lunes, julio 19, 2010

MADRES E HIJAS (Rodrigo García): 7,5



Siempre he creído que el hijo de García Márquez es mucho mejor que su padre. Mucho más sensible, mucho menos cursi, mucho más depurado, mucho menos exhibicionista.
Lo ha demostrado en los 3 largos que ha estrenado en España. Si Cosas que diría con sólo mirarla y 9 vidas, transmitían su amor e intento de comprensión de las mujeres a través de cortometrajes tan potentes y aislados como vertebrados, Madres e hijas es su primer salto a la narración convencional.
Y es salto, pero menos. Porque los mismos personajes que poblaban sus cortos aparecen en el drama. La misma idea central que se bifurcaba en varias sigue apareciendo aquí. La diferencia es que aquí sí hay unidad de historia, sí hay un hilo común argumental que une a las diferentes historias. Ese hilo es la sangre y es el tiempo, ese hilo es la relación materno-filial que nace de los genes o de la compañía.
Así, el conflicto adopción-legado-educación explota en 3 madres que no lo son, se desarrolla en sus diferentes vertientes, alcanza un grado de profundidad que nos lleva más a vivir sus vidas que a plantearnos preguntas. Más a sentir sus emociones que a replantearnos nuestra realidad.
Para ello se sirve de retratos femeninos tan acerados como los de sus cortos, de vidas tan apasionantes como la de Naomi Watts, uno de esos personajes nacidos para quedarse. Es ella y su relación con un sublime Samuel L. Jackson quienes llevan la película a los terrenos de la perdurabilidad. Su imposible relación es una de las cotas mejores en lo que va de año.
Por eso al bajar de ella para aterrizar en la coherencia de la historia y de los personajes, en la unión de esas 3 madres aparece un desenlace necesario, pero insuficiente para el grandísimo cine que hasta entonces hemos visto.
Un cine en el que el plano-secuencia sólo llega en el último plano. Un cine en el que el montaje y la planificación se dan la mano de una forma tan precisa que cada elipsis genera intriga y metáfora, cada corte es sereno y elegante, cada fin es un comienzo.
Un comienzo libre de emociones, germen de nueva vida. Ya sea por los genes, ya sea por la compañía.