIÓN (Cesc Gay): 9


Hace ya un año largo que se estrenó esta película. Su paso por las carteleras fue tan silencioso como su protagonista. A ello le encadenó su idioma original, el catalán. Su paso por los festivales fue tan silencioso como el paraje donde se desarrolla. A ello le encadenó la ceguera de los críticos.
Ávidos de películas pedantes y pretenciosas, la pequeñez y precisión de la película de Gay generó un inusitado ostracismo. Creo que fue injusto. El tiempo me dará la razón. Y si no me la da, seguiré pensando lo mismo.
Y es que ayer pude volver a verla por segunda vez. Lejos del posible impacto de los focos, de la sorpresa ante el que no espera nada, la propuesta del creador de las notables Krampack y En la ciudad se convierte en sobresaliente. No hay razón para no dejarse llevar por su silencio, por sus pausas, por sus atmósferas, por sus miradas, por su condición de metacine, por su descomunal romanticismo.
Algo hay en ella que me pega en cada uno de los planos, en cada una de las insatisfacciones de los recién cuarentones, en cada una de las no decisiones que toman. Algo hay en ella que me ata a sus emociones y me hace vivir las mías. Algo hay en ella que me genera tanta admiración intelectual como olvido de su condición de obra para convertirse en vida. En una vida que imita a la ficción. Como la ficción imita a la vida.